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Subvirtiendo los esquemas: una experta “no abogada” a la cabeza del Ministerio de justicia

por 25 enero, 2022

Subvirtiendo los esquemas: una experta “no abogada” a la cabeza del Ministerio de justicia

Créditos: Foto de CF8M

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Vestida con una blusa naranja, una mujer salió el 21 de enero de las puertas del museo de Historia Natural a las 9:30 de la mañana. Llevaba el puño izquierdo en alto y un pañuelo verde, abortista, adornaba su muñeca. Su caminata relajada a través de las puertas acompañaba los símbolos de una mañana cargada de ellos que comenzara con discurso de exaltación de la ternura como un valor político.

Luego, niñas y niños junto a sus madres y padres en el espacio del formalismo; colores en la ropa de las autoridades; errores asumidos con naturalidad y ciudadanos y ciudadanas en las sillas del público. En la presentación del gabinete del Presidente electo, se comenzaron a alejar poco a poco las caminatas orgullosas, impositivas y altivas de los hombres con ternos oscuros que construían el mundo simbólico del gabinete del gobierno anterior, y de muchos de los precedentes luego incluso de la Transición, en que las sillas solo tenían espacio para ellos y sus similares -los de sus colegios, sus familias, sus universidades y sus formas-.

Pero no todo va de símbolos. Marcela Ríos Tobar es la primera mujer no abogada en ser Ministra de Justicia; es socióloga y cientista política y a diferencia de su antecesor, tiene una trayectoria impecable en la protección y promoción del respeto de los Derechos Humanos, en particular, de las reivindicaciones feministas. Pese a esto, algunos y algunas se preguntan ¿por qué una no abogada?

Sin embargo, la pregunta realmente interesante es ¿por qué debería ser abogada?

La Tercera, en una nota aparecida un par de horas luego del anuncio del gabinete, y en particular de esta noticia, nos hace saber una de las respuestas de uno de los integrantes de la Corte Suprema: “Acá hay un lenguaje en particular, un mundo y tradiciones, por eso me parece sorprendente la decisión del Presidente electo”. Es decir, para algunos, quien encabece el Ministerio de Justicia debe conocer el mundo jurídico -en particular judicial- y sus lenguajes y tradiciones.

Luego de ver el anuncio del gabinete, ya deberíamos enterarnos de que una nueva forma de hacer Estado y, por ende, de justicia, está comenzando a ser encarnada por las autoridades.

El presupuesto de su aseveración -la existencia de este mundo con sus propias tradiciones- es difícilmente discutible. Basta con observar desde fuera el Centro de Justicia de Santiago: sus muros y ventanas ascéticas; la distribución del espacio pensada en la eficiencia; sus imponentes alturas y los tonos grises que lo adornan, parecen un reflejo del poder que abogados y abogadas tienen dentro. Son ellos y ellas quienes tienen el conocimiento y la palabra y son ellos quienes las usan con las formalidades que les impone la estructura del derecho y la cultura de los espacios de justicia: son ellos los protagonistas de la justicia.

A pesar de que no abogados participan y conforman día a día la justicia, pareciera que la justicia es el espacio de las y los abogados; con sus tradiciones y sus palabras. Esto, ciertamente lo sabe aquel integrante de la Corte Suprema. Decreta la hegemonía de abogados y abogadas, sabiendo y despreciando -o al menos obviando- que diferentes profesionales aportan con sus conocimientos a la tarea diaria de la justicia; que el Ministerio de Justicia se relaciona con otras instituciones como Gendarmería, Mejor Niñez y no solo el Poder Judicial; que día a día niños, niñas, mujeres y hombres cruzan las puertas de imponentes tribunales como víctimas, imputados/as, demandantes, demandados y testigos; que el Ministerio de Justicia está encargado de las políticas públicas de justicia y su implementación.

Y es que, en el fondo, la respuesta a la pregunta realmente interesante, es que hay quienes están interesados en la mantención de esa hegemonía. La expectativa es que un abogado o abogada encabece el Ministerio de Justicia porque se espera la reproducción de las dinámicas que otorgan a abogados y abogadas el poder entre sus instituciones. Estas tradiciones deben ser conocidas, respetadas y honradas porque perpetúan una cierta forma de hacer justicia.



Luego de ver el anuncio del gabinete, ya deberíamos enterarnos de que una nueva forma de hacer Estado y, por ende, de justicia, está comenzando a ser encarnada por las autoridades. Se construye una manera de hacer Estado que promueve el diálogo entre disciplinas de una manera que diluya las jerarquías actuales: las de los ternos grises, las caminatas altivas y las voces roncas e impositivas que se legitiman a través del uso excesivo de formalismos.

Con Ríos Tobar es que la épica -y ética- de los cuidados y la ternura que ha llenado de contenido el proyecto político de la izquierda en lo posterior a la revuelta popular aspira a ser mucho más que un discurso; aspira a ser constitutiva de una justicia que no se hace por y para abogados. Una justicia en que las voces expertas de diferentes disciplinas son válidas, legítimas y conforman la justicia en la misma medida que abogados y abogadas. Se concretiza la aspiración de que otros conocimientos expertos no son solamente “útiles”, “serviles”, “escuchados”, sino que comparten el poder de hacer justicia en el día a día, en una institución en la cual se abordan problemáticas mucho más complejas y que hoy enfrenta muchos más desafíos y que necesita ampliar sus miradas.

Una justicia que ya no es por y para abogados y abogadas, sino por y para víctimas e imputados; demandantes y demandados; reos y gendarmes. Con espacio para niños, niñas y jóvenes, para reparación y resocialización. Esperemos abrir los horizontes y seguir rompiendo el cerco de lo posible, aprendiendo que se necesitan nuevas miradas para el acceso a la justicia, en una institución compuesta por muchas más personas que encarnan otras profesiones y ocupaciones para llegar a la ciudadanía.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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