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Enfermedad celíaca: síntomas, diagnóstico y señales que no debes ignorar
Dolor abdominal, distensión y fatiga pueden parecer molestias comunes, pero cuando se vuelven persistentes podrían indicar enfermedad celíaca. Expertos advierten sobre la importancia de un diagnóstico oportuno para evitar complicaciones asociadas a la mala absorción.
Aunque suele confundirse con trastornos digestivos frecuentes, la enfermedad celíaca es una condición autoinmune que muchas veces permanece sin diagnóstico durante años. Su impacto no se limita al sistema digestivo: también puede afectar el estado nutricional, la energía diaria y la calidad de vida. En el marco del Día Internacional del Celíaco, especialistas llaman a prestar atención a síntomas persistentes y a realizar los exámenes correspondientes para confirmar o descartar esta patología.
Alejandra Ponce, bioquímica y académica de Tecnología Médica de la Universidad Andrés Bello, sede Viña del Mar, explica que “la enfermedad celíaca es una patología autoinmune en la que el organismo desarrolla anticuerpos frente a las proteínas del gluten, generando una respuesta inflamatoria que daña el intestino delgado”.
En el Día Internacional del Celiaco (5 de mayo), la bioquímica aclara que no debe confundirse la enfermedad celíaca con la intolerancia al gluten. “En el caso de la celiaquía existe una base genética y una respuesta inmune clara frente al gluten, mientras que en la intolerancia no hay una condición autoinmune, sino molestias digestivas asociadas al consumo de ciertos alimentos”, señala. El gluten, presente principalmente en el trigo, la cebada y el centeno, es responsable de dar elasticidad y sabor a las masas, pero en personas celíacas desencadena un proceso inflamatorio que afecta la absorción de nutrientes.
Por un diagnóstico oportuno
Más allá de los síntomas digestivos, la enfermedad celíaca puede manifestarse de forma silenciosa. “Muchos pacientes presentan signos derivados de la mala absorción, como anemia, osteoporosis, fatiga crónica o cansancio generalizado, que no siempre se relacionan de inmediato con un problema intestinal”, dice Ponce en el Día Internacional del Celíaco (5 de mayo). Por eso, ante la persistencia de estos cuadros y especialmente si existen antecedentes familiares, la recomendación es avanzar hacia un diagnóstico médico oportuno.
El principal examen para detectar la enfermedad es la medición en sangre del anticuerpo antitransglutaminasa tisular IgA (tTG-IgA). “Este anticuerpo se expresa cuando la persona con enfermedad celíaca está consumiendo gluten, y el test tiene alta sensibilidad y especificidad. Para evitar falsos negativos, también se evalúa el nivel total de IgA”, detalla la académica UNAB. En casos positivos, el diagnóstico se confirma mediante una biopsia del intestino delgado, donde es posible observar la atrofia de las microvellosidades intestinales, característica de esta patología.
Vivir sin gluten, una necesidad médica
Detectar a tiempo la enfermedad celíaca permite iniciar un tratamiento efectivo basado en una dieta estricta libre de gluten, única terapia disponible hasta ahora para controlar la enfermedad. Esta intervención no solo contribuye a disminuir los síntomas digestivos, sino que también favorece la recuperación de la mucosa intestinal y mejora la absorción de nutrientes esenciales.
Sin embargo, mantener una alimentación libre de gluten no es solo una elección dietética, sino un cambio profundo en el estilo de vida. Implica leer etiquetas con atención, evitar la contaminación cruzada y adaptarse a un entorno social donde el gluten está ampliamente presente. En este contexto, el acompañamiento de profesionales de la salud —como médicos y nutricionistas— resulta fundamental para asegurar una dieta equilibrada y evitar deficiencias nutricionales.
Además, la educación tanto del paciente como de su entorno cercano cumple un rol clave. Comprender la enfermedad, identificar alimentos seguros y promover espacios inclusivos son aspectos esenciales para mejorar la adherencia al tratamiento y la calidad de vida. Un diagnóstico oportuno no solo alivia síntomas, sino que previene complicaciones a largo plazo como osteoporosis, infertilidad o trastornos neurológicos, reforzando la importancia de consultar a tiempo ante señales persistentes.