Opinión
Declive de la natalidad: Un desafío para el futuro financiamiento de la educación superior
Hace poco supimos de los datos de fecundidad en Chile. Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), esta cayó a solo 1,3 hijos por mujer, una cifra muy baja si consideramos que los expertos en demografía apuntan a que para mantener una sana relación de personas en el país, este número debería ser de 2,1. Esto obviamente tiene impactos en pensiones, crecimiento, impuestos y endeudamiento posible, pero quería concentrarme en el impacto que puede tener en la educación superior.
Si analizamos la situación española, por ejemplo, que lleva años con tasas de natalidad en torno a la actual chilena, vemos que el corte etario de entre 20 y 24 años es casi la mitad que las personas entre 45 y 49, todo esto con datos a 2023. Y es que en 1990, España alcanzó tasas de fecundidad similares a las que estamos teniendo hoy en nuestro país, es decir va 35 años adelantados.
Y, ¿por qué esto debería importarnos? Nuestra capacidad de generar educación ha crecido de manera espectacular en los últimos 30 años, permitiendo que muchas personas sean la primera generación con educación terciaria. El desafío hacia adelante debería ser mantener la calidad y potenciar la investigación continua y libre de cada universidad; y con un 30% menos de alumnos, muchos proyectos educativos podrían verse en aprietos económicos.
En Estados Unidos, este desafío es “resuelto” vía ahorros por parte de las universidades, las que hoy cuentan con uno de los programas de inversión más profesionales del mundo, compitiendo con los fondos soberanos más sofisticados. Estos son los llamados Endowments, que cobran cada vez más relevancia cuando de cara al futuro tenemos que asegurar la educación de calidad y la perpetuidad del proyecto educativo, acompañado de investigación que nos permita crecer como país.
Un Endowment no es otra cosa que un patrimonio que se separa de la caja de corto plazo y se invierte en el mercado financiero para generar rentabilidad. Esta es finalmente la que viene a apoyar los gastos operacionales de cada universidad. Por ejemplo, en Stanford, el 20% de los gastos operativos se financian utilizando la rentabilidad del Endowment, lo cual es un sueño, ya que le da estabilidad e independencia.
Ajustando rentabilidades a la realidad local y considerando la UF, el cálculo da que ahorrando un 2,5% hoy, por los próximos 35 años, es posible acumular un patrimonio suficiente que financia el 10% de la operación de una universidad a perpetuidad. Sé que es un horizonte largo, pero el interés compuesto hace el trabajo. En 30 años, veremos los resultados y si los alumnos prefieren, también la estabilidad del proyecto educativo al elegir qué estudiar.
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- El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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