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Informe revela que la primera infancia recibe menos recursos pese a alta vulnerabilidad Niñez Créditos: El Mostrador.

Informe revela que la primera infancia recibe menos recursos pese a alta vulnerabilidad

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El informe del Observatorio Niñez de Fundación Colunga revela que uno de cada cuatro niños y niñas de 0 a 5 años vive bajo la línea de la pobreza y que, pese a representar el 5,9% de la población, este grupo recibe solo el 3,2% del gasto programático del Gobierno Central.


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El Observatorio Niñez de Fundación Colunga presentó este jueves la agenda Primera Infancia: Bienestar, brechas y propuestas para fortalecer la política pública en Chile, un informe que analiza las condiciones en que viven las niñas y niños de 0 a 5 años y los desafíos que enfrentan sus familias y cuidadores.

El estudio fue dado a conocer en la Escuela de Gobierno de la Universidad de Chile, con la participación de la ministra de Salud, May Chomali, y la alcaldesa de Quinta Normal, Karina Delfino. Para su elaboración se analizaron datos del Censo 2024, la Encuesta Casen 2024, registros del sistema público de salud y la Encuesta de Vulnerabilidad Escolar, entre otras fuentes.

“Los primeros años definen buena parte de la trayectoria de una persona, y lo que sostiene ese desarrollo es algo tan cotidiano como la relación entre una niña o un niño y quienes lo cuidan. Hoy quienes crían lo hacen enfrentando enormes dificultades, muchas veces en soledad y sin el apoyo que necesitan. En esa tarea se juega el bienestar de toda una generación y el desarrollo futuro del país. Por eso llamamos a instalar la primera infancia en el centro de la conversación pública”, señaló Arturo Celedón, director ejecutivo de Fundación Colunga.

Menos niños, pero mayores brechas

Entre los principales hallazgos, el informe muestra que la población de 0 a 5 años disminuyó cerca de un 20% entre 2017 y 2024, equivalente a 300 mil niñas y niños menos, una cifra similar a la población de la Región de Atacama.

Sin embargo, la reducción demográfica no ha significado mejores condiciones para este grupo. Actualmente, uno de cada cuatro niños y niñas de primera infancia vive bajo la línea de la pobreza por ingresos, ocho puntos porcentuales por sobre el promedio nacional. Además, cuatro de cada diez crecen en hogares con algún tipo de pobreza y uno de cada diez lo hace en condiciones de pobreza severa.

El estudio también evidencia cambios en la composición de las familias: el 16% de los hogares con niñas y niños pequeños tiene una jefatura nacida fuera de Chile, proporción que se duplicó en los últimos siete años.

La inversión pública no refleja la prioridad de la primera infancia

Durante la presentación, la directora del Observatorio Niñez Colunga, Paloma Del Villar, expuso que, aunque las niñas y niños de 0 a 5 años representan el 5,9% de la población, reciben solo el 3,2% del gasto programático del Gobierno Central.

En materia educativa, mientras el presupuesto del sector aumentó un 29,9% entre 2021 y 2026, el destinado a educación parvularia cayó un 5,7%. A su vez, dentro del Sistema de Protección a la Infancia crecieron los recursos para las Oficinas Locales de la Niñez, pero disminuyeron los programas de acompañamiento al desarrollo temprano.

“En las últimas tres décadas Chile construyó una institucionalidad ejemplar para la primera infancia que pocos países de la región tienen. Sin embargo, lo que muestran estos datos es que esa red no llega con la misma fuerza a todas las familias, y que la etapa en que cada peso rinde más –cuando niñas y niños tienen entre 0 y 5 años– es también donde la inversión ha retrocedido. Lo que propone y enfatiza esta agenda no es que el país gaste más, sino que gaste mejor: poner los recursos donde la evidencia indica que dejan una huella para toda la vida, y hacerlo antes de que las brechas se acumulen”, enfatizó la directora del Observatorio Niñez Colunga.

Salud, educación y cuidados: una respuesta desigual

El informe sostiene que los sistemas de salud, educación parvularia y cuidados logran detectar tempranamente las necesidades de la infancia, pero responden de manera desigual.

En salud, la sintomatología depresiva materna alcanza el 20% a los seis meses posparto, mientras las derivaciones a atención en salud mental disminuyen. Asimismo, la prematurez pasó del 8% al 13% entre 2017 y 2024 y las cesáreas representan el 46% de los partos en el sistema público. De las más de 530 mil acciones contempladas en los planes de intervención para atender riesgos detectados, seis de cada diez seguían sin gestionarse a julio de 2026.

En educación parvularia, la cobertura alcanza cerca del 93% en prekínder y kínder, pero durante los primeros mil días de vida siete de cada diez niñas y niños no asisten a ningún establecimiento. Pese a la disminución de la población infantil, la lista de espera por un cupo en la JUNJI aumentó un 33% entre 2017 y 2024, cifra que llega al 60% en la Región Metropolitana.

El estudio también aborda la realidad de los cuidados. Las mujeres destinan en promedio 28 horas semanales al cuidado de niñas y niños pequeños, frente a las 12 horas de los hombres. En el 75% de los hogares la madre es la principal cuidadora y en el 27% ese rol recae en la abuela. Además, cerca de 7.500 menores de seis años permanecen solos en sus casas al menos una vez por semana.

Llamado a fortalecer las políticas públicas

Para la alcaldesa de Quinta Normal, Karina Delfino, las cifras reflejan la urgencia de reforzar el trabajo coordinado entre las instituciones.

“Esta Agenda de Primera Infancia nos entrega datos muy crudos y dolorosos sobre la realidad que viven miles de niños y niñas en condiciones de pobreza multidimensional en nuestro país. Desigualdades como la falta de una cama propia, la inseguridad alimentaria, los problemas de malnutrición o las brechas en el aprendizaje de lectura nos tienen que movilizar con urgencia para cambiar esta realidad. Necesitamos acciones coordinadas y urgentes entre los distintos actores públicos, los municipios y la sociedad civil, el foco prioritario de toda nuestra política pública debe ser, de una vez por todas, sacar a los niños y niñas de la pobreza”.

El informe plantea que la caída de la fecundidad —que por primera vez se ubica por debajo de un hijo por mujer— representa una oportunidad para aumentar la inversión por cada niño y niña. Según la evidencia internacional citada en el documento, cada peso invertido en educación parvularia de calidad puede generar retornos de entre ocho y diecinueve veces su costo.

Durante el lanzamiento, la ministra de Salud, May Chomali, reconoció: “Como Estado hemos fallado en la agenda de primera infancia, no cabe ninguna duda. No creo que lo que se está diciendo acá (en el informe) sea desconocido para el Estado. Está muy bien reflejado que a través de los sistemas de información no somos capaces de trazar lo que está pasando con nuestros niños. Se nos pierden, sobre todo aquellos vulnerables”.

La secretaria de Estado agregó que el Ministerio de Salud ya trabaja junto al Ministerio de Desarrollo Social para abordar estos desafíos y enfatizó: “No cabe ninguna duda que lo que hace uno determina lo que va a ocurrir con en ese niño en su futuro”.

Finalmente, destacó el aporte del informe para el diseño de políticas públicas.

“Desde mi cartera, al menos, agradezco el aporte que hacen este tipo de agrupaciones, el Observatorio Niñez y específicamente Fundación Colunga, porque es una mirada más limpia que la que uno puede tener desde el Estado, siempre pensando en las urgencias. Pueden dedicar el tiempo a ver lo importante. Están entregando tremenda calidad de información para las políticas públicas”.

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