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Carreras de galgos bajo la lupa: el debate mundial entre tradición, bienestar y prohibición Animales

Carreras de galgos bajo la lupa: el debate mundial entre tradición, bienestar y prohibición

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Los galgos fueron seleccionados durante generaciones para el sprint, pero correr rápido no significa necesariamente querer competir. Mientras Chile avanza hacia la prohibición de las carreras de perros, varios países ya las eliminaron y otros optaron por regularlas.


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Que los galgos están hechos para correr parece evidente con solo mirarlos. Patas largas, cuerpo delgado y una silueta aerodinámica los han convertido en uno de los perros más asociados a la velocidad. Pero esa explicación es bastante incompleta si se considera que, a partir de su anatomía, disfruten participar en carreras organizadas por seres humanos.

La diferencia es relevante en momentos en que las carreras de galgos vuelven al debate en Chile. Este martes 18 de agosto, la Cámara de Diputadas y Diputados aprobó en general, por 80 votos a favor, 41 en contra y siete abstenciones, el proyecto que busca prohibir y sancionar las carreras de perros en el país. En la misma sesión fue rechazada una iniciativa alternativa que proponía regularlas. Como el proyecto de prohibición recibió indicaciones, ahora debe regresar a la Comisión de Medio Ambiente antes de continuar su tramitación. Por lo tanto, las carreras todavía no están prohibidas en Chile.

¿Los galgos corren más rápido que otros perros?

La explicación comienza mucho antes de las carreras modernas. Los galgos pertenecen al grupo de los lebreles o sighthounds, perros seleccionados históricamente para localizar y perseguir presas principalmente mediante la vista. Durante generaciones, la crianza humana fue privilegiando los ejemplares capaces de alcanzar grandes velocidades.

Las patas largas ayudan, porque permiten cubrir más distancia en cada zancada, pero son solo una pieza de una maquinaria mucho más compleja. Estudios anatómicos describen al galgo de carreras como un atleta especializado en el sprint: la arquitectura de los músculos y tendones de sus extremidades está adaptada para producir grandes fuerzas durante la aceleración.

También interviene su columna vertebral. Durante la carrera a alta velocidad, el dorso del galgo experimenta grandes movimientos de flexión y extensión que complementan el trabajo de las patas y aumentan la longitud efectiva de cada zancada. Sus músculos de la espalda y de las extremidades posteriores cumplen así un papel importante en la aceleración.

A ello se suma un cuerpo relativamente liviano y estrecho, musculatura desarrollada y características cardiovasculares y sanguíneas particulares que han sido ampliamente estudiadas en los galgos de competición. Es, en definitiva, el resultado de una selección especializada y no simplemente de tener “piernas largas”.

¿Pero a los galgos les gusta correr realmente?

Hay investigaciones que muestran que la persecución de un señuelo puede constituir en algunos galgos una conducta internamente motivada y reforzante. Por eso las carreras aprovechan ese instinto con un objeto en movimiento que activa la conducta de persecución para la que estos perros fueron seleccionados.

Pero eso no equivale a demostrar que todos los galgos quieran competir, ni que disfruten de las condiciones que rodean una carrera. De hecho, estudios sobre comportamiento de galgos de competición señalan que existen perros que no persiguen de manera suficientemente consistente el señuelo y cuyas carreras deportivas terminan por esa razón. También se han estudiado respuestas de excitación y estrés asociadas al ambiente de los canódromos.

En otras palabras, hay que distinguir entre tres cosas: la capacidad física para correr, la motivación de un perro para perseguir un objeto y el bienestar del animal dentro de una industria de competición. Que un galgo sea extraordinariamente rápido no responde por sí solo la tercera pregunta.

De tradición internacional a actividad cuestionada

Las carreras de galgos no son una costumbre universal, pero durante el siglo XX se transformaron en una práctica internacional, especialmente en Estados Unidos, Reino Unido, Irlanda y Australia. Su formato moderno quedó estrechamente relacionado con las pistas ovaladas, el señuelo mecánico y, en muchos lugares, las apuestas.

Durante décadas fueron una forma masiva de entretención. Sin embargo, en los últimos años la actividad ha retrocedido en distintas partes del mundo mientras aumenta la discusión sobre lesiones, muertes durante las competencias, métodos de entrenamiento, reproducción, condiciones de alojamiento y destino de los perros una vez terminada su vida deportiva.

La discusión internacional se ha dividido, en términos generales, entre dos caminos: regular las carreras con estándares veterinarios y de bienestar más exigentes o considerar que los riesgos son inherentes a la actividad y prohibirla.

Chile: la Cámara se inclina por prohibir y no por regular

Ese fue precisamente el dilema que enfrentó esta semana el Congreso chileno. La iniciativa aprobada en general corresponde al boletín 15.387-12 y busca modificar la Ley 21.020 sobre Tenencia Responsable de Mascotas y Animales de Compañía para prohibir las carreras de perros, cualquiera sea su raza. Paralelamente se votó una propuesta que pretendía permitirlas bajo regulación, pero esta última fue rechazada por 68 votos contra 50 y diez abstenciones.

La votación, por tanto, no significa todavía que las carreras sean ilegales. El proyecto de prohibición vuelve a la Comisión de Medio Ambiente para revisar las indicaciones y deberá completar su tramitación legislativa.

El debate se inserta además en una transformación más amplia de la relación jurídica con los animales. La Ley 20.380 sobre Protección de Animales ya dispone en Chile que deben ser protegidos y respetados “como seres vivos y parte de la naturaleza” y, al referirse a la educación, habla de ellos como “seres vivientes y sensibles”. La Ley 21.020, por su parte, establece entre sus objetivos proteger la salud y el bienestar animal mediante la tenencia responsable.

Al mismo tiempo, existen iniciativas legislativas que buscan avanzar explícitamente hacia el reconocimiento jurídico de los animales como seres sintientes, una categoría que ya forma parte de otros ordenamientos jurídicos.

Argentina y Uruguay: prohibición total

Chile no sería el primer país de Sudamérica en seguir ese camino.

Argentina prohibió en 2016 las carreras de perros de cualquier raza en todo el territorio nacional mediante la Ley 27.330. La legislación establece además penas de prisión de tres meses a cuatro años y multas para quien organice, promueva, facilite o realice estas competencias.

Uruguay tomó una decisión similar en 2018. El Decreto 431/018 prohibió las carreras de perros de cualquier raza en todo el país y facultó a la autoridad de bienestar animal para confiscar a los perros utilizados en ellas. Entre los fundamentos de la norma, el gobierno uruguayo mencionó el maltrato, el abandono y el sufrimiento asociados a la actividad.

Nueva Zelanda acaba de poner fin a las carreras

Uno de los casos internacionales más recientes es Nueva Zelanda. Después de años de discusión y varias revisiones independientes de la industria, el Parlamento aprobó en 2026 la legislación para cerrar las carreras comerciales de galgos. La prohibición comenzó a operar el 1 de agosto de 2026, por lo que el país acaba de completar su salida de esta actividad.

El proceso contempló un período de transición destinado, entre otras cosas, a buscar nuevos hogares para los galgos que quedaban dentro de la industria. Las autoridades justificaron la decisión principalmente en razones de bienestar animal y en la persistencia de lesiones pese a las reformas implementadas previamente.

Reino Unido: distintas decisiones dentro del mismo país

El Reino Unido permite observar cómo el mismo debate puede terminar en respuestas distintas.

Wales aprobó en 2026 la Prohibition of Greyhound Racing (Wales) Act, que prohíbe las carreras de galgos.

Escocia también aprobó en 2026 una ley que convierte en delito realizar carreras de galgos en pistas. Durante su tramitación, una de las principales razones expuestas fue que el diseño de las pistas ovaladas supone riesgos de lesiones que no podrían eliminarse completamente mediante regulación.

Inglaterra, en cambio, mantiene las carreras legales. Allí existen normas específicas que establecen estándares mínimos de bienestar en las pistas, contenidas, entre otras disposiciones, en las Welfare of Racing Greyhounds Regulations 2010.

El contraste muestra el núcleo de la discusión: frente a los mismos riesgos, una jurisdicción puede considerar suficiente una regulación estricta y otra concluir que la única forma de eliminarlos es terminar con la actividad.

Irlanda y Australia mantienen las carreras bajo regulación

Irlanda continúa teniendo una industria organizada de carreras de galgos. Greyhound Racing Ireland posee atribuciones regulatorias y aplica normas sobre bienestar, inspecciones, establecimientos, control de medicamentos y dopaje. La industria informó que durante 2025 se realizaron más de 14 mil carreras.

Australia también mantiene carreras en varios estados, aunque el escenario no es uniforme. El Territorio de la Capital Australiana (ACT) las prohibió, mientras Tasmania anunció un proceso para terminar con la actividad hacia 2029. A agosto de 2026, la legislación para formalizar esa eliminación sigue siendo objeto de discusión parlamentaria.

Estados Unidos: de una industria masiva a solo dos pistas

Estados Unidos, uno de los lugares donde las carreras modernas alcanzaron mayor desarrollo, refleja con claridad el declive de la actividad. Florida, durante décadas uno de sus principales centros, incorporó a su Constitución la prohibición de las carreras y apuestas sobre galgos.

En 2026 siguen funcionando únicamente dos pistas con carreras en vivo en el país, ambas en West Virginia: Wheeling Island y Mardi Gras Casino. Sus propios calendarios mantienen competencias regulares durante este año.

Además, existe una discusión federal para poner fin a las carreras comerciales. Una prohibición fue incorporada al proyecto de Farm Bill aprobado por la Cámara de Representantes, aunque el texto requería todavía resolución en el Senado y, por lo tanto, no constituye actualmente una prohibición federal vigente.

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