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Cabo de Hornos a través del arte biocultural de Violeta Gibelli

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La artista, bióloga e historiadora del arte combina investigación científica y creación visual para explorar la biodiversidad subantártica. En noviembre participará en el festival Bosques Subantárticos de Puerto Williams, con una exposición en el Museo Territorial Yagán Usi.


  • Entre musgos, algas y herbarios, la artista, bióloga e historiadora del arte explora otras formas de relacionarse con la naturaleza. Su vínculo con el Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC) reúne investigación, creación y una mirada que también cuestiona la idealización del paisaje austral.

Hay musgos que parecen árboles en miniatura y una explosión de colores y texturas donde el mar se encuentra con la tierra. En Cabo de Hornos, Violeta Gibelli reconoce una inmensidad que también se despliega a pequeña escala. “Desde sus colores hasta sus texturas y formas, invitan a un verdadero asombro”, dice sobre los organismos que suelen quedar fuera de nuestra atención.

Su relación con el territorio comenzó en 2022, cuando llegó al Laboratorio de Ecosistemas Marinos Antárticos y Subantárticos de la Universidad de Magallanes para trabajar en el Herbario de Criptógamas Subantárticas. Regresó para una expedición a Bahía Yendegaia respaldada por el CHIC. Ese recorrido tuvo continuidad en mayo de 2026: durante la conferencia del centro, realizó junto a Laura Sánchez Jardón, del Nodo Laboratorio Natural Subantártico, los talleres “Herbarios Análogos: Arte, Ciencia Comunitaria y Territorio”.

Los talleres acercaron a sus participantes a estos organismos mediante herramientas científicas y artísticas. Esa experiencia concretó una dimensión del trabajo del CHIC: ampliar las formas de conocer y valorar la biodiversidad. Gibelli reconoce esa posibilidad también en el ecoturismo con lupa, cuya invitación a detenerse ante musgos y líquenes permite comprender que los ecosistemas funcionan en escalas mucho menores que las habitualmente percibidas.

Exposición de Violeta Gibelli en el Centro Internacional Cabo de Hornos.

Pero el asombro convive con una cautela. A la artista le inquietan las etiquetas de “prístino” o “remoto” con que se describe el paisaje austral. Advierte que pueden separar a las personas de su entorno y convertir otros territorios en lugares exóticos, definidos desde la distancia de quien los mira. “Intento tener eso en cuenta para evitar caer en una romantización de un territorio y su ensamble biocultural”, explica. Su mirada invita a reconocer también las historias, culturas y relaciones que lo constituyen.

Esa atención a los matices atraviesa su práctica. La ilustración científica exige precisión y colaboración para representar fielmente una especie. Su búsqueda artística, en cambio, se abre cada vez más a la interpretación y a un lenguaje visual contemporáneo. “El arte abre un espacio para experimentar, explorar, equivocarse y sobre todo jugar”, señala. En esa libertad encuentra una posibilidad de recuperar la curiosidad y cultivar un deseo profundo de cuidar.

Gibelli llama arte biocultural a una práctica nacida del encuentro sensorial con la naturaleza y del diálogo con nuestro mundo interior. En el acto de dibujar también intervienen los recuerdos, las emociones y la imaginación. Para ella, esa experiencia permite fortalecer el contacto con la materialidad del entorno en una vida crecientemente atravesada por las pantallas.

En noviembre regresará a Puerto Williams para participar en el segundo festival de naturaleza austral “Bosques Subantárticos”, con una exposición en el Museo Territorial Yagán Usi. Volver será también reencontrarse con esa paleta de colores que cambia durante un solo día. En su mirada, Cabo de Hornos ofrece un espacio desde el cual imaginar cómo sostener la diversidad de seres vivos y de maneras de habitar el mundo.

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