Alimentos
Prohibir alimentos fritos en las escuelas: ¿una buena idea?
Ya no se servirán alimentos fritos a los niños en las escuelas del Reino Unido. El consumo excesivo de patatas fritas, “nuggets” de pollo y productos similares no solo provoca sobrepeso, sino que también enferma.
El Ministerio de Educación de Reino Unido ha emitido nuevas normas para los comedores escolares. Entre otras cosas, se incluye la idea de dejar de servir comida frita a los niños. “Es una muy buena idea”, afirma Stefan Kabisch, médico e investigador en nutrición del Hospital Charité de Berlín y del Centro Alemán de Investigación de la Diabetes.
La fritura hace que los alimentos estén sabrosos. Tanto las papas como la carne e incluso las donas se fríen con aceite caliente.
Los riesgos de las grasas saturadas
El problema ya comienza con la grasa. Teóricamente, también podría usarse un aceite vegetal, más saludable, dice Kabisch. “Pero dado que se utilizan temperaturas muy altas, por lo general se usa un aceite vegetal refinado, que se procesa tan exhaustivamente que puede soportar las altas temperaturas, no se quema, no humea y no cambia su sabor”.
Sin embargo, las grasas vegetales refinadas tienden a tener un contenido mayor de ácidos grasos saturados. “Las grasas saturadas son un problema porque estimulan los procesos inflamatorios en nuestro organismo, contribuyen a la resistencia a la insulina y, por ello, tanto a la obesidad como a la diabetes tipo 2″, explica Kabisch.
A su vez, los ácidos grasos saturados aumentan el riesgo de arteriosclerosis, el estrechamiento de las arterias, lo que, a su vez, puede provocar infartos y accidentes cerebrovasculares. El alto contenido de sal en los alimentos fritos también contribuye a esto: la sal eleva la presión arterial y, por lo tanto, el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
¿Pueden los fritos causar cáncer y depresión?
Al freír alimentos ricos en almidón, como las papas, este puede generar acrilamida, una sustancia considerada potencialmente cancerígena. Se han encontrado niveles elevados de acrilamida en alimentos como los chips, las papas fritas, las papas a la francesa y las croquetas.
Los investigadores también hallaron una correlación estadística entre la depresión y el consumo de alimentos fritos. Pero respecto de este punto, Stefan Kabisch se muestra cauteloso. Tal relación no implica, al menos por lo que se conoce hasta ahora ahora, una causalidad.
Sin embargo, dado que el microbioma intestinal se ve influido por nuestra alimentación y que el intestino, a su vez, afecta al cerebro y a la psique, Kabisch tampoco descarta por completo una relación causal entre los alimentos fritos y la salud mental.
La dosis hace al veneno
Sin duda, eliminar los alimentos fritos crea más espacio para otras alternativas de alimentación más saludables. En definitiva, lo que importa es la cantidad de fritos que se consumen y la regla saludable es: cuanto menos, mejor.
“No se puede afirmar con total seguridad que la dosis deba ser cero”, señala el investigador en nutrición Kabisch, pero el consumo de alimentos fritos debe reducirse al máximo. Por lo tanto, Kabisch considera que esta intervención en la alimentación escolar en Reino Unido está “completamente justificada”.