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Créditos: Cedida.
Mayor longevidad y mujeres sin hijos impulsan el interés por una mejor jubilación femenina
Con una natalidad en mínimos históricos, una mayor expectativa de vida y una disminución sostenida en la densidad de cotizaciones, cada vez más mujeres buscan alternativas previsionales que les permitan contar con mayores ingresos durante los primeros años de la jubilación.
Chile atraviesa una transformación demográfica que está redefiniendo la manera en que las personas enfrentan la jubilación. La tasa global de fecundidad cayó a 0,99 hijos por mujer en 2025 y se proyecta que alcance 0,92 durante este año, mientras que la esperanza de vida continúa aumentando. Actualmente, las mujeres viven en promedio 84,3 años, casi cinco años más que los hombres, según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadísticas (INE).
Este escenario también está modificando las prioridades al momento de pensionarse. Para un número creciente de mujeres que no tuvo hijos o que desarrolló un proyecto de vida independiente, el objetivo ya no es necesariamente dejar una herencia, sino asegurar una mejor calidad de vida durante los años en que mantienen autonomía, buena salud y capacidad para emprender nuevos proyectos.
A ello se suma un desafío previsional importante. De acuerdo con cifras de la Superintendencia de Pensiones, la densidad promedio de cotizaciones de las mujeres que se pensionaron en marzo llegó al 46%, el nivel más bajo desde 2020. En el mismo período, los hombres registraron una densidad de 65%, ampliando la brecha entre ambos a 19 puntos porcentuales, la mayor desde que existen registros comparables.
Jubilación femenina: nuevas prioridades y mayor flexibilidad
En este contexto, algunas modalidades previsionales comienzan a cobrar mayor protagonismo. Una de ellas es la renta vitalicia con cláusula de aumento temporal, alternativa que permite incrementar la pensión durante los primeros años de jubilación —incluso hasta duplicarla, dependiendo de cada caso—, manteniendo siempre un monto fijo y garantizado de por vida. Finalizado el período definido, la pensión vuelve al valor originalmente pactado.
Para María Elena Undurraga, gerenta de Sostenibilidad y Personas de Penta Vida, esta tendencia refleja un cambio mucho más profundo que el estrictamente previsional. “Hoy las personas llegan a la jubilación con expectativas distintas a las de generaciones anteriores. Muchas mujeres proyectan esta etapa como un período activo, con espacio para estudiar, emprender o simplemente disfrutar de mayor tranquilidad. Eso hace que la forma de planificar los ingresos durante esos primeros años cobre una importancia distinta”, explica.
En el caso de las mujeres que no tienen hijos o personas económicamente dependientes, esta modalidad puede resultar especialmente atractiva, ya que permite destinar una mayor parte de los recursos a los años en que existe mayor autonomía y calidad de vida.
En la práctica, una mujer que opta por una renta vitalicia puede elegir recibir una pensión más alta durante un período determinado —habitualmente entre uno y cinco años, aunque existen plazos mayores— para disponer de mayores ingresos en la etapa más activa de su jubilación.
Renta vitalicia: una alternativa para quienes buscan estabilidad
Otro aspecto relevante es que la renta vitalicia entrega una pensión fija en UF durante toda la vida, a diferencia del retiro programado, cuyo monto se recalcula anualmente y puede disminuir a medida que se reducen los fondos acumulados. Esta característica cobra especial importancia considerando que las mujeres tienen una mayor expectativa de vida que los hombres.
Si bien al contratar una renta vitalicia los fondos dejan de formar parte de la herencia porque pasan a la compañía de seguros, existen mecanismos como la cláusula de período garantizado, que permite proteger económicamente a las personas designadas por la pensionada —sean o no familiares directos— durante un plazo previamente establecido.
Según Undurraga, el principal desafío para la industria previsional será responder a los cambios demográficos y sociales que vive el país. “Las mujeres están construyendo proyectos de vida distintos a los de generaciones anteriores. Cada vez serán más las personas que llegan a la jubilación sin hijos o con estructuras familiares diferentes, y eso exige soluciones previsionales más flexibles, que permitan privilegiar el bienestar y la calidad de vida durante los años en que todavía existe mayor autonomía”, concluye.