Animales
Sri Lanka: lo que supone la muerte de un emblemático elefante
La muerte del elefante más grande de Sri Lanka ha puesto de relieve el conflicto entre humanos y elefantes en las comunidades rurales. El país registra un elevado número de encuentros mortales para ambas partes cada año.
La reciente muerte de un emblemático elefante macho en Sri Lanka ha reavivado la preocupación por el contacto cada vez más frecuente entre los seres humanos y estos gigantes animales, cuyos hábitats se han reducido drásticamente.
El elefante conocido como “Kavantissa” era considerado el macho vivo más alto de Sri Lanka. Se estimaba que tenía unos 45 años y una altura aproximada de 3,3 metros. Vivía en el noroeste del país, cerca de la localidad de Galgamuwa, y era ampliamente admirado por su imponente porte.
A finales de septiembre, los habitantes de la zona notaron que el paquidermo, de 5,5 toneladas, cojeaba. Una inspección más detallada reveló una herida de bala en su pata derecha. Pese a la intervención de veterinarios especializados, el animal murió el 16 de octubre.
Sri Lanka registra cada año el mayor número de muertes de elefantes y la segunda cifra más alta de muertes humanas en el mundo derivadas de enfrentamientos violentos con elefantes. Estos incidentes suelen producirse cuando los animales que buscan alimento invaden tierras agrícolas.
Según estadísticas oficiales, desde 2019 se registran anualmente, en promedio, 370 elefantes muertos y 125 fallecimientos humanos relacionados con conflictos entre personas y elefantes.
Esta situación afecta tanto a los hábitats naturales de los elefantes como a los medios de subsistencia de las comunidades rurales.
Un hábitat cada vez más reducido
Durante las últimas décadas, la cubierta forestal de Sri Lanka se ha reducido a medida que crecía la población.
La agricultura continúa siendo la principal fuente de ingresos de estas comunidades rurales. Como consecuencia, grandes extensiones de tierra han sido despejadas para actividades agrícolas.
Según datos del Departamento de Conservación de la Vida Silvestre (DWC), en 2024 se contabilizaron aproximadamente 7.451 elefantes salvajes en Sri Lanka. Cerca del 70 % de ellos vive fuera de las áreas protegidas.
Las investigaciones muestran que un elefante necesita consumir diariamente unos 150 kilogramos de vegetación, una demanda alimentaria enorme que los empuja a adentrarse en los campos de cultivo.

Algunas aldeas utilizan cercas eléctricas para mantener a los elefantes alejados de los cultivos y de las personas.
“Impulsado principalmente por la pérdida de hábitat, la expansión agrícola, la fragmentación de los corredores de elefantes y la creciente competencia por la tierra y los recursos, el conflicto entre humanos y elefantes sigue causando cientos de muertes de elefantes y más de 100 víctimas humanas cada año”, explica Ravi Corea, presidente de la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre de Sri Lanka, una organización conservacionista sin fines de lucro.
El conservacionista señala a DW que las comunidades rurales se ven gravemente afectadas y que las pérdidas agrícolas provocadas por los el
Choques entre elefantes y humanos
“A pesar de los esfuerzos del Gobierno para mitigar el conflicto entre humanos y elefantes, las cifras siguen aumentando, lo que demuestra la persistente gravedad de la crisis”, añade Corea.
Según los expertos, los elefantes son abatidos con armas de fuego, o con explosivos improvisados ocultos en alimentos, o son envenenados. También se producen muertes por colisiones con trenes.
Ante la escalada de estos conflictos, el Gobierno de Sri Lanka elaboró en 2020 un plan de acción nacional para abordar el problema.
“El Plan de Acción de 2020 proporciona una base valiosa para reducir el conflicto entre humanos y elefantes, pero sus recomendaciones deben reforzarse mediante una estrategia nacional integral de conservación cuyo eje central sea una protección efectiva del hábitat”, plantea Corea.
Iniciativas comunitarias para proteger a personas y elefantes
Mientras tanto, los programas comunitarios impulsados por oenegés han demostrado ser eficaces y sostenibles.
“Nuestra iniciativa estrella, ‘Project Orange Elephant’, en la región de Wasgamuwa, promueve el cultivo de cítricos, que los elefantes no suelen comer, como medida de disuasión alimentaria. Esto reduce las incursiones en los cultivos y al mismo tiempo genera ingresos alternativos para los agricultores”, explica Corea.

A los elefantes no les gusta el sabor de los cítricos.
Otro problema son los enfrentamientos en los corredores de elefantes, que en algunos casos han desalentado a los niños a acudir caminando a la escuela.
Para hacer frente a esta situación, el servicio de autobuses “EleFriendly”, en Wasgamuwa, ofrece transporte seguro a los escolares que deben atravesar corredores de elefantes. Según sus responsables, ha reducido en más de un 90 % los encuentros peligrosos entre personas y elefantes a lo largo de su ruta original.
La necesidad de soluciones integrales
“Una solución éticamente justa debe proteger simultáneamente las vidas humanas, los medios de subsistencia y las poblaciones de elefantes”, afirma Kamal Shashendra, investigador especializado en ética ambiental radicado en Sri Lanka.
En declaraciones a DW, Shashendra sostiene que ello requiere una planificación territorial basada en criterios científicos, la protección de los corredores de elefantes, sistemas de cercado comunitario adecuados, mecanismos eficaces de alerta temprana y compensaciones justas para las familias afectadas.