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Crédito: El Mostrador.
Déficit atencional en mujeres: por qué muchas llegan al diagnóstico en la adultez
La detección del déficit atencional puede retrasarse en mujeres debido a perfiles inatentos e internalizados. Andrea Mira, del Observatorio de Neurodivergencias UNAB, explica cómo el enmascaramiento y la menor visibilidad de las señales pueden postergar el diagnóstico.
La imagen tradicional del déficit atencional suele estar vinculada a la hiperactividad y a las conductas visibles en el aula. Sin embargo, esa representación no necesariamente refleja cómo se manifiesta la condición en todas las mujeres.
Para muchas, las dificultades pueden permanecer ocultas durante años. La desorganización, el agotamiento, los problemas para gestionar el tiempo o una sensación permanente de sobrecarga pueden interpretarse como rasgos personales, falta de organización o sensibilidad.
Andrea Mira, directora del Observatorio de Neurodivergencias de la Universidad Andrés Bello, explica que esta diferencia en la detección también está relacionada con la manera en que históricamente se han construido los criterios de evaluación.
¿Por qué el déficit atencional puede pasar inadvertido en mujeres?
De acuerdo con Mira, la menor detección no significa que la condición esté menos presente en las mujeres, sino que puede manifestarse de una manera menos visible para el entorno.
“Históricamente, los criterios diagnósticos y los marcos de observación clínica en salud mental se han construido sobre la base de la presentación masculina del déficit atencional. Como resultado, miles de mujeres y niñas han debido transitar por trayectorias vitales marcadas por la incomprensión, el agotamiento y el diagnóstico tardío” explica Mira.
La especialista señala que “la brecha en la detección temprana responde a múltiples factores estructurales y socioculturales. Las escalas de evaluación tradicionales priorizan las conductas externalizantes, como la hiperactividad motora disruptiva, las cuales son más frecuentes en varones. Por el contrario, las mujeres presentan predominantemente perfiles inatentos e internalizados, caracterizados por desorganización, pensamientos acelerados y un profundo esfuerzo por cumplir con las normas sociales de género”.
Niñas que cumplen con las exigencias, pero hacen un esfuerzo mayor
Una de las dificultades para detectar estas señales durante la infancia es que no necesariamente generan problemas visibles en el entorno escolar.
“La visibilidad de las dificultades se diluye porque muchas niñas no generan una interrupción disruptiva en el aula. Pueden obtener resultados aceptables o pasar desapercibidas, aunque internamente estén realizando un enorme esfuerzo para responder a las exigencias académicas y sociales”, sostiene.
De esta manera, algunas señales pueden quedar sin identificar tanto por parte de las familias como de profesores y profesionales de la salud.

Crédito: El Mostrador.
El enmascaramiento y el desgaste emocional
Otro concepto mencionado por la académica es el “enmascaramiento”, entendido como las estrategias que algunas mujeres desarrollan para compensar u ocultar sus dificultades frente a los demás.
“La literatura científica evidencia que las mujeres desarrollan complejas estrategias de enmascaramiento y compensación para ocultar sus dificultades y evitar el juicio social. Este sobreesfuerzo constante no solo retrasa la identificación clínica, sino que genera un importante desgaste emocional”, explica la directora del Observatorio de Neurodivergencias UNAB.
El problema puede extenderse cuando las necesidades asociadas a la neurodivergencia son interpretadas de manera aislada. “Eso retrasa aún más el acceso a apoyos adecuados”, señala.
Entre las manifestaciones que pueden pasar inadvertidas durante la infancia y adolescencia se encuentran las dificultades para organizar tareas y administrar el tiempo, la sensación permanente de sobrecarga mental, el agotamiento crónico, la irritabilidad y una baja tolerancia a la frustración.
También pueden aparecer sentimientos persistentes de ser diferentes respecto de sus pares.
“Muchas veces estas señales son interpretadas erróneamente como falta de organización, sensibilidad excesiva o simples rasgos de personalidad. Sin embargo, detrás de ellas puede existir una condición que requiere comprensión y apoyo especializado”, explica Mira.
La académica sostiene que estas experiencias pueden tener efectos emocionales desde edades tempranas.
¿Qué ocurre cuando el diagnóstico llega en la adultez?
El diagnóstico tardío puede llegar después de años en los que las dificultades fueron interpretadas de distintas maneras. Según la información entregada, las investigaciones muestran que las mujeres con diagnóstico tardío presentan mayores tasas de baja autoestima, culpa internalizada, ansiedad y síntomas depresivos.
Pero la identificación de la condición en la adultez también puede modificar la manera en que una persona interpreta sus experiencias anteriores.
“Vivir sin un marco explicativo durante la infancia y la juventud deja una huella profunda. No obstante, la llegada de un diagnóstico formal en la adultez ejerce un rol transformador y profundamente validante para muchas mujeres”, afirma Mira.
Comprender la propia neurodivergencia puede permitir reinterpretar experiencias anteriores desde una perspectiva diferente y facilitar el acceso a redes de apoyo.
“Para la gran mayoría de las mujeres, entender su diagnóstico actúa como un momento de revelación. Muchas dejan de pensar que eran flojas, incapaces o defectuosas y comienzan a comprender que existe una forma distinta de procesar la información y relacionarse con el entorno. Esto facilita el acceso a redes de apoyo, fortalece la autoaceptación y permite construir una narrativa de empoderamiento”, concluye.