Salud
Lanzan modelo para promover 60 minutos diarios de actividad física en colegios
Movimiento 60, desarrollado por la Universidad Andrés Bello, busca apoyar a las escuelas en la aplicación de la Ley 21.778. La iniciativa desarrolla pilotos en Conchalí, Quilpué y Penco, y ha capacitado a más de 60 docentes y directivos.
Promover 60 minutos diarios de juego, actividad física o deporte durante la jornada escolar supone un desafío que involucra a toda la comunidad educativa. Para acompañar a los establecimientos en esta tarea, la Universidad Andrés Bello (UNAB) presentó Movimiento 60, un modelo que busca apoyar la implementación de la Ley 21.778 y favorecer una cultura escolar activa.
La propuesta fue presentada en el seminario “Movimiento 60: Camino para una cultura escolar activa”, organizado por la Facultad de Educación y Humanidades de la UNAB junto al Ministerio de Educación. El encuentro reunió a representantes de las carteras de Educación, Salud y Deporte, autoridades municipales, académicos y especialistas para abordar los desafíos de llevar la normativa a la práctica.
El modelo contempla apoyo a las escuelas en el diagnóstico, la planificación, la ejecución y la evaluación de acciones. Su objetivo es traducir la exigencia de los 60 minutos diarios en una propuesta factible, inclusiva y medible, que pueda adaptarse a las características de cada comunidad educativa.
Pilotos y formación en tres comunas
Movimiento 60 desarrolla actualmente experiencias piloto en establecimientos de Conchalí, Quilpué, en la región de Valparaíso, y Penco, en la región del Biobío. Además, se han realizado seis capacitaciones en las que participaron más de 60 profesores, profesoras y directivos.
El acompañamiento incluye trabajo en las escuelas, diseño conjunto con las comunidades, seguimiento y generación de evidencia. También considera ajustes durante la implementación, de acuerdo con las necesidades y condiciones de cada establecimiento.
La decana de la Facultad de Educación y Humanidades de la UNAB, Dra. Erika Castillo, señaló que la iniciativa permite a la universidad contribuir desde sus capacidades académicas y de investigación. Según explicó, el modelo se elaboró mediante la colaboración entre profesionales de distintas facultades, el Ministerio de Educación y establecimientos de las regiones donde la institución tiene presencia.
La propuesta se organiza en tres componentes: principios que orientan las decisiones, ejes transversales que deben estar presentes en las acciones y pilares que entregan los recursos y capacidades para sostenerlas. Estos últimos abarcan gestión técnica, capacidades profesionales y acompañamiento, mejora continua e investigación y generación de evidencia.
El movimiento como tarea de toda la escuela
Uno de los puntos centrales del seminario fue que la aplicación de la ley no puede recaer únicamente en los docentes de Educación Física. Juan Pablo Zavala, director de la Escuela de Ciencias del Deporte de la Facultad de Educación y Humanidades de la UNAB, sostuvo que el proceso requiere la participación de los distintos integrantes de la comunidad escolar.
“La cultura escolar activa concibe la promoción de la actividad física como una transformación integral de las condiciones educativas, sociales y territoriales que favorecen el movimiento, más allá de cambios individuales de conducta. Sustentado en el Paradigma de la Motricidad Humana de Manuel Sérgio y alineado con los enfoques internacionales de escuelas promotoras de salud impulsados por la OMS, UNESCO y la iniciativa FRESH, el modelo plantea que el desarrollo de entornos activos requiere liderazgo institucional, trabajo intersectorial, participación comunitaria y políticas sostenibles. La evidencia internacional demuestra que las estrategias más efectivas son aquellas que intervienen simultáneamente sobre personas, organizaciones y sistemas, mientras que en Chile esta propuesta se articula con los marcos de liderazgo escolar, enseñanza y desarrollo profesional docente. En este contexto, Movimiento 60 posiciona a la escuela como un espacio estratégico para el bienestar y el aprendizaje, cuya sostenibilidad depende de fortalecer tanto sus capacidades organizacionales como su vinculación con el territorio”, dijo.
Desde esta perspectiva, la iniciativa propone incorporar experiencias motrices cotidianas con sentido formativo, que sean inclusivas y respondan a las características de cada territorio.
Distintas disciplinas para un desafío común
Jaime Fillol, director del Instituto del Deporte y Bienestar de la UNAB, destacó la participación de distintas unidades académicas y organismos públicos en el desarrollo de la propuesta.
“Con la participación de diversidad de expertos, y representantes del gobierno de Chile, a través de la presencia del Ministro del Deporte Francisco Riveros, su delegado Ricardo Boudon, más peritos de los ministerios de Educación y de Salud y dirigentes del Comité Olímpico de Chile (COCH) y de OE (Olimpíadas Especiales) se aprecia la importancia e interés de realizar un trabajo interdisciplinar generalizado por valorar la importancia del deporte como un medio educativo fundamental para la formación integral de las personas y la sociedad”, señaló.
Fillol mencionó también el aporte de especialistas de las facultades de Educación y Humanidades, Derecho, Medicina, Campus Creativo y Ciencias de la Rehabilitación, además del Instituto de Políticas Públicas, entre otras unidades de la universidad.
Por su parte, el ministro del Deporte, Francisco Riveros, abordó el trabajo desarrollado por la UNAB y advirtió que la implementación de la normativa debe considerar las diferencias entre establecimientos. “Cada comunidad educativa va a tener su particularidad que le da su propia realidad”, afirmó.
El secretario de Estado agregó que la colaboración entre educación, salud, deporte, universidades y comunidades educativas será clave para concretar las disposiciones de la ley.
Objetivos compartidos entre los sectores
Ricardo Boudon, jefe de la División Política y Gestión Deportiva del Ministerio del Deporte, planteó que el desafío debe abordarse con una perspectiva que alcance al conjunto de la población.
“La política es para casi 20 millones de personas, el alto rendimiento son 2.000, 3.000 personas. Entonces, nuestro gran foco es hacer toda la comunidad”, señaló.
Boudon explicó que la nueva Política Nacional de Actividad Física y Deporte 2026-2037 tiene un horizonte de 12 años y sitúa entre sus principales focos la actividad física y el deporte comunitario. Para avanzar en esa tarea, añadió, resulta fundamental el trabajo con Educación y Salud.
Desde el Ministerio de Educación, Patricio Venegas, integrante del equipo que implementará la Ley 21.778, destacó la necesidad de coordinar a los distintos actores. Para ello, propuso identificar objetivos comunes, definir el aporte de cada participante y reconocer qué apoyos requieren unos de otros.
Los alcances legales y sanitarios
El seminario también abordó las obligaciones que establece la normativa. Benjamín Gajardo, académico de la Facultad de Derecho de la UNAB, planteó la necesidad de precisar qué deberes regula la ley y cuáles son los mecanismos para exigir su cumplimiento.
“El objetivo del derecho es más modesto, quizás un poco más incómodo pero es mucho más modesto preguntarse qué tipo de deber regula esta ley y qué tipo de deber es exigible en todo el resto y cuáles son los mecanismos”, explicó.
El académico centró su análisis en la redacción del artículo 4°, especialmente en el uso del concepto “promover” y en la diferencia entre una obligación de medios y una de resultados. A su juicio, esa distinción plantea aspectos que deberán considerarse durante la implementación.
Nicole Lagos, asesora del gabinete del Ministerio de Salud, destacó que la normativa abre una oportunidad para fortalecer la prevención y abordar la actividad física desde la salud pública.
“Una ley por sí sola no transforma la realidad. Para que tenga impacto necesitamos trabajar juntos, salud, educación y deporte tenemos responsabilidades distintas y complementarias”, sostuvo.
Lagos también subrayó el papel de las universidades en la formación de quienes deberán implementar estos cambios, así como en la producción de evidencia y el acompañamiento a las comunidades educativas.
Integrar la actividad física al aprendizaje
Para Daniela Ríos, coordinadora de la Unidad de Actividad Física del Ministerio de Educación, uno de los principales desafíos es lograr que la aplicación de la ley trascienda su cumplimiento formal.
“El foco nuestro es que esta ley se conozca, se implemente de la mejor manera, pero que además no solo sea un cumplimiento de una normativa, sino que sea una cultura educativa que se instale en los establecimientos educacionales”, explicó.
En ese sentido, Ríos planteó la necesidad de vincular el movimiento con los procesos de aprendizaje y los instrumentos de gestión escolar, mediante experiencias que conecten distintas asignaturas y objetivos pedagógicos.