Medioambiente
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Patagonia: el desafío de restaurar los bosques de araucarias
Ciencia, comunidades mapuches, organismos públicos y cientos de voluntarios impulsan en la Patagonia argentina un proyecto que busca recuperar los bosques de araucarias arrasados por los incendios.
“Cuando uno camina por un bosque se siente cobijado, abrazado por la naturaleza. Cuando hay un incendio, todo eso se pierde: quedan solamente postes, cenizas, todo calcinado. La verdad es que es muy, muy triste. Todo es desolación.”
Con esas palabras, Sebastián Homps, director de la Asociación Amigos de la Patagonia, describe a DW el panorama tras los grandes incendios que, entre fines de 2013 y comienzos de 2014, arrasaron más de 3.400 hectáreas de bosques de araucarias en las cuencas de los lagos Ñorquinco y Ruca Choroi, en la provincia argentina de Neuquén.
Hoy, ese paisaje devastado es el escenario de una de las experiencias de restauración ecológica más ambiciosas de la Patagonia.
¿Cómo se restaura un bosque después de un gran incendio?
Con muchas personas, muchos saberes y mucho tiempo.
Esa es la apuesta del Proyecto Pewen, una iniciativa para recuperar los bosques de araucarias afectados por los incendios. El proyecto toma su nombre del pewen —como se denomina a la araucaria en mapuzungun, la lengua del pueblo mapuche—, una especie emblemática de la Patagonia, declarada en peligro de extinción.
Bastante más que plantar árboles
Iniciado en 2021, el Proyecto se apoya en más de dos décadas de investigaciones desarrolladas en el Parque Nacional Lanín sobre el funcionamiento de estos bosques y los efectos del fuego. “No se trata solamente de plantar árboles, sino de desarrollar un modelo de restauración ecológica basado en el trabajo conjunto entre científicos, comunidades mapuches de la zona, organismos públicos y organizaciones civiles”, explica a este medio desde la Patagonia argentina Javier Sanguinetti, ecólogo del Parque y coordinador de la iniciativa.

Los bosques de araucarias de Neuquén son el escenario de una de las iniciativas de restauración ecológica más ambiciosas de la Patagonia.
La recuperación del bosque comienza mucho antes de la plantación. “Una vez que ocurre un incendio forestal, no es conveniente intervenir inmediatamente. Es necesario esperar a que se restablezcan ciertos procesos ecosistémicos antes de iniciar una restauración”, indica a DW desde San Martín de los Andes Natalia Furlan, bióloga del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) e integrante del proyecto. Antes de decidir dónde y cómo intervenir, los especialistas evalúan el estado del área afectada y, una vez iniciadas las tareas, monitorean la supervivencia de las plantas y la evolución del ecosistema.
La restauración combina distintas estrategias. Una de ellas es la plantación de ejemplares jóvenes de araucaria. Otra, la siembra directa de piñones —las semillas de la araucaria—, una práctica que las comunidades mapuches realizan desde hace generaciones. Al recolectarlos para la alimentación, parte de esas semillas vuelve naturalmente a la tierra, favoreciendo la regeneración del bosque. Ese conocimiento ancestral hoy forma parte de las tareas de restauración.
Para proteger las áreas restauradas, se instalan cerramientos que impiden el ingreso del ganado y aumentan las posibilidades de supervivencia de los plantines durante sus primeros años de crecimiento.
Pero además, se trata de prevenir. El proyecto dio luz a seis Equipos Protectores del Pewen, integrados por habitantes de las comunidades capacitados en prevención de incendios, restauración y control de especies invasoras, que trabajan junto a guardaparques y técnicos. Sanguinetti destaca que uno de los rasgos distintivos del Proyecto Pewén es que la restauración del bosque no se hace para las comunidades mapuches, sino con ellas.

Un voluntario planta un ejemplar de araucaria en una zona afectada por los incendios, en el marco del Proyecto Pewen, en la provincia argentina de Neuquén.
También se impulsó una red de viveros comunitarios donde se producen los nuevos plantines de especies nativas. Como explica la bióloga Natalia Furlan, allí también se recolectan y conservan semillas y se perfeccionan las técnicas de germinación y cultivo para aumentar las posibilidades de supervivencia de las plantas una vez trasladadas al bosque.
Sembrar hoy, pensar en décadas
Todo ese trabajo desemboca finalmente en el bosque. Cada temporada, cientos de personas participan en las jornadas de plantación organizadas por la Asociación Amigos de la Patagonia para devolverles vida a los sectores afectados por el fuego. “Es un espectáculo ver tanta comunidad convocada y participando activamente”, destaca Homps.
“Las personas que participan no vuelven a ser las mismas. Ya tienen el corazón conectado directamente con el bosque”, agrega.
“El balance es ampliamente positivo”, asegura Sanguinetti. “En cinco años, el Proyecto Pewen logró consolidarse como una experiencia inédita de restauración ecológica. Fueron plantadas casi 55.000 araucarias y otras especies nativas, se restauraron activamente 56 hectáreas de bosque y se consolidó una red de viveros comunitarios con capacidad para producir unas 20.000 plantas por año”.
Para el ecólogo, sin embargo, el mayor logro va incluso más allá. “Lo que comenzó como una respuesta de emergencia frente a los incendios terminó convirtiéndose en una estrategia de conservación a largo plazo, basada en la participación social y la integración de conocimientos científicos y tradicionales”, afirma.
Advierte, no obstante, que la recuperación de un bosque de araucarias no se mide en años, sino en décadas. Aunque hoy existen miles de plantas establecidas, el camino hacia un bosque plenamente recuperado todavía es largo.