Sociedad
Créditos: El Mostrador.
Estar siempre disponible: cómo conexión laboral fuera de horario afecta el descanso y vida personal
Los mensajes y correos fuera de horario pueden prolongar mentalmente la jornada laboral y dificultar el descanso. La psicóloga Viviana Tartakowsky advierte sobre las señales de esta desconexión insuficiente y la importancia de establecer límites personales y acuerdos dentro de los equipos.
Los mensajes y correos fuera de horario pueden prolongar mentalmente la jornada laboral. La psicóloga Viviana Tartakowsky explica las señales de alerta y la responsabilidad que comparten trabajadores y organizaciones para proteger el descanso.
Cerrar el computador al terminar la jornada no siempre implica dejar de trabajar. Un mensaje de WhatsApp, una notificación de correo o la expectativa de recibir una solicitud pueden mantener la atención puesta en las obligaciones laborales, incluso durante el tiempo libre.
Las herramientas digitales han facilitado la conexión desde distintos lugares, pero también han vuelto más difusos los límites entre el trabajo y la vida personal. Para Viviana Tartakowsky, directora de la Escuela de Psicología de la Universidad Bernardo O’Higgins (UBO), esta disponibilidad permanente reduce las posibilidades de recuperación.
“El problema no es solamente cuánto tiempo trabajamos, sino también cuánto tiempo sentimos que podríamos tener que trabajar. Cuando el teléfono sigue siendo una extensión de la oficina durante la noche, los fines de semana o las vacaciones, disminuyen los espacios necesarios para recuperar energía, atención y disponibilidad emocional”, explica.
Una jornada que continúa después de apagar el computador
La posibilidad de recibir un requerimiento en cualquier momento puede mantener a las personas en una especie de “vigilancia anticipatoria”, señala la especialista. Revisar el teléfono aunque no haya sonado, preguntarse si llegó un mensaje o sentir la necesidad de comprobarlo son algunas manifestaciones de esta dinámica.
Esa atención constante fragmenta la concentración y dificulta sostener períodos de descanso o compartir con otras personas sin interrupciones relacionadas con el trabajo.
“Estar físicamente fuera del trabajo no necesariamente significa estar psicológicamente fuera de él. La jornada puede terminar formalmente a las seis, pero continuar en nuestra cabeza hasta la noche”, señala.
A ello se suma la presión por responder con rapidez, que puede terminar convirtiéndose en una exigencia personal. Con el tiempo, la disponibilidad permanente puede asociarse con responsabilidad, eficiencia o compromiso, mientras que no contestar genera culpa o temor a parecer poco involucrado.
“El problema es que podemos confundir responsabilidad con disponibilidad permanente. Ser responsable significa cumplir adecuadamente nuestras funciones; no necesariamente estar accesibles las 24 horas del día”, enfatiza Tartakowsky.
Las señales de que el trabajo está ocupando el tiempo de descanso
Sentir ansiedad al alejarse del teléfono, experimentar culpa por no responder de inmediato o revisar constantemente los mensajes son señales a las que conviene prestar atención. También pueden aparecer alteraciones del sueño, irritabilidad, cansancio persistente y dificultades para disfrutar actividades sin consultar el celular.
Esta dinámica puede afectar, además, los vínculos personales: aunque la persona esté físicamente presente, su atención sigue concentrada en asuntos laborales.
Límites personales y acuerdos dentro de los equipos
Para recuperar espacios de descanso, la académica recomienda definir horarios de inicio y término de la jornada, desactivar las notificaciones laborales fuera de ese período y evitar revisar el correo antes de dormir. También plantea la importancia de acordar con los equipos qué situaciones requieren realmente una respuesta urgente.
Los pequeños rituales de cierre pueden ayudar a marcar el término del día laboral. Anotar las tareas pendientes para la jornada siguiente y cerrar los canales de trabajo son algunas de las medidas sugeridas.
Sin embargo, Tartakowsky advierte que esta responsabilidad no puede recaer exclusivamente en los trabajadores. Las organizaciones también deben promover culturas que respeten los horarios y eviten premiar implícitamente a quienes permanecen disponibles de manera constante.
“La tecnología nos permite estar disponibles todo el tiempo, pero eso no significa que psicológicamente estemos preparados para estarlo”, concluye.