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Juguetes coleccionables: cómo aportan al desarrollo social y creativo de los niños Niñez Créditos: El Mostrador.

Juguetes coleccionables: cómo aportan al desarrollo social y creativo de los niños

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El coleccionismo infantil va más allá de reunir figuras: intercambiar personajes, negociar e inventar historias puede fortalecer la creatividad, la empatía, la tolerancia a la frustración y el sentido de pertenencia, siempre que la actividad se desarrolle desde una lógica lúdica y sin presiones.


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Intercambiar personajes durante el recreo, buscar la figura que falta o crear nuevas aventuras a partir de una colección son dinámicas que vuelven a ocupar un lugar importante en el juego infantil. Los juguetes coleccionables, de hecho, continúan consolidándose como una de las categorías de mayor crecimiento de la industria a nivel mundial.

Según el informe Toy Trends Briefing 2025, elaborado por The Toy Association, los coleccionables mantienen el liderazgo entre las preferencias de los consumidores, impulsados por su capacidad para generar comunidades, fomentar el intercambio y ampliar la experiencia de juego más allá de la compra.

Un juego que también contribuye al desarrollo

Para Viviana Tartakowsky, directora de la Escuela de Psicología de la Universidad Bernardo O’Higgins (UBO), el coleccionismo puede convertirse en una experiencia positiva para el desarrollo infantil cuando conserva su carácter lúdico.

“Puede fortalecer la identidad, el sentido de pertenencia y la tolerancia a la frustración, siempre que la experiencia se viva como un desafío entretenido y no como una fuente de estrés o competencia. Cuando eso ocurre, también pueden desarrollarse la flexibilidad cognitiva e incluso el humor frente a aquello que no resulta como el niño esperaba”, explica.

Una parte relevante de estas experiencias se produce en la interacción con otros niños. Conversar, intercambiar personajes, negociar o intentar completar una colección en conjunto genera oportunidades para desarrollar distintas habilidades sociales.

“Cuando el adulto no interviene constantemente, el intercambio puede favorecer la resolución de conflictos, la empatía y la capacidad de negociar. Lo importante es que siga siendo una actividad lúdica y que los adultos no transformen la colección en una obsesión propia, porque eso termina quitándole valor al proceso”, sostiene la académica.

De las figuras a las historias compartidas

Esta dinámica también ha sido observada por SuperThings, juego de figuras coleccionables que propone un universo en el que héroes y villanos inspirados en objetos cotidianos cobran vida en Kaboom City. La propuesta invita a los niños a crear sus propias historias y compartirlas con otros.

“Las colecciones son solo el punto de partida. Lo que realmente ocurre es que los niños se reúnen, intercambian personajes, crean alianzas entre héroes y villanos e inventan nuevas aventuras. Ahí es donde el juego cobra vida y deja de ser una experiencia individual”, comenta Indra Ribalta, jefa de Marketing de SuperThings en Chile.

La ejecutiva sostiene que esta dinámica ha permitido que este tipo de juegos mantenga su vigencia entre distintas generaciones de niños, quienes construyen experiencias diferentes a partir de los mismos personajes.

“El valor del coleccionismo no está únicamente en completar una serie. Lo más interesante ocurre cuando los personajes pasan a ser una excusa para reunirse, intercambiar, negociar e inventar nuevas historias junto a otros niños. Ahí es donde realmente se construye la experiencia de juego”, agrega Ribalta.

Creatividad, expresión y pertenencia

La posibilidad de crear reglas y relatos propios es, precisamente, uno de los aspectos que más valoran los especialistas. Para Tartakowsky, el juego puede convertirse en un espacio donde los niños expresen experiencias y exploren distintas formas de enfrentar situaciones.

“Cuando los roles y las historias son creados por los propios niños, no solo se estimula la creatividad. A través del juego también pueden expresar su mundo interno, representar situaciones que les preocupan y encontrar nuevas formas de comprenderlas o resolverlas. Incluso puede transformarse en una experiencia terapéutica”, afirma Tartakowsky.

La académica también destaca el papel que cumple compartir intereses en la construcción de vínculos durante la infancia.

“Sentirse parte de una ‘tribu’ otorga identidad y pertenencia, elementos muy importantes para el desarrollo psicológico. Como adultos, nuestro desafío es acompañar estas experiencias desde el ejemplo, promoviendo el respeto por quienes tienen gustos diferentes y evitando que el coleccionismo se transforme en una competencia o en una fuente de ansiedad”.

Así, el valor del coleccionismo infantil no estaría únicamente en reunir figuras, sino en las experiencias que se generan alrededor de ellas: compartir con otros, negociar, crear historias, resolver diferencias y sentirse parte de un grupo. En un contexto donde buena parte de la interacción ocurre a través de pantallas, estas dinámicas recuperan el juego presencial como una instancia para fortalecer habilidades que pueden acompañar a los niños durante toda su vida.

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