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Nací en una cancha dispareja

por 13 abril, 2021

Nací en una cancha dispareja

Créditos: Foto de Sebastian Cisternas/Aton Chile

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Nací mujer en una cancha dispareja. Nací mujer y me criaron mujer. Mujer sumisa, mujer callada, mujer protectora, mujer para ser madre. Nací mujer en una sociedad donde importa más lo que hay entre mis piernas, que aquello que vive en mi cabeza. Vivimos siendo juzgadas por ejercer nuestro derecho fundamental a la libertad: la libertad de decidir por sobre nuestros cuerpos, libertad económica, laboral, sexual, reproductiva e, inclusive, de expresión.

Hay una pregunta que no sale de mi cabeza. ¿Por qué? Y es que nacer mujer es determinante en todos los contextos, pero más aún durante la infancia y adolescencia. Tal como señala Carol Eltit en la nota “Violencia en el pololeo: las relaciones tóxicas que se gestan desde temprana edad”, es en esta etapa de la vida donde nos encontramos más vulnerables y expuestos en torno a las violencias.

En establecimientos donde existe una formación con enfoque de género, la violencia disminuye proporcionalmente. Eduquémonos para educar. Formémonos para formar.

En el reciente estudio de Fundación Semilla con respecto a violencias de género en contextos escolares, cuyos resultados serán presentados en un seminario a través de Zoom este 9 de abril, nos encontramos con una realidad frente a la cual no podemos quedar indiferentes. Uno de los resultados más potentes es que las mujeres tienen más del doble de probabilidades de sufrir violencia sexual en sus comunidades escolares, en comparación a sus pares hombres. Con esto debato a todos aquellos que aseguran que la violencia no es un problema de género. La violencia tiene rostro de mujer e, inclusive, de niña.

Pero no solo eso, también se puede observar que 9 de cada 10 estudiantes no confía en los mecanismos de resolución de conflictos de sus establecimientos. Es decir, estamos criando niñes que no creen en la institucionalidad. Cuando nos preguntamos, ¿por qué las mujeres no denuncian? Bueno, aquí está la respuesta. Porque la primera vez que fueron violentadas, siendo unas niñas, no se sintieron escuchadas. ¿Por qué esperamos algo distinto para la adultez?

Y no solo vengo a plantear el problema. Porque la violencia se puede manejar, podemos controlarla. Chile necesita educación sexual. Necesitamos hablar estos temas. Porque también se pudo ver que, en establecimientos donde existe una formación con enfoque de género, la violencia disminuye proporcionalmente. Eduquémonos para educar. Formémonos para formar.

¿Tenemos un problema? Si. ¿Podemos solucionarlo? Si. Que las mujeres dejemos de ser una cifra más de la violencia es tarea de todos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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