Publicidad
Ítaca en la era de la Inteligencia Artificial Opinión Captura de pantalla

Ítaca en la era de la Inteligencia Artificial

Publicidad
Pavel Friedmann Encina
Por : Pavel Friedmann Encina Gerente General, socio fundador en Tango360 y miembro del directorio de El Mostrador
Ver Más

El verdadero viaje de nuestra época no sería hacia una inteligencia artificial más avanzada, sino hacia la recuperación de una inteligencia profundamente humana, una que conlleva oficio, experiencia, artesanía, emoción.


El Mostrador Fuente Preferida

Acabo de tener la posibilidad de ver película La Odisea en un cine con proyector de 70 milímetros, en versión original. Esto, que fue en muchos casos norma, hoy es más bien una rareza, y no he podido evitar invitarlos a una reflexión.

Mientras el mundo celebra cada nuevo avance de la inteligencia artificial, Christopher Nolan, su director, toma una decisión que parece desafiar el espíritu de nuestra época: filmar La Odisea, una de las historias más antiguas de la humanidad, utilizando película de 70 milímetros. En una era dominada por algoritmos, pantallas digitales e imágenes generadas por computadora, eligió un soporte físico, analógico y artesanal. Podría parecer una simple decisión estética. Creo que es mucho más que eso.

Vivimos convencidos de que cada nueva tecnología reemplaza inevitablemente a la anterior. La innovación se ha transformado casi en una obligación cultural. Lo nuevo parece ser, por definición, mejor que lo antiguo. Sin embargo, tanto Homero hace casi tres mil años, como Nolan en pleno siglo XXI, parecen recordarnos una verdad incómoda: el ser humano cambia mucho menos de lo que imagina.

La historia de Ulises -Odiseo- nunca trató solamente de monstruos, dioses o mares desconocidos. Es la historia de un hombre que lucha por no olvidar quién es mientras el mundo intenta desviarlo constantemente de su propósito. Las sirenas prometen placer inmediato, los lotófagos ofrecen el olvido, Circe seduce con una realidad alternativa, el cíclope representa la fuerza sin inteligencia. Cambian los escenarios, pero no las tentaciones.

Hoy esas sirenas tienen otras formas. Son las notificaciones permanentes, las redes sociales diseñadas para capturar nuestra atención, las fake news, la búsqueda compulsiva de aprobación, el consumo instantáneo de información y la ilusión de que la velocidad equivale al progreso. Nunca habíamos tenido tantas herramientas para comunicarnos y, sin embargo, nunca había sido tan difícil mantener la atención, cultivar la paciencia o sostener conversaciones profundas.

Tal vez por eso la decisión de Nolan resulta tan simbólica. Filmar en 70 mm implica aceptar limitaciones. Cada rollo de película es costoso, cada toma exige preparación y cada decisión adquiere un peso que el mundo digital muchas veces ha diluido. En una cultura donde todo puede repetirse, corregirse o eliminarse con un clic, el cine analógico devuelve valor al tiempo, al oficio y a la deliberación. Es una declaración de principios, frente a un mundo dominado por la inmediatez.

Existe una ironía fascinante. Utilizamos inteligencia artificial para crear imágenes cada vez más perfectas, mientras uno de los directores más innovadores del mundo recurre a una tecnología del siglo pasado para contar una historia escrita hace casi tres mil años. Quizás porque entiende que el verdadero desafío ya no consiste en producir más imágenes, sino en recuperar aquello que las hace significativas.

La neurociencia nos recuerda que nuestro cerebro no ha evolucionado al ritmo de nuestros dispositivos. Seguimos emocionándonos con un relato, aprendiendo mediante experiencias memorables, necesitando vínculos auténticos y buscando un propósito que dé sentido a nuestras decisiones. Nuestra tecnología avanza exponencialmente; nuestra naturaleza humana lo hace con una lentitud extraordinaria.

Tal vez esa sea la verdadera actualidad de La Odisea. No es una obra sobre el pasado, sino sobre el presente permanente de la condición humana. Ulises no lucha por conquistar el mundo; lucha por regresar a Ítaca a reencontrarse consigo mismo y, quién sabe, encontrar un propósito.

Quizás esa sea también la pregunta que nuestra civilización debería hacerse. En medio de una revolución tecnológica sin precedentes, ¿seguimos sabiendo cuál es nuestra Ítaca? ¿O estamos tan fascinados con la velocidad del viaje que hemos olvidado el sentido del camino y quizás, el destino?

Si la respuesta es incierta, entonces Homero sigue teniendo algo importante que decirnos. Y quizás Nolan, al elegir una cámara analógica para contar esa historia, no solo esté filmando una película. Tal vez nos esté recordando que el progreso no consiste únicamente en inventar nuevas herramientas, sino en conservar la sabiduría necesaria para utilizarlas sin perder aquello que nos hace profundamente humanos.

Así, el verdadero viaje de nuestra época no sería hacia una inteligencia artificial más avanzada, sino hacia la recuperación de una inteligencia profundamente humana, una que conlleva oficio, experiencia, artesanía, emoción.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

Inscríbete en nuestro Newsletter El Mostrador Opinión, No te pierdas las columnas de opinión más destacadas de la semana en tu correo. Todos los domingos a las 10am.

Publicidad