BRAGA
Créditos: El Mostrador.
La otra cara de la baja natalidad: maternidad tardía, infertilidad y cierre de unidades obstétricas
La fecundidad en Chile cayó por primera vez bajo un hijo por mujer, marcando un mínimo histórico. Especialistas advierten que la postergación de la maternidad impacta la fertilidad, acelera el envejecimiento poblacional y ya provoca cambios en la red de salud.
La caída de la natalidad en Chile continúa profundizándose y comienza a reflejarse con fuerza en la dinámica demográfica del país, afectando tanto el crecimiento de la población como el recambio generacional.
De acuerdo con el último informe de estadísticas vitales del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), durante 2025 se registraron 146.446 nacidos vivos, una cifra que representa una disminución cercana a los 130 mil nacimientos en comparación con 1993.
El reporte también da cuenta de un hecho sin precedentes: por primera vez, la tasa global de fecundidad en Chile se ubicó por debajo de un hijo por mujer, alcanzando 0,99. El indicador confirma la tendencia sostenida de descenso en los nacimientos que especialistas vienen advirtiendo desde hace años y que hoy plantea nuevos desafíos para la estructura demográfica del país.
Mientras el debate sobre la baja natalidad se concentra principalmente en sus efectos económicos y previsionales, especialistas advierten sobre una dimensión menos visible, pero igualmente relevante: la creciente brecha entre las expectativas sociales en torno a la maternidad y la paternidad, y los límites que impone la realidad biológica. Esta diferencia se ha convertido en un desafío emergente en un contexto marcado por la postergación de la formación de familias y el descenso sostenido de los nacimientos.
En este sentido, junio está marcado por conmemorar el Mes de la Fertilidad. La fecha busca visibilizar la infertilidad como una enfermedad reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y reforzar la necesidad de garantizar un acceso equitativo a los tratamientos de reproducción asistida, en un contexto en que Chile enfrenta una de las tasas de natalidad más bajas del mundo.
Bajo el contexto nacional, El Mostrador conversó con Lorena Pardo, Ginecóloga, Especialista en Fertilidad y Medicina Reproductiva, quien explica que la baja en la natalidad se debe, principalmente, a la postergación de la maternidad. “Hoy las mujeres están teniendo su primer hijo cada vez a edades más avanzadas, y eso tiene un impacto biológico relevante sobre la fertilidad”.
Para Pardo, la maternidad tiene un impacto importante y significativo en las posibilidades reales de contraer un embarazo. “La fertilidad femenina es óptima entre los 18 y 32 años y luego va disminuyendo progresivamente a lo largo de la vida, especialmente después de los 35 años, cuando baja más aceleradamente tanto la cantidad como la calidad de los óvulos. Después de los 40 años, las probabilidades de embarazo espontáneo disminuyen considerablemente”.
La caída de los nacimientos transforma la atención materna en Chile
El informe elaborado por el INE evidencia una transformación sostenida en las nuevas dinámicas familiares y reproductivas de cientos de persona en nuestro país. De acuerdo al estudio, las mujeres y personas gestantes en Chile están teniendo hijos a edades cada más tardías.
De hecho, durante el 2025 la edad promedio de maternidad fue de 30 años. La especialista explica que “muchas veces existe la percepción de que los tratamientos de fertilidad pueden resolver cualquier problema reproductivo, pero si bien ayudan, no logran compensar completamente el efecto de la edad”.
Es tan baja la natalidad de Chile que hay unidades de maternidad en hospitales y clínicas que han debido cerrar. Por ejemplo, en diciembre de 2019, el Hospital Militar de Santiago cerró su Unidad de Maternidad y Neonatología, la decisión fue tomada debido a “la constante baja en la tasa de natalidad nacional (5,6% anual) y, por ende, a las permanentes disminuciones en el número de atenciones de pacientes”.
A ese cierre se le suma el cese de operaciones de la Unidad de Maternidad del Hospital Clínico de la Fuerza Aérea (FACh). Frente a este escenario, se informó que desde el pasado 1 de junio el Hospital de Carabineros (HOSCAR) asumirá las prestaciones de maternidad que actualmente se realizan en el Hospital FACh.
El rol de la educación frente a la caída de la natalidad
Frente a este escenario, Pardo explica que es fundamental entregar información concisa ante los nuevos tratamientos de fertilidad que existen en nuestro país.
Uno de los aspectos que destaca la especialista es abordar de la educación sexual desde una mirada de fertilidad y salud reproductiva. “Hablar de salud reproductiva también implica educar sobre fertilidad, reserva ovárica, impacto de la edad, endometriosis, síndrome de ovario poliquístico y otras condiciones que pueden afectar la posibilidad de embarazo en el futuro”.
“A pesar de que hoy existe más información disponible, especialmente en redes sociales, respecto al ‘reloj biológico’ y al impacto de la edad sobre la fertilidad, todavía muchas personas desconocen cómo cambia la capacidad reproductiva a lo largo de la vida. Eso hace que muchas mujeres consulten tardíamente, cuando las posibilidades reproductivas ya han disminuido”, agrega.
El alto costo de la medicina reproductiva y la necesidad de nuevas políticas
Uno de los tratamientos que más ha ganado terreno en cuanto a la fertilidad es la ovodonación. Sin embargo, aún persisten ciertas dudas y miedos.
Para Pardo, en parte lo anterior se debe a que los tratamientos de fertilidad siguen siendo altamente costosos e inaccesibles para gran parte de la población en Chile. “El primer paso es entender que la infertilidad es una enfermedad y no simplemente un deseo personal, porque eso cambia la manera en que como sociedad abordamos el problema”.
“Por otro lado, se debe entender que realizar medicina reproductiva de calidad implica costos elevados. Estos tratamientos requieren tecnología avanzada, laboratorios altamente especializados, control de calidad permanente y equipos profesionales con formación específica. Por eso, cualquier avance en accesibilidad debe considerar los costos reales asociados a este tipo de medicina. De lo contrario, existe el riesgo de generar tratamientos subóptimos, con menores tasas de éxito y resultados frustrantes tanto para los pacientes como para los centros médicos”, enfatiza.
Finalmente, la especialista sostiene que las políticas públicas tienen un rol central en cuanto a los tratamientos que existen de fertilidad. Pardo enfatiza en que es clave generar condiciones que permitan compatibilizar la crianza con el trabajo y la vida personal. “Eso implica avanzar en sistemas de cuidado, acceso a salas cuna, estabilidad laboral y protección durante la maternidad y paternidad”.
“Además se debe avanzar hacia modelos de coparentalidad más equitativos también podría ayudar a disminuir parte de las brechas laborales que todavía enfrentan muchas mujeres en edad fértil, donde la maternidad sigue siendo percibida como una carga que recae principalmente sobre ellas”, concluye.