Publicidad
Mejorar la educación requiere priorizar el bienestar docente Opinión Crédito: El Mostrador.

Mejorar la educación requiere priorizar el bienestar docente

Publicidad


Los docentes y los estudiantes, protagonistas del proceso educativo, han sido los grandes ausentes del debate sobre educación y políticas educativas en el presente año en Chile. Incluso, podríamos decir que los profesores y las profesoras han quedado aún más excluidos, si consideramos que la ley llamada “Escuelas Protegidas” incluyó, al menos alguna referencia al rol de los estudiantes, pese a que ésta pueda ser ampliamente controvertida.

Esta realidad se contradice con la situación crítica en que se encuentra la profesión docente en muchos planos, considerando de partida que hay menos interesados en seguirla en relación a lo que el país requiere, que cada vez los profesores permanecen menos tiempo en el sistema, que deben enfrentar un constante hostigamiento y cuestionamiento social, asociado a una baja valoración social de su contribución o estatus y que las condiciones en que se desempeñan muchas veces son precarias o riesgosas.

Este año se publicó un estudio liderado por la Fundación SM sobre bienestar docente en el que tuve oportunidad de contribuir, cuyos resultados explican la necesidad de poner esta temática como una de las primeras prioridades, si es que realmente queremos mejorar lo que ocurre al interior del sistema educativo. Esta es la primera de dos columnas que abordarán los resultados del estudio; en ella nos concentraremos en sus resultados, mientras que en la siguiente se abordarán recomendaciones.

El enfoque que utilizó este estudio es relevante para el análisis del bienestar docente. Específicamente, recurrió a un diseño que, a través de 21 entrevistas semiestructuradas y 12 grupos de discusión con docentes de educación parvularia, básica y media de diferente tipo de establecimientos de las regiones de Valparaíso, Metropolitana y Biobío, buscó comprender cómo el profesorado experimenta el bienestar y qué factores lo favorecen o lo deterioran.

En particular, esta investigación consideró cuatro dimensiones para escudriñar sobre este bienestar percibido por los profesores: el físico (percepción sobre condiciones corporales, materiales y de salud que permiten ejercer la docencia), el emocional (reflexión sobre la capacidad de experimentar y gestionar las emociones asociadas al trabajo), el psicológico (perspectiva sobre posibilidades de ejercer la docencia con autonomía, sentido, confianza y percepción de desarrollo profesional) y el social (análisis sobre la calidad de los vínculos, el apoyo, la colaboración y el sentido de pertenencia dentro de la comunidad educativa).

La principal conclusión del estudio es que el bienestar es el resultado de un proceso complejo, en el que tienen lugar las condiciones laborales, la organización del trabajo, los vínculos con los diferentes miembros de la comunidad educativa y la percepción existente sobre las posibilidades de ejercer la profesión con autonomía, reconocimiento y sentido. Este hallazgo es relevante, puesto que, en
oportunidades, creemos que las personas somos las principales responsables de “gestionar” nuestro propio bienestar. Ciertamente, que desarrollar capacidades para enfrentar las vicisitudes del trabajo puede ser una herramienta muy importante para las personas, sin embargo, como sujetos, no tenemos dominio completo de los múltiples factores que afectan nuestro bienestar. Una parte importante de ellas tiene que ver con las condiciones y el contexto en las que se desarrollan nuestras labores, lo que significa que necesitamos de una mirada sistémica para poder propiciar una mejora del bienestar. En otras palabras, los docentes no son los únicos responsables de lograr este objetivo.

Cada una de las dimensiones consideradas en el estudio pueden ser vistas, a su vez, como favorecedoras o dificultadoras del bienestar, aunque, ciertamente, en la mayor cantidad de discursos que analizamos estaba más presente lo segundo. El aspecto mayormente mencionado como frágil fue la dimensión emocional, debido a una percepción generalizada de acumulación de demandas afectivas, la
exposición a conflictos y situaciones críticas, y la escasez de mecanismos institucionales sostenidos de contención.

Por su parte, otro fenómeno que concitó alto consenso fue el de la sobrecarga laboral, percepción que se conforma a través de la identificación de múltiples tareas para las que son requeridos los docentes, por ejemplo, trabajo administrativo, registros, informes, reuniones o exigencias de rendición de cuentas. Sin embargo, la percepción de sobrecarga hay que entenderla al comprender también la relación entre estas tareas y la disponibilidad de condiciones y recursos para poder cumplirlas, por ejemplo, tiempos, infraestructura o formación. Frente a este escenario, iniciativas como jornadas de autocuidado o espacios de reflexión no son suficientemente efectivas. Únicamente pueden aportar al bienestar en un rango más limitado, mientras no se disponga de manera institucional y sostenible de los soportes que requiere la labor docente.

Otro hallazgo relevante es la centralidad que tienen los vínculos en la percepción del bienestar, sobre todo la relación entre docentes y estudiantes. Una de los factores más poderosos para dar cuenta de la satisfacción con la profesión docente es, justamente, que la naturaleza de este vínculo da un sentido fundamental a su trabajo. Los profesores sienten, entonces, que su labor se sostiene en la medida que pueden contribuir a la formación de sus alumnos y alumnas. Sin embargo, cuando esta relación se deteriora o se ve afectada por fenómenos como la violencia, se vuelve una variable que afecta la esencia misma de la profesión y, con ello, en el bienestar.

Finalmente, puede destacarse que el bienestar parece distribuirse de manera desigual al interior del sistema educativo, justamente, dependiendo de la disponibilidad de condiciones para el ejercicio profesional, por ejemplo, recursos o apoyos institucionales, protección o carga burocrática. Así, entonces, así como el bienestar de un docente no es únicamente resultado de lo que este docente puede hacer por él mismo, las escuelas también tienen oportunidades desiguales para contribuir al bienestar de sus docentes.

Los hallazgos presentados sobre este estudio nos entregan importantes aprendizajes, de los que en esta oportunidad quisiéramos destacar dos. En primer lugar, existe una relación muy cercana entre el bienestar percibido de los profesores y su motivación con seguir ejerciendo la profesión, lo que es un claro llamado a la acción: necesitamos darle mayor prioridad a esta situación, pensando
en los propios profesores y en sus estudiantes.

En segundo lugar, encontramos otra evidencia más de los efectos de las inequidades en el sistema educativo chileno. Cuando ha habido un aumento de voces en el mundo que indican que hay márgenes tolerables de desigualdad, este estudio reafirma la conclusión de que no es justo que haya docentes que tengan menos oportunidades de contar con las condiciones de bienestar en su trabajo.

Publicidad