Movilidad
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Autos eléctricos ponen a prueba la infraestructura de edificios y condominios
El crecimiento acelerado de la electromovilidad está obligando a edificios y condominios a revisar su infraestructura eléctrica, establecer nuevas normas de convivencia y anticipar inversiones para responder a una demanda que hace pocos años parecía lejana.
La electromovilidad avanza con fuerza en Chile y comienza a transformar no solo las calles, sino también la vida cotidiana al interior de edificios y condominios. Lo que hasta hace poco era una consulta excepcional —la instalación de un cargador para un vehículo eléctrico en un estacionamiento residencial— hoy se está convirtiendo en una situación cada vez más frecuente para administradores y comunidades.
El fenómeno abre nuevos desafíos relacionados con la infraestructura eléctrica, la seguridad, la gestión de espacios comunes y la convivencia entre residentes, en un contexto donde el parque automotor electrificado continúa creciendo a cifras récord.
La electromovilidad acelera su crecimiento en Chile
El avance de los vehículos de cero y bajas emisiones ha sido uno de los cambios más significativos en la industria automotriz durante los últimos años.
Según datos de la Asociación Nacional Automotriz de Chile (ANAC), solo en abril se comercializaron 6.892 vehículos nuevos de cero y bajas emisiones, lo que representa un crecimiento de 143,4% respecto al mismo mes del año anterior. Estas tecnologías ya concentran el 18,3% del mercado automotor nacional.
En lo que va de 2026, los vehículos electrificados enchufables y no enchufables acumulan 18.802 unidades vendidas, cifra que representa un aumento de 109,6% frente al mismo período de 2025.
Dentro de este crecimiento, los vehículos 100% eléctricos alcanzaron 3.298 unidades inscritas, mientras que abril registró un récord histórico mensual con 1.496 unidades comercializadas.
A ello se suman los híbridos enchufables y eléctricos de rango extendido, que acumulan 2.925 unidades, con un incremento de 394,1%, y los híbridos autorrecargables y mild hybrid, que alcanzan 12.579 unidades comercializadas, con un crecimiento de 87,7%.

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Cuando la infraestructura no fue diseñada para esta nueva realidad
El aumento de vehículos eléctricos está comenzando a poner presión sobre infraestructuras que fueron diseñadas bajo parámetros de consumo energético muy distintos a los actuales.
En numerosos edificios construidos hace años, las redes eléctricas no contemplaban la posibilidad de alimentar simultáneamente múltiples estaciones de carga. Por ello, expertos advierten que asumir que cualquier inmueble puede incorporar cargadores sin una evaluación previa puede generar riesgos asociados a sobrecargas, interrupciones del suministro o instalaciones inseguras.
Este escenario fue abordado recientemente en una nueva edición de Espacio Seguro, iniciativa impulsada por Seguros CCS, donde participaron Claudia Escobar, gerente comercial de Seguros CCS, y Francisco Hurtado, representante de la empresa especializada EmovSe.
Desde la industria recomiendan que cualquier proyecto de carga residencial comience con un diagnóstico técnico que permita determinar la capacidad instalada, el amperaje disponible y las posibilidades de crecimiento futuro.
“La seguridad debe ir antes que la tecnología. Que existan soluciones disponibles en el mercado no significa que cualquier edificio pueda implementarlas sin una evaluación seria”, señaló Claudia Escobar.
Los riesgos no están necesariamente en los vehículos
Uno de los temores más frecuentes asociados a los autos eléctricos tiene relación con eventuales incendios. Sin embargo, especialistas sostienen que el foco debe ponerse principalmente en las condiciones de instalación y carga.
Según explican, los mayores riesgos suelen aparecer cuando se utilizan sistemas improvisados o cuando se conectan cargadores a redes eléctricas que no han sido previamente evaluadas para soportar ese nivel de demanda energética.
“Muchas veces el foco de preocupación está puesto en el vehículo, cuando en realidad el mayor riesgo aparece en instalaciones improvisadas o en sistemas eléctricos que no fueron evaluados previamente”, explicó Francisco Hurtado.
Por esta razón, los expertos insisten en que las instalaciones deben ser ejecutadas únicamente por técnicos certificados y considerando siempre la capacidad real del edificio.
Un desafío que también impacta la convivencia
Más allá de la infraestructura, la expansión de la electromovilidad está obligando a las comunidades residenciales a discutir nuevas reglas y protocolos internos.
Entre las principales preguntas que comienzan a surgir aparecen temas como quién asume los costos de instalación, cómo se distribuye el consumo eléctrico, qué ocurre cuando existen espacios compartidos para carga y quién responde ante eventuales incidentes.
Actualmente existen distintas alternativas tecnológicas que permiten individualizar consumos, realizar cobros mediante plataformas digitales o implementar cargadores compartidos. Sin embargo, todas requieren acuerdos previos y una planificación adecuada entre residentes, administraciones y comités.
Planificar antes de que aparezca la urgencia
Los especialistas coinciden en que Chile todavía se encuentra en una etapa inicial de adopción de la electromovilidad, lo que abre una oportunidad para anticiparse a los desafíos que surgirán durante los próximos años.
El desarrollo de infraestructura de carga en hogares y edificios aparece como uno de los factores clave para acompañar el crecimiento del parque automotor eléctrico y evitar conflictos futuros.
En ese contexto, desde Seguros CCS recomiendan que las comunidades comiencen a abordar desde ahora temas relacionados con protocolos internos, evaluaciones eléctricas preventivas y planes de crecimiento escalables.
La recomendación apunta a evitar decisiones improvisadas cuando la demanda ya sea una realidad cotidiana.
La expansión de los vehículos eléctricos está cambiando la manera en que las ciudades se movilizan, pero también está obligando a repensar la infraestructura residencial. Para expertos y actores de la industria, la clave estará en combinar innovación tecnológica con planificación, seguridad y acuerdos comunitarios que permitan responder a una transformación que avanza cada vez más rápido.