BRAGA
Nobel alternativo reconoce a defensoras de los derechos de las mujeres y a una experta en IA
El Nobel alternativo distinguió a Jalila Haider y a la Asamblea de Mujeres Rurales por su lucha contra la violencia patriarcal, a Timnit Gebru por promover una inteligencia artificial ética y a jóvenes abogados de Georgia por defender la democracia frente al autoritarismo.
La fundación sueca Right Livelihood Award distinguió con el denominado «Nobel alternativo» a la abogada paquistaní Jalila Haider, por su trabajo en defensa de comunidades perseguidas y de los derechos de las mujeres; a la Asamblea de Mujeres Rurales de Sudáfrica, por su labor en favor de las agricultoras y su acceso a la tierra; y a la investigadora estadounidense de origen eritreo Timnit Gebru, por promover un desarrollo más responsable de la inteligencia artificial (IA).
El galardón, que desde 1980 reconoce a personas y organizaciones que trabajan para resolver problemas sociales y ambientales, también premió a la Asociación de Jóvenes Abogados Georgianos (GYLA, por sus siglas en inglés), por su contribución a la defensa de los derechos fundamentales y las instituciones democráticas en Georgia.
Justicia y oportunidades para las mujeres
El jurado distinguió a Jalila Haider, la primera mujer de la comunidad hazara en convertirse en abogada, por su trabajo frente a la discriminación étnica, la persecución política y la violencia contra las mujeres. Su trayectoria se centra en la defensa de personas que enfrentan barreras para acceder a la justicia, ya sea por su origen, religión o género.
Según el fallo, Haider combina la asesoría jurídica con la movilización social y el trabajo con las comunidades para defender a personas que han sido perseguidas o que encuentran dificultades para hacer valer sus derechos. Su labor ha beneficiado especialmente a minorías étnicas y religiosas, mujeres y refugiados.
Nacida en 1984 en Quetta, Pakistán, Haider encabezó en 2018 una huelga de hambre para exigir justicia por los asesinatos de integrantes de la comunidad hazara. La movilización dio lugar a negociaciones con las autoridades y contribuyó a visibilizar la violencia que afectaba a este grupo. También cofundó el Frente Democrático de Mujeres e impulsó la primera marcha de mujeres en la provincia de Baluchistán.
A través de su organización We the Humans (Nosotros, los humanos), Haider ha ayudado a más de 400 viudas de víctimas del terrorismo a avanzar hacia la independencia económica. Además, ha contribuido a que más de 600 activistas políticos y defensores de los derechos humanos recuperen su libertad de movimiento.
Su trabajo aborda un problema que afecta a muchas mujeres en contextos de violencia: la pérdida de ingresos y de autonomía económica tras la muerte de sus parejas, así como las dificultades para acceder a recursos legales y reconstruir sus vidas.
Mujeres rurales: acceso a la tierra y autonomía económica
La Asamblea de Mujeres Rurales de Sudáfrica (RWA, por sus siglas en inglés) fue reconocida por su trabajo con agricultoras de pequeña escala y por defender sus derechos sobre la tierra, las semillas y los recursos necesarios para producir alimentos.
Fundada en 2009 en Ciudad del Cabo, la organización reúne, según el jurado, a más de 178.000 agricultoras en 11 países africanos. Su estructura se basa en la participación de las propias integrantes y en una organización horizontal, en la que las mujeres intervienen directamente en las decisiones y prioridades del colectivo.
Uno de sus principales objetivos es mejorar las condiciones de las agricultoras que, pese a desempeñar un papel relevante en la producción de alimentos, enfrentan obstáculos para acceder a la propiedad de la tierra, obtener financiamiento o participar en las decisiones sobre el uso de los recursos agrícolas.
La RWA ha documentado cientos de variedades de semillas locales y promueve la continuidad de los sistemas tradicionales de cultivo y comercialización. Estas prácticas contribuyen a preservar la diversidad agrícola y los conocimientos transmitidos entre generaciones, además de apoyar la producción de alimentos adaptados a las condiciones de cada territorio.
La organización también ha impulsado la participación de las mujeres rurales en la discusión de políticas públicas. Entre sus aportes, el jurado destaca su contribución a iniciativas legislativas en Zambia para favorecer un acceso más equitativo de las mujeres a la tierra, en 2016, y en Esuatini para abordar los abusos sexuales y la violencia doméstica, en 2018.
Su trabajo pone de relieve cómo el acceso a la propiedad, los ingresos y los espacios de decisión puede influir en las oportunidades de las mujeres y en su capacidad para sostener sus actividades productivas y sus comunidades.
Georgia: abogados que defienden las instituciones democráticas
La Asociación de Jóvenes Abogados Georgianos (GYLA) recibió el premio por su trayectoria en la defensa de los derechos fundamentales y su contribución al desarrollo de las instituciones democráticas del país.
Fundada en 1994, es una de las organizaciones de derechos humanos más antiguas de Georgia. Sus integrantes participaron en la elaboración de la primera Constitución del país tras su independencia y, desde entonces, han trabajado en la promoción del acceso a la justicia y la protección de los derechos ciudadanos.
Según el jurado, la asociación ha proporcionado alrededor de 1,5 millones de consultas jurídicas gratuitas en un país de 3,7 millones de habitantes. También ha contribuido a defender los derechos de las personas con discapacidad y el acceso a la educación infantil.
El reconocimiento destaca, además, la decisión de la organización de continuar sus actividades en Georgia pese a las dificultades que enfrenta en el contexto de la legislación sobre agentes extranjeros, una normativa que ha generado preocupación entre organizaciones de la sociedad civil por sus posibles efectos sobre la independencia y el funcionamiento de estas entidades.
Timnit Gebru: una inteligencia artificial más responsable
La investigadora estadounidense de origen eritreo Timnit Gebru fue reconocida por su trabajo en favor de una inteligencia artificial desarrollada con mayor responsabilidad, diversidad y atención a sus posibles consecuencias sociales.
A través del Instituto de Investigación de la Inteligencia Artificial Distribuida (DAIR, por sus siglas en inglés), Gebru ha cuestionado la concentración de recursos y capacidad de decisión en unas pocas grandes empresas tecnológicas. Su investigación también ha puesto el foco en los riesgos de los sistemas de IA cuando se diseñan con datos que no representan adecuadamente a toda la población o cuando sus resultados perjudican de manera desproporcionada a determinados grupos.
Estos problemas pueden manifestarse, por ejemplo, en herramientas automatizadas que identifican peor a algunas personas, reproducen prejuicios presentes en sus datos de entrenamiento o toman decisiones que afectan el acceso a oportunidades y servicios.
Gebru, quien anteriormente dirigió el equipo de ética de la inteligencia artificial de Google, también fundó Black in AI, una iniciativa destinada a ampliar la participación de investigadores negros en este campo.
El jurado destacó el modelo de DAIR, que reúne a investigadores y colaboradores de distintos países y promueve una investigación menos dependiente de las prioridades de las grandes corporaciones. La iniciativa busca que las comunidades afectadas por estas tecnologías tengan mayor presencia en las discusiones sobre cómo se diseñan, desarrollan y utilizan.
Su trabajo plantea una pregunta cada vez más relevante a medida que la IA se incorpora a distintos ámbitos de la vida cotidiana: quiénes participan en su desarrollo, qué intereses orientan sus aplicaciones y cómo se evalúan sus efectos sobre la sociedad.
Un premio a iniciativas con impacto social
El Right Livelihood Award, cuyo nombre puede traducirse como Premio al Correcto Modo de Vida, fue creado en 1980 por el escritor y ex eurodiputado sueco-alemán Jakob von Uexküll. Desde entonces, ha reconocido a cerca de dos centenares de personas y organizaciones por su trabajo en ámbitos como los derechos humanos, la protección ambiental y la justicia social.
Los premios de esta edición, dotados cada uno con un millón de coronas suecas —equivalentes, según la información difundida, a unos 88.000 euros o 100.000 dólares—, serán entregados en Estocolmo el próximo 1 de diciembre.