Sociedad
“La sensación de que nadie vino a ayudar”: el impacto del bullying más allá de la etapa escolar
El aumento de las denuncias por maltrato entre estudiantes y la expansión del ciberacoso plantean nuevos desafíos en Chile. La psicóloga Lubava Kobylinskaia-Vashchuk advierte sobre las señales de alerta y las consecuencias del bullying.
El acoso escolar no siempre comienza con una pelea, un insulto o una agresión física. En ocasiones, se manifiesta a través de burlas, rumores, humillaciones o la exclusión sistemática de un estudiante de las actividades de sus compañeros. Son formas de violencia que pueden pasar inadvertidas para los adultos, pero que afectan profundamente el bienestar emocional de niños, niñas y adolescentes.
De acuerdo con datos de la Superintendencia de Educación, durante los primeros nueve meses de 2026 las denuncias por maltrato entre estudiantes aumentaron un 9% respecto del mismo período del año anterior. Sin embargo, este incremento no necesariamente significa que la violencia haya crecido en la misma proporción, ya que también podría reflejar una mayor disposición de las familias y los estudiantes a denunciar.
El escenario preocupa, especialmente por las distintas formas que puede adoptar el acoso escolar y por la manera en que las tecnologías digitales han ampliado los espacios donde ocurre. Así lo plantea la psicóloga Lubava Kobylinskaia-Vashchuk, quien advierte que comprender el bullying requiere observar no solo la relación entre quien agrede y quien recibe la violencia, sino también las dinámicas sociales que se desarrollan dentro de los establecimientos educacionales.
Según los resultados de PISA 2025, publicados por la OCDE en septiembre de 2026, el 21% de los estudiantes chilenos de 15 años declaró haber sufrido alguna forma de bullying varias veces al mes o con mayor frecuencia, frente al 20% del promedio de los países de la organización. Además, las cifras muestran un aumento de la prevalencia respecto de 2022.
Para Kobylinskaia-Vashchuk, uno de los aspectos que requiere mayor atención es la exclusión social, debido a que resulta más difícil de identificar. En ese sentido, sostiene que las conductas agresivas también pueden estar vinculadas con las relaciones de poder y el reconocimiento entre pares.
La especialista plantea que, en determinados contextos escolares, humillar a otro estudiante puede convertirse en una forma de obtener prestigio o influencia dentro del grupo. Por eso, considera que el bullying no puede abordarse únicamente como un problema individual entre un agresor y una víctima.
El impacto de las redes sociales en el acoso escolar
La expansión de las plataformas digitales también ha transformado la manera en que se manifiesta la violencia entre estudiantes. A diferencia de lo que ocurría anteriormente, cuando salir del colegio podía representar una distancia física respecto de los agresores, actualmente las humillaciones pueden continuar en el hogar, durante los fines de semana o en cualquier momento del día.
A través de grupos de WhatsApp y redes sociales, los insultos, rumores, fotografías y videos pueden difundirse rápidamente y alcanzar a una audiencia mucho mayor. Además, los contenidos pueden guardarse, reenviarse y publicarse nuevamente, prolongando la exposición de quienes sufren estas situaciones.
Según PISA 2025, en Chile el 4% de los estudiantes de 15 años señaló que varias veces al mes o con mayor frecuencia alguien había publicado información desagradable sobre ellos en internet sin su consentimiento. La cifra supera el 3% registrado como promedio de la OCDE.
La psicóloga explica que el alcance de la audiencia, la pérdida de control sobre los contenidos y el anonimato son factores que pueden dificultar el enfrentamiento del ciberacoso. Sin embargo, advierte que no necesariamente todas las situaciones de violencia digital tienen consecuencias más graves que el bullying presencial, ya que esto depende de factores como la intensidad de las agresiones, su duración y el apoyo social disponible.
Las señales de alerta y el rol de los adultos
Uno de los principales desafíos para las familias es identificar cuándo un niño está siendo víctima de acoso, especialmente porque no siempre comunica directamente lo que está viviendo.
Entre las señales que pueden generar sospechas están los cambios repentinos de comportamiento, la resistencia a asistir al colegio, los dolores de estómago o cabeza antes de ir a clases, las dificultades para dormir y el aislamiento social. También pueden aparecer irritabilidad, ansiedad, pérdida de interés por actividades.