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Vacuna contra la influenza: los mitos más comunes y las verdades científicas sobre su eficacia Salud Crédito: Cedida

Vacuna contra la influenza: los mitos más comunes y las verdades científicas sobre su eficacia

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¿La vacuna contra la influenza puede causar la enfermedad? ¿Por qué debe administrarse cada año? Una especialista explica qué dice la evidencia científica sobre la seguridad, efectividad y el papel clave de la inmunización para prevenir casos graves.


Resumen
Síntesis generada con OpenAI
La vacuna contra la influenza continúa generando dudas y mitos, especialmente respecto a su seguridad y efectividad. Sin embargo, especialistas explican que la evidencia científica demuestra que la inmunización no provoca la enfermedad y que su aplicación anual responde a las constantes mutaciones del virus y a la disminución natural de la protección inmunológica. Además, diversos estudios confirman que la vacunación reduce significativamente el riesgo de hospitalización, complicaciones graves y muerte asociadas a la influenza estacional.
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Cada temporada de invierno resurgen las dudas y los mitos sobre la vacuna contra la influenza. Aunque se trata de una de las estrategias preventivas más estudiadas y utilizadas en el mundo, persisten creencias erróneas sobre su seguridad y efectividad. Especialistas destacan que la evidencia científica acumulada durante décadas demuestra que la vacunación anual sigue siendo una herramienta fundamental para reducir hospitalizaciones, complicaciones graves y muertes asociadas a esta enfermedad respiratoria.

Paulina Rojas, académica de la Escuela de Química y Farmacia de la Universidad Andrés Bello (UNAB), responde estas preguntas apoyada en la evidencia científica acumulada durante décadas de uso de esta vacuna en el mundo.

Una enfermedad que no es solo “un resfrío fuerte”

“La influenza suele confundirse con un resfrío común, pero se trata de una enfermedad respiratoria aguda causada principalmente por los virus influenza A y B. Puede derivar en complicaciones graves como neumonía o insuficiencia respiratoria, sobre todo en personas mayores, embarazadas, niños pequeños y pacientes con enfermedades crónicas”, explica la docente.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, la influenza estacional provoca cerca de 1.000 millones de infecciones al año en el mundo, de las cuales entre 3 y 5 millones son casos graves. Las muertes asociadas a complicaciones respiratorias por esta causa se estiman entre 290 mil y 650 mil cada temporada.

¿Por qué la vacuna no puede provocar influenza?

Es el mito que más persiste, dice Rojas, y también el más sencillo de aclarar. Las vacunas que se usan en Chile contienen virus inactivados o solo fragmentos de sus proteínas superficiales, material que perdió por completo la capacidad de multiplicarse en el cuerpo.

“No existe ningún mecanismo biológico por el cual estas vacunas puedan causar la enfermedad”, explica la académica. “Lo que sí puede ocurrir es que, durante las primeras 24 a 48 horas, algunas personas sientan dolor en el brazo, cansancio o fiebre baja. Son señales de que el sistema inmunológico está reaccionando y empezando a generar protección, no síntomas de la enfermedad”.

También es común que alguien se contagie de influenza u otro virus respiratorio pocos días después de vacunarse. “Como el cuerpo demora cerca de dos semanas en desarrollar una respuesta inmune completa, la infección puede adelantarse a esa protección. A eso se suma que en invierno circulan muchos otros virus que generan síntomas parecidos”, aclara.

Por qué hay que repetir la dosis cada año

A diferencia de otras vacunas, la de la influenza necesita actualizarse temporada tras temporada. La razón principal, señala la especialista, es que el virus cambia constantemente a través de pequeñas mutaciones genéticas, un fenómeno conocido como deriva antigénica, que le permite escapar parcialmente de las defensas generadas en años anteriores.

“Por eso una red internacional coordinada por la OMS analiza miles de muestras virales de distintos países para anticipar qué cepas circularán con mayor fuerza y así definir la composición de la vacuna para cada hemisferio. A esto se suma que la protección inmunológica baja con el tiempo, especialmente en personas mayores, lo que hace necesaria la dosis anual”, sostiene.

¿Qué tan efectiva es realmente?

Ninguna vacuna protege en un 100% contra la infección, y la de la influenza no es la excepción. La académica cuenta que su efectividad varía cada temporada según qué tan bien coincidan las cepas incluidas en la fórmula con los virus que terminan circulando.

Donde la evidencia es contundente, dice Rojas, es en la reducción de cuadros graves. Estudios realizados en países del hemisferio sur muestran que la vacunación disminuye de forma importante las hospitalizaciones por influenza, en particular entre adultos mayores y personas con enfermedades crónicas. Incluso quienes se contagian estando vacunados suelen presentar síntomas más leves y menor riesgo de terminar en una unidad de cuidados intensivos.

“El objetivo principal de la vacuna no es evitar todos los contagios, sino prevenir las consecuencias más graves de la enfermedad”, resume.

Una protección que va más allá de uno mismo

Para Rojas, vacunarse contra la influenza es también un gesto de protección colectiva. Mientras más personas estén inmunizadas, menos circula el virus y menor es el riesgo de que llegue a quienes tienen más probabilidades de desarrollar complicaciones graves, como adultos mayores, recién nacidos o pacientes inmunodeprimidos.

“La mejor vacuna no es la que promete una protección perfecta, sino aquella que ha demostrado, con evidencia científica, disminuir el riesgo de hospitalización, complicaciones graves y muerte”, afirma la académica de la Escuela de Química y Farmacia UNAB. “En el caso de la influenza, décadas de investigación respaldan que la vacunación anual sigue siendo una de las medidas preventivas más efectivas para proteger nuestra salud y la de quienes nos rodean”.

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