BRAGA
Independencia económica de las mujeres: las desigualdades que persisten dentro de la pareja
Ganar más que la pareja puede enfrentar a las mujeres con mandatos de género que alimentan la culpa y la sobrecarga doméstica. La especialista Paola Schiaffino aborda cómo estas creencias condicionan la autonomía económica y las relaciones afectivas.
La independencia económica de las mujeres también plantea desafíos dentro de las relaciones de pareja. La persistencia de roles que asocian al hombre con la provisión de ingresos y a la mujer con las responsabilidades domésticas puede alimentar sentimientos de culpa, sobrecarga y temor al conflicto cuando ellas comienzan a ganar más.
Este escenario se desarrolla en un contexto de brechas persistentes. Según el Informe sobre la Brecha Global de Género 2026, elaborado por el Foro Económico Mundial, Chile retrocedió siete puestos en el índice global. En el ámbito de las relaciones personales, la discusión apunta a cómo las expectativas de género influyen en la manera de vivir y compartir los logros económicos.
Ganar más y asumir una doble exigencia
De acuerdo con un estudio de Destácame.cl, apenas un 15% de las mujeres en Chile percibe remuneraciones superiores a las de sus parejas. Para algunas, convertirse en la principal fuente de ingresos del hogar puede ir acompañado de la presión de “compensar” ese cambio con una mayor dedicación a las tareas domésticas.
La distribución del trabajo remunerado y no remunerado forma parte de este problema. Según los datos citados de la II Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) del INE, las mujeres ocupadas en Chile enfrentan una “carga global de trabajo” que se aproxima a las 11 horas diarias y destinan, en promedio, dos horas y cinco minutos a tareas del hogar.
Para Paola Schiaffino, especialista en bienestar financiero, estas tensiones están vinculadas con aprendizajes que se incorporan desde la infancia y que condicionan las expectativas sobre la vida en pareja.
“Crecimos con la idea grabada de que el hombre es el proveedor por naturaleza. Por eso persiste el mito, que muchas asumen como realidad, de que una mujer empoderada y que sabe lo que quiere asusta a los hombres”, explica.
“Cuando a ella le empieza a ir mejor económicamente, suele aparecer la culpa y un esfuerzo desmedido por demostrar que sigue cumpliendo su rol en la casa. Pero es importante aclarar que esto es una percepción, no necesariamente la norma”.
Cuando los logros se viven con culpa
Desde la perspectiva de la especialista, el temor a que un aumento de ingresos altere la relación puede llevar a algunas mujeres a restar importancia a sus logros, ocultar cuánto ganan o asumir más responsabilidades domésticas para evitar conflictos.
Así, la seguridad con la que se desenvuelven en sus negocios o actividades laborales no siempre se refleja en su vida íntima. El miedo al rechazo o al abandono puede traducirse en una mayor autoexigencia y en dificultades para ejercer su autonomía dentro de la pareja.
La distinción que plantea Schiaffino es relevante: la idea de que el éxito económico femenino representa una amenaza para los hombres responde a una percepción que no necesariamente describe lo que ocurre en todas las relaciones.
Hablar de dinero y revisar los acuerdos
“El dinero es un reflejo exacto de cómo nos vinculamos y desde dónde nos valoramos”, destaca Schiaffino. La especialista explica que parte de su trabajo consiste en acompañar a las mujeres a cuestionar estos patrones, fortalecer su autoestima y revisar las creencias que relacionan su desarrollo económico con un posible conflicto afectivo.
En ese proceso, propone abordar las finanzas con honestidad y revisar cómo se distribuyen las responsabilidades dentro del hogar. El desafío, sostiene, es que los avances económicos de las mujeres puedan ser compartidos y reconocidos en la pareja sin que ellas sientan que deben minimizar sus logros o asumir una carga adicional para preservar la relación.