Opinión
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Un control oportuno puede ser decisivo en el cáncer de próstata
El cáncer sigue siendo una de las principales enfermedades en el mundo y puede afectar prácticamente cualquier parte del organismo. Se origina cuando células normales sufren alteraciones genéticas, comienzan a dividirse de manera descontrolada y se transforman en células cancerosas mediante un proceso conocido como carcinogénesis.
El cáncer de próstata, en particular, es el segundo cáncer más diagnosticado en hombres y una de las principales causas de muerte oncológica masculina a nivel mundial. Lo preocupante es que, en sus etapas iniciales, suele no presentar síntomas. Su crecimiento lento hace que muchas veces pase inadvertido y que el diagnóstico se realice cuando la enfermedad ya se ha propagado fuera de la glándula. Nueve de cada diez casos se diagnostican en hombres mayores de 65 años.
Aunque su causa exacta no está completamente definida, se sabe que intervienen distintos factores, entre ellos la edad, los antecedentes familiares, ciertos componentes genéticos, el ambiente y los estilos de vida. En Latinoamérica y el Caribe la incidencia y la mortalidad siguen siendo relevantes, y los países de ingresos bajos y medios enfrentan una desventaja adicional por las dificultades para acceder a diagnósticos y tratamientos oportunos y de calidad.
En Chile es el tumor maligno más frecuente en hombres y se estima que se detectan cerca de 9.500 nuevos casos cada año. También es una de las principales causas de muerte por cáncer masculino, con alrededor de 2.500 fallecimientos anuales. Sin embargo, existe un dato que no puede pasarse por alto y es que, cuando se detecta a tiempo, la tasa de curación supera el 90%.
Ese es el punto central que requiere de conversación pública. No estamos frente a una enfermedad inevitablemente mortal, sino frente a un problema de salud donde la detección temprana tiene un rol decisivo. Los controles preventivos anuales permiten identificar alteraciones antes de que aparezcan síntomas y aumentan considerablemente las posibilidades de tratamiento exitoso.
Los hombres sin antecedentes familiares deberían iniciar sus chequeos desde los 50 años, mientras que quienes tienen antecedentes directos deberían hacerlo desde los 40. Las herramientas principales siguen siendo el tacto rectal y el examen de sangre de Antígeno Prostático Específico.
También es importante comprender los factores de riesgo. La edad es el más relevante, ya que el riesgo aumenta considerablemente después de los 50 años. La obesidad y el sedentarismo también se asocian a un mayor riesgo y agresividad de la enfermedad, mientras que la actividad física regular se vincula con un menor riesgo.
En cuanto al tratamiento, hoy existen avances relevantes. Las decisiones terapéuticas dependen de la etapa del tumor, la condición física del paciente y la agresividad de la enfermedad. Cirugía, radioterapia y terapia hormonal forman parte de las alternativas disponibles, siempre definidas por equipos multidisciplinarios.
Los avances tecnológicos en radioterapia y los conocimientos de radiobiología han permitido desarrollar tratamientos más precisos, con mejor control de la enfermedad y menor toxicidad. En este proceso, el trabajo de profesionales especializados, incluidos los tecnólogos médicos, resulta fundamental para planificar y ejecutar tratamientos efectivos que mejoren la sobrevida y reduzcan complicaciones.
Necesitamos impulsar una cultura de prevención, información y control oportuno. Porque cuando esta enfermedad se detecta a tiempo, las posibilidades de sobrevivencia son altas y la calidad de vida puede preservarse con el apoyo médico.
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