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Mujeres y Ollas comunes: el cuidado como motor de resistencia y transformación

por 25 agosto, 2020

Mujeres y Ollas comunes: el cuidado como motor de resistencia y transformación
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En los últimos diez meses hemos visto en nuestras comunidades como el cuidado de otras/os/es se ha puesto en el centro tanto en el seno de la revuelta social como en la crisis sanitaria.

Las redes de apoyo y las ollas comunes, nacen, se organizan y se sostienen en este contexto, generalmente, por grupos de mujeres que frente a la precarización de la vida, la cesantía y desabastecimiento de sus comunidades, activan su participación social para resguardar el bienestar de otras/os/es; hecho que no constituye un elemento novedoso en nuestra historia como país ni en la de América Latina.

Lo interesante es que la reactivación de estas prácticas y protagonismo de las mujeres, se da en un contexto donde los movimientos de mujeres y organizaciones feministas han ganado centralidad tanto en la crítica como en la comprensión y propuestas de nuevos paradigmas para enfrentar los diversos escenarios de crisis que vivenciamos.

La fuerza transformadora de estos movimientos sociales liderados por mujeres, deben ser capaces de romper con el orden patriarcal y no sólo quedar en un nivel simbólico subjetivo, ya que significaría que, una vez más terminada la crisis, se vuelva al trabajo doméstico y el cuidado desde la intimidad del hogar

Según estudios realizados en la época de los 80, donde la participación en instancias comunitarias y, en particular, en aquellas asociadas a  la satisfacción de las necesidades reproductivas de la familia - como las Ollas Comunes-, develaron, por un lado, que las experiencias participativas de las mujeres en contextos comunitarios tienen un efecto reproductivo de la estructura básica que impone el sistema de género binario entre lo reproductivo-doméstico-femenino y lo productivo-público-masculino, pero que también posee un potente efecto subversivo y transformador de las formas de organización y el orden tradicional (Jelin, 1987). Hoy este “doble efecto” de la participación de las mujeres vuelve a expresarse, pero con mayor potencial transformador dado el contexto de crisis estructural al que nos estamos enfrentando.

Uno de los grandes desafíos del movimiento social y feminista en los actuales procesos de organización de las ollas comunes, redes de abastecimiento y apoyos comunitarios, es que se transformen en una oportunidad para dialogar y problematizar sobre la importancia de poner una “ética del cuidado” al centro de la reestructuración de un nuevo modelo de organización social y económico; esta debiera ser una “ética del cuidado post genérica” (Puleo, 2008) que  transcienda la asignación de roles tradicionales de género, para que así el manteniendo de la vida y el cuidado de otras/os sea una cuestión de todas/os; y que esa expresión del “pueblo ayuda al pueblo” comience a significar un real derrumbe de los cimientos del orden patriarcal tanto en lo público como en lo privado.

En este marco, la necesaria reflexión sobre la acción solidaria de la olla común cobra un sentido histórico, de resistencia, cuidado y lucha social que debe ser reflexionado y rearmado en los imaginarios sociales como una acción de contracultura, poderosa y profunda, que merece ser relevada desde la acción misma a la reflexión en los distintos campos de resistencia y cambio social que formamos las mujeres en toda la amplitud de la palabra realidad.

La fuerza transformadora de estos movimientos sociales liderados por mujeres, deben ser capaces de romper con el orden patriarcal y no sólo quedar en un nivel simbólico subjetivo, ya que significaría que, una vez más terminada la crisis, se vuelva al trabajo doméstico y el cuidado desde la intimidad del hogar, retrocediendo otra vez al espacio privado, a esa trinchera asignada socialmente de la cual nos ha costado tanto salir.

Luego de la crisis debemos haber conseguido cambiar esa estructura de roles de género en la cual hemos avanzando habitando “espacios y roles públicos” antes negados por el orden patriarcal, relevando el protagonismo de las mujeres de las ollas comunes y otras iniciativas de voluntariado liderado por mujeres, no desde una perspectiva maternal, sino como bien expresan nuestras compañeras  del feminismo comunitario del Abya Yala, entendiendo que estas iniciativas ponen la vida y el cuidado al centro, constituyéndose en prácticas de resistencia y transformación social frente al modelo actual que privilegia la producción, precarización y devastación.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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