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Financiar excelencia académica es invertir en el futuro del país Opinión Créditos: El Mostrador.

Financiar excelencia académica es invertir en el futuro del país

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Álex Paz
Por : Álex Paz Vicerrector de Administración y Finanzas, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.
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La discusión del Presupuesto 2027 debiera incorporar una dimensión fundamental para el futuro de Chile: el valor de las capacidades académicas construidas durante décadas y que hoy tienen una expresión especialmente significativa en las universidades de la Red G9. Desde esta perspectiva, hemos planteado ante la cuarta subcomisión de Presupuesto nuestra preocupación por la reducción de los fondos basales contemplada para 2027, dado que estos recursos permiten sostener una labor universitaria cuyo impacto trasciende a cada institución y contribuye al desarrollo del país.

Las universidades del G9 se encuentran entre las instituciones de educación superior con mayores capacidades académicas de Chile. En ellas se desarrolla una parte relevante de la investigación nacional, la formación de capital humano avanzado y la generación de innovación para abordar desafíos científicos, tecnológicos, sociales y productivos. Este aporte es fruto de una trayectoria construida durante décadas.

Detrás de estas capacidades existen comunidades académicas consolidadas, investigadores con reconocidas trayectorias, programas de postgrado, centros de investigación e infraestructura científica y tecnológica que requieren continuidad. Son capacidades que demandan años para construirse y que, una vez debilitadas, no pueden recuperarse rápidamente.

Por ello, los fondos basales cumplen una función esencial. Permiten desarrollar la misión académica con una perspectiva de largo plazo, sosteniendo la investigación, la formación doctoral, la generación de conocimiento, la innovación y la vinculación con los territorios. Sus resultados no pueden medirse únicamente en un año presupuestario, porque sus efectos se proyectan sobre generaciones y contribuyen al desarrollo nacional.

Desde esta perspectiva, la reducción estimada en torno al 15% de estos recursos constituye una situación que debemos analizar con especial atención. Se trata, además, de una disminución inédita en la evolución de este tipo de financiamiento, que históricamente no había experimentado reducciones en términos reales.

Entendemos las restricciones que enfrenta el Estado y compartimos la necesidad de utilizar responsablemente los recursos públicos. Pero la responsabilidad fiscal también exige evaluar qué capacidades resulta estratégico proteger. La eficiencia en el uso de los recursos no puede separarse de la necesidad de preservar aquello que Chile ha construido y que hoy constituye una fortaleza para su desarrollo.

Debilitar el financiamiento basal de universidades con altos niveles de desempeño académico puede limitar su capacidad para desarrollar nuevo conocimiento, y responder a las necesidades de sus regiones y del país.

Chile necesita universidades capaces formar profesionales de excelencia, impulsar innovación y aportar evidencia para enfrentar los desafíos futuros. Las universidades del G9 han demostrado que poseen esas capacidades y que su contribución excede ampliamente sus comunidades universitarias.

Por ello, la discusión presupuestaria no debiera centrarse únicamente en cuánto se reduce una partida, sino también en qué capacidades académicas queremos preservar y qué sistema universitario necesitamos para el futuro.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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