Salud
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Psicooncología en Chile: el apoyo emocional fundamental en el tratamiento del cáncer
El cáncer no solo impacta el cuerpo. Especialistas destacan que la psicooncología es fundamental para abordar la salud mental de pacientes y cuidadores, mejorando la adherencia al tratamiento y la calidad de vida durante todo el proceso.
El cáncer es hoy la principal causa de muerte en Chile —con cerca de 60 mil nuevos casos al año—, pero el desafío no se limita al tratamiento clínico. La enfermedad también expone una dimensión que trasciende lo biológico: la necesidad de abordar la estabilidad mental y emocional del paciente y su entorno.
El proceso oncológico no se limita al diagnóstico, advierten en Oncomeds. Comienza con la espera, continúa con las atenciones médicas, los tratamientos y las decisiones terapéuticas, y va reconfigurando la vida cotidiana del paciente y su familia no es un aspecto secundario, sino una dimensión inherente al curso de la enfermedad, marcada por la incertidumbre, los tiempos de espera, los cambios físicos y la transformación de la vida cotidiana.
Por eso, explican la importancia de incorporar la psicooncología como parte del tratamiento, así como de reconocer el rol de los cuidadores, quienes también enfrentan el impacto emocional de la enfermedad.
A nivel internacional, se estima que entre un 30% y un 40% de los pacientes oncológicos presenta síntomas de ansiedad o depresión, según estudios publicados en revistas como The Lancet Oncology, evidenciando que el impacto de la enfermedad trasciende lo físico y se instala también en la salud mental. Factores como el miedo y la preocupación pueden derivar en cuadros de estrés que afectan profundamente tanto al paciente como a quienes lo acompañan.
Uno de los momentos más críticos de este proceso es el periodo de espera entre el diagnóstico y el inicio del tratamiento, una etapa marcada por la incertidumbre donde la espera puede tensionar profundamente al paciente y su entorno. Frente a este escenario, el abordaje multidisciplinario resulta fundamental, posicionando a la psicooncología como un apoyo clave en la forma en que el paciente enfrenta la enfermedad.
El rol de la psicooncología no se limita a la contención emocional, sino que también entrega herramientas de afrontamiento, fortalece la toma de decisiones y favorece la adherencia al tratamiento, impactando directamente en el proceso terapéutico
Más allá del impacto inicial, el proceso del cáncer conlleva una adaptación constante ante los cambios en la rutina, la relación con el propio cuerpo, los vínculos sociales, los hábitos, la autonomía y la manera en que la persona reorganiza sus prioridades, creencias y motivaciones frente a la enfermedad. Este recorrido implica no solo decisiones médicas, sino también cambios en la autonomía, los vínculos, la imagen corporal y la forma en que la persona se relaciona consigo misma.
En esta etapa, el acompañamiento psicooncológico es clave para procesar estas transformaciones, ayudando a redefinir prioridades y a encontrar nuevas motivaciones que favorezcan el bienestar emocional en medio del tratamiento clínico. No se trata solo de mitigar el malestar, sino de evitar el aislamiento y fortalecer la salud mental para que la persona mantenga su autonomía y una participación activa en su propio proceso de recuperación.
El cuidador invisible: el otro protagonista del cáncer
La experiencia del cáncer no es individual, sino profundamente compartida. Diversos estudios internacionales, incluidos reportes del Journal of Clinical Oncology, indican que hasta un 40% de los cuidadores de pacientes oncológicos presenta sobrecarga emocional significativa, evidenciando que el impacto de la enfermedad también se vive fuera del paciente.
En muchos casos, tanto pacientes como cuidadores evitan hablar de lo que sienten por temor a generar mayor preocupación en el otro, lo que puede profundizar el aislamiento emocional y dificultar el proceso. El impacto físico y emocional alcanza de quien cuidan, los llevan a adaptar su vida y enfrentar el desgaste diario, transitando muchas veces en silencio el mismo agotamiento y sensación de soledad.
En ese contexto, el modelo de atención de Oncomeds incorpora de manera activa al cuidador y al entorno familiar dentro del plan de salud mental, entendiendo que el bienestar del núcleo cercano es un factor clave en el proceso terapéutico. Por ello, el acompañamiento psicológico se extiende más allá del paciente, integrando a todo su entorno, entendiendo que el bienestar del entorno es un factor crítico y fundamental para la recuperación del paciente.
Pia Houston, integrante del equipo de Psicooncología de Oncomeds, destaca la importancia de este enfoque, ya que en muchos casos tanto el paciente como sus cuidadores evitan hablar de lo que sienten por temor a preocupar al otro o a sentirse una carga, lo que puede profundizar el aislamiento y aumentar la sensación de soledad en medio del tratamiento.
“Cuidarse a uno mismo no es un acto egoísta por parte del cuidador, es parte fundamental del proceso. Quien cuida puede acompañar mejor cuando también protege su propio bienestar mental, y eso impacta directamente en el paciente, que se siente más tranquilo y menos culpable al ver a su entorno contenido. La psicooncología cumple ese rol: acompañar, orientar y entregar herramientas tanto al paciente como a su familia para enfrentar este proceso”, sostiene.
Tras este acompañamiento, el foco también se amplía hacia el bienestar cotidiano del paciente y su entorno. Más allá de la terapia clínica, la salud integral en oncología incorpora hábitos que contribuyen a regular la calma mental, cómo mantener rutinas saludables, evitar el aislamiento y fomentar la comunicación en entornos de confianza. Estos elementos, aunque simples, cumplen un rol clave en la calidad de vida durante el tratamiento.
En esa línea, Pía Houston enfatiza que la comunicación es un pilar dentro del proceso terapéutico: “Es fundamental normalizar el valor del apoyo social. Comunicar lo que se siente en relaciones de seguridad permite encontrar alivio. El acompañamiento no es solo un apoyo externo, es una herramienta que influye directamente en la energía, la sensación de control y la gratificación del paciente durante su tratamiento”, explica.
Y complementa: “En ese sentido, el acompañamiento psicológico se convierte en un espacio de seguridad para el paciente y su familia, donde no solo se contiene el malestar, sino que también se fortalecen recursos personales, se favorece la expresión emocional y se apoya la integración de los cambios más complejos que impone la enfermedad”
Esta realidad comienza a ser reconocida también a nivel país, donde las políticas públicas han comenzado a incorporar el bienestar de las personas cuidadoras como parte del abordaje en salud. Por eso no basta con avanzar en tecnología o tratamientos, si no se pone en el centro a la persona. El acompañamiento psicológico y humano deja de ser un complemento y pasa a ser parte esencial del proceso, convirtiéndose en un pilar que impacta directamente en el bienestar del paciente y en la forma en que transita su tratamiento.