Educación
Créditos: El Mostrador.
Radiografía del estudiante 2026: más crítico, autónomo y en busca de propósito al aprender
El estudiante de hoy ya no solo memoriza: cuestiona, participa y busca sentido en lo que aprende. Expertos advierten que habilidades como el pensamiento crítico, el bienestar emocional y el uso consciente de la tecnología son claves en la nueva educación.
En un escenario donde el acceso al conocimiento es inmediato y gratuito, el foco de la educación comienza a desplazarse desde la memorización de contenidos hacia experiencias de aprendizaje más significativas. La pregunta ya no es solo qué aprender, sino para qué aprenderlo.
Especialistas en educación advierten que este cambio ha dado paso a un nuevo perfil estudiantil: alumnos más autónomos, participativos y conscientes de su proceso formativo. “Hoy los alumnos cuestionan, investigan y buscan involucrarse en su propio proceso formativo. Ya no solo reciben información; son curiosos, cuestionadores y quieren participar activamente en su aprendizaje”, explica Paula López, rectora del colegio Manquecura Ciudad de Los Valles.
Este nuevo escenario también ha redefinido la forma de medir el desempeño académico. Más allá de las notas, las comunidades educativas ponen cada vez más atención en el desarrollo de habilidades como el pensamiento crítico, la creatividad, la colaboración y la inteligencia emocional, conocidas como power skills.
En esa línea, distintos establecimientos han fortalecido metodologías orientadas al liderazgo, el emprendimiento y las habilidades para la vida. Durante este año, además, varios programas comenzaron a incorporar con mayor fuerza el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP), una metodología que busca conectar el aprendizaje con desafíos reales y experiencias prácticas.
“A través de este tipo de enfoques, los estudiantes desarrollan habilidades fundamentales como el pensamiento crítico y la gestión de recursos. Hoy vemos alumnos que buscan comprender el sentido y la relevancia de lo que aprenden. Desde nuestra perspectiva, las actividades educativas que más valoran son aquellas en las que pueden participar activamente, sentirse protagonistas de su aprendizaje y reconocer el impacto real de sus acciones”, comenta María Soledad Casal, directora de Formación de Cognita.
Sin embargo, el avance de la digitalización también ha traído nuevos desafíos. Aunque la tecnología, y especialmente la inteligencia artificial, ha permitido personalizar el aprendizaje como nunca antes, expertos advierten que también ha intensificado problemas como la sobreestimulación, la dispersión y las dificultades para mantener la atención.
En este contexto, medidas como la regulación del uso de celulares en los colegios comienzan a entenderse menos como restricciones y más como herramientas para resguardar la concentración, fortalecer la convivencia y favorecer espacios de aprendizaje profundo.
El objetivo, plantean especialistas, es formar ciudadanos digitales capaces de relacionarse con la tecnología de manera consciente y equilibrada, aprovechando sus beneficios sin perder espacios de desconexión y vínculo humano.
En paralelo, la salud mental se consolida como uno de los pilares centrales del sistema educativo. “El aprendizaje no ocurre si no hay bienestar. Hoy es fundamental poner al estudiante en el centro, considerándolo integralmente, es decir, no solo desde lo académico, sino también desde lo emocional y social”, explica Casal.
Así, el gran desafío de la educación actual apunta a formar estudiantes integrales, resilientes y preparados para desenvolverse en un entorno en permanente transformación, donde el aprendizaje trasciende los contenidos y el docente asume cada vez más un rol de guía y acompañamiento.