Publicidad
De la cocina a la apariencia y la edad: el trato a Bachelet, Matthei y a las mujeres en política BRAGA

De la cocina a la apariencia y la edad: el trato a Bachelet, Matthei y a las mujeres en política

Publicidad

Los dichos de Javier Olivares, Johannes Kaiser y Rodolfo Carter provocaron respuestas incluso desde sus propios sectores y llevaron a advertir sobre una “epidemia de maltrato” contra las mujeres en política.


El Mostrador Fuente Preferida

Una eventual tercera candidatura presidencial de Michelle Bachelet bastó para abrir nuevamente el debate político sobre su figura. Pero parte de las reacciones rápidamente abandonaron la evaluación de sus dos gobiernos, sus posibilidades electorales o sus posiciones políticas y se trasladaron a otro terreno: su edad, su estado físico, sus nietos y hasta la cocina.

El episodio se produjo, además, casi simultáneamente con otra controversia protagonizada por Evelyn Matthei. La excandidata presidencial había cuestionado la conducción del Gobierno y la influencia del Partido Republicano en La Moneda cuando el senador independiente cercano a Republicanos Rodolfo Carter respondió apuntando al supuesto “rencor” de la exalcaldesa.

“Siendo de las políticas más talentosas, más trabajadoras, más inteligentes”, sostuvo Carter, Matthei estaría “descontroladamente llena de rencor”. Luego añadió una referencia que terminaría encendiendo la polémica: “Ojalá que cuando llegue yo a su edad no termine así”.

Dos mujeres políticamente enfrentadas —Bachelet y Matthei— terminaban así compartiendo algo: las críticas contra ellas habían incorporado elementos relacionados con su edad y género.

“Cocinar unas buenas cazuelas”

La controversia aumentó después de que el diputado del Partido de la Gente Javier Olivares reaccionara a la posibilidad planteada por Bachelet de volver a competir por La Moneda.

Olivares sostuvo que cualquier alternativa que mantuviera a la expresidenta alejada de la política sería positiva para el país y expresó su deseo de que regresara a su casa y disfrutara de sus nietos. Pero fue todavía más lejos: sugirió que Bachelet podría seguir los pasos de Matthei y dedicarse a “cocinar y hacer unas buenas cazuelas”.

La respuesta de Matthei tuvo una particularidad: salió en defensa de una adversaria política histórica. “A las mujeres en política se nos juzga por nuestras capacidades, ideas y gestión, no por las tareas del hogar”, señaló. La exalcaldesa recordó que ella y Bachelet tienen posiciones políticas diferentes, pero ambas se han ganado por trayectoria el derecho a decidir su futuro.

“En Chile, el tiempo donde mandaban a las mujeres ‘a la cocina’ ya pasó”, remató.

El episodio contiene uno de los elementos centrales de la discusión de género que abrió la polémica: el problema no está en cocinar, cuidar nietos o dedicarse a la familia, sino en utilizar esas actividades para señalar cuál debiera ser el espacio que corresponde a una mujer cuando abandona —o alguien considera que debería abandonar— la primera línea política.

Kaiser y el estado físico de Bachelet

A los cuestionamientos se sumó el presidente del Partido Nacional Libertario, Johannes Kaiser, aunque desde un ángulo diferente. Al analizar una eventual tercera candidatura de Bachelet, Kaiser puso en duda que la expresidenta estuviera físicamente en condiciones de asumir nuevamente una campaña y posteriormente la Presidencia.

Recordó que Bachelet tiene actualmente 74 años y tendría 77 o 78 en las próximas elecciones. “Yo creo que la salud de la expresidenta está deteriorada, se nota”, sostuvo. También argumentó que no la veía haciendo deporte ni realizando largas caminatas.

La periodista Mónica Rincón lo confrontó recordándole la edad de Donald Trump, mayor que Bachelet, pese a lo cual Kaiser ha respaldado al mandatario estadounidense. El dirigente libertario insistió en que, a su juicio, las condiciones físicas de ambos eran diferentes.

La discusión ahora se trataba de hasta qué punto la edad y la apariencia física se transforman en parámetros utilizados de manera distinta para juzgar la permanencia de hombres y mujeres en posiciones de poder.

Pamela Jiles contra su propio compañero de partido

Una de las respuestas más duras surgió precisamente desde el Partido de la Gente. Pamela Jiles salió públicamente a enfrentar a su compañero de colectividad Javier Olivares. “El respeto a las mujeres es primordial”, afirmó la diputada, subrayando que mantiene “enormes diferencias” con Michelle Bachelet, pero que eso no significa aceptar “el maltrato de ningún varón a figuras femeninas de la política”.

También apuntó contra Kaiser. Para Jiles, sus comentarios constituían “una rotería contra una mujer” y eran parte de lo que calificó como una “verdadera epidemia de maltrato a figuras femeninas de la política en razón de su cuerpo y de su género”. Incluso devolvió el cuestionamiento físico al dirigente libertario, poniendo en duda que estuviera “en posición de criticar el estado físico de otras personas”.

La diputada terminó planteando la necesidad de levantar un “cordón sanitario a cualquier forma de violencia contra las mujeres”.

Las diferencias también aparecieron dentro del PDG. Los diputados Roberto Arroyo y Patricio Briones tomaron distancia de Olivares. Arroyo sostuvo que las mujeres “merecen el mismo respeto y reconocimiento que cualquier hombre” que participa en política y agregó que no corresponde decirles dónde deben estar ni qué hacer con sus vidas. Briones, en tanto, cuestionó la forma utilizada por su compañero de partido.

Judith Marín entra en la controversia

La discusión adquirió una dimensión institucional cuando intervino la ministra de la Mujer y Equidad de Género, Judith Marín.

La secretaria de Estado —proveniente del mundo conservador y del Partido Social Cristiano— cuestionó directamente a Olivares y estableció una diferencia entre valorar las tareas domésticas y utilizarlas como argumento para excluir a una mujer del espacio público.

“Cocinar, cuidar o estar con la familia no tiene nada de malo. Lo que no corresponde es decirle a una mujer que ese es el lugar que debe ocupar solo por el hecho de ser mujer”, sostuvo.

Luego emplazó directamente al diputado: “Las mujeres podemos estar en los lugares que queramos. Yo no lo voy a mandar a la cocina ni a ningún otro lugar, sí le pediría algo bastante más simple: que se disculpe”.

Olivares no solo rechazó hacerlo, sino que elevó el enfrentamiento. “No le debo disculpas a nadie”, respondió. Luego apuntó directamente contra Marín y la institucionalidad que encabeza: “Antes de que cerremos su ministerio —un gasto excesivo y sin resultados—, preocúpese de las mujeres de Prodemu”.

El parlamentario descartó además que sus palabras fueran discriminatorias y aseguró que no entraría en lo que denominó “el juego de la victimización”. “Lo dicho, dicho está, y no cambio ni una sola coma de mis palabras”, afirmó.

La controversia deja así una discusión que excede a Bachelet y Matthei y que tampoco depende de compartir sus posiciones políticas: qué atributos se consideran legítimos a la hora de juzgar a una mujer que ejerce o pretende ejercer poder.

Publicidad