Salud
Créditos: El Mostrador.
Edulcorantes: cuál es el más seguro, qué dice la ciencia y cómo elegir la mejor opción
Sacarina, sucralosa y aspartamo siguen generando debate entre consumidores. Una académica de Nutrición y Dietética de la Universidad Andrés Bello explica qué señala la evidencia científica, cuáles son los riesgos reales y cómo elegir el edulcorante más adecuado.
Aunque los edulcorantes llevan décadas en el mercado, las dudas sobre su seguridad siguen apareciendo cada cierto tiempo, muchas veces impulsadas por titulares que no reflejan del todo la evidencia disponible. En Chile, su distribución y venta están reguladas por el Reglamento Sanitario de los Alimentos en el marco de la Ley de Etiquetado de los Alimentos, que exige respaldo de organismos internacionales como el Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA) y la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA).
Tanya Van Schuerbeck, académica de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad Andrés Bello, explica que estos productos se dividen en tres grandes categorías. Los nutritivos, como la sacarosa, la glucosa y la fructosa, aportan cuatro calorías por gramo y elevan la glicemia porque el organismo los absorbe como carbohidratos. Los no nutritivos, entre ellos la sucralosa, el aspartamo, el acesulfamo-K y los glucósidos de esteviol, endulzan mucho más que el azúcar en pequeñas cantidades, pero no aportan energía ni modifican los niveles de glucosa en sangre. Y los polioles, como el eritritol, el xilitol, el sorbitol y el maltitol, suman calorías en cantidades mínimas y tampoco elevan la glicemia, aunque su consumo excesivo puede provocar molestias digestivas.
Microbiota y apetito, la incógnita pendiente
Uno de los focos de mayor incertidumbre es el efecto de estos productos sobre la microbiota intestinal y la regulación del apetito. Según la especialista, la evidencia en humanos todavía no es concluyente, porque los resultados varían según la dosis, el tiempo de consumo y las características de cada persona. “La sacarina y la sucralosa son las que más se han vinculado a cambios en la composición o función de la microbiota, aunque no existe consenso científico que permita afirmar que los edulcorantes alteran el apetito o la microbiota intestinal”, puntualiza.
Algo similar ocurre con la idea de que estos productos “engañan” al cerebro y terminan aumentando el deseo por lo dulce. Van Schuerbeck es categórica al respecto: “se han observado diferencias en la activación cerebral frente al azúcar y a los edulcorantes, pero ningún estudio ha demostrado de forma consistente que su consumo aumente el apetito, la preferencia por lo dulce o el peso corporal”. Se trata, según la académica, de una afirmación sin sustento científico real.
Sacarina, sucralosa y aspartamo, los tres bajo la lupa
La controversia se concentra en tres nombres. La sacarina arrastra desde hace décadas su asociación con el cáncer, luego de que estudios en ratas mostraran el desarrollo de la enfermedad. Con el tiempo se comprobó que ese mecanismo no aplica en humanos, por lo que, según la docente, las recomendaciones actuales se limitan a respetar la Ingesta Diaria Admisible.
La sucralosa, por su parte, ha sido cuestionada por posibles efectos sobre la microbiota y la respuesta insulínica, aunque los estudios disponibles no son concluyentes.
Asimismo, el aspartamo volvió a la primera plana cuando una agencia especializada en investigación del cáncer lo clasificó como “posiblemente carcinógeno para los seres humanos”, clasificación que, según explica la académica, no está respaldada por estudios de gran escala y no ha justificado ningún cambio en su Ingesta Diaria Admisible.
¿Y para niños, embarazadas y personas con diabetes?
“No existe un edulcorante que pueda recomendarse como el mejor para todas las poblaciones”, señala Van Schuerbeck, porque la elección depende del contexto de cada persona. En niños, la indicación es retrasar y limitar el consumo de aditivos dulces y salados, especialmente durante los dos primeros años de vida, priorizando el agua y los alimentos naturales por sobre los procesados.
Durante el embarazo, la mayoría de los estudios no muestra daños asociados al consumo de edulcorantes, siempre que se respete la Ingesta Diaria Admisible indicada en el etiquetado. La única excepción son las mujeres con fenilcetonuria, que deben evitar el aspartamo porque su metabolismo libera fenilalanina, lo que puede resultar dañino.
En personas con diabetes, el uso de edulcorantes no nutritivos se recomienda para reducir el consumo de azúcares y favorecer el control metabólico. A diferencia del azúcar, que se absorbe rápidamente desde la boca y eleva la glicemia con rapidez, estos productos permiten evitar ese aumento brusco y sus consecuencias a largo plazo.
Una elección personal, dentro de los límites
Para quienes buscan reducir el azúcar sin saber qué alternativa elegir, la recomendación de la académica es optar por edulcorantes no nutritivos dentro de la Ingesta Diaria Admisible, considerando el uso que se les dará. Algunos pierden estabilidad con el calor, mientras que otros, como la sucralosa y el acesulfamo-K, resisten mejor la cocción sin generar sabores residuales. Hoy el mercado ofrece formatos en gotas, pastillas y polvo, incluso para preparar almíbares o caramelos.
Van Schuerbeck insiste en que los edulcorantes deben entenderse como un complemento y no como un reemplazo de una alimentación saludable. Su consumo, dice, no se ha demostrado dañino en ninguna población siempre que se respete la Ingesta Diaria Admisible, y la elección final debería basarse en el gusto personal. La única recomendación transversal es evitar el uso de azúcar, sal y edulcorantes en menores de dos años, para prevenir caries y reducir el riesgo de enfermedades crónicas como la hipertensión y la diabetes a futuro.