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Kathy Salosny responde a críticas por su apariencia: el costo de envejecer para las mujeres públicas BRAGA Crédito: Instagram.

Kathy Salosny responde a críticas por su apariencia: el costo de envejecer para las mujeres públicas

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La animadora de 62 años enfrentó comentarios sobre sus arrugas, su aspecto y el paso del tiempo después de publicar fotografías sin maquillaje en redes sociales. El episodio vuelve a poner sobre la mesa una presión especialmente persistente para las mujeres: la exigencia de mantenerse jóvenes.


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Kathy Salosny volvió a ser objeto de comentarios sobre su apariencia física. No por un cambio de look, un nuevo programa o alguna declaración polémica, sino simplemente por mostrarse como es a los 62 años.

La animadora publicó en Instagram una serie de fotografías de un fin de semana acompañadas por la frase “finde magnífico”. Las imágenes, en las que aparece con un aspecto relajado y sin maquillaje, recibieron numerosos mensajes positivos, pero también comentarios que apuntaron directamente a su edad y apariencia. Algunos usuarios la calificaron de “vieja” y “descuidada” o aseguraron que “se le vinieron los años encima”.

Salosny decidió responder. “Me divierten los comentarios de que estoy vieja, ¡es evidente!”, escribió. Luego planteó que nunca ha intentado esconder el paso del tiempo y emplazó a quienes la cuestionaban a revisar su propia relación con la imagen que observan frente al espejo.

Crédito: Instagram.

El episodio vuelve a tocar un problema que la propia comunicadora viene planteando desde hace años: ¿por qué el envejecimiento femenino continúa siendo tratado como una pérdida y, especialmente entre las mujeres que trabajan o trabajaron frente a las cámaras, como una anomalía que necesita explicación?

Kathy Salosny y las críticas por su edad: un episodio que no es nuevo

No es la primera ocasión en que Kathy Salosny recibe cuestionamientos de este tipo. En 2020, cuando publicó una fotografía junto a su mascota, una usuaria comentó que estaba arrugada y que parecía tener 70 años. La animadora respondió entonces reivindicando sus arrugas. El episodio generó apoyo de sus seguidores, pero mostró un patrón que seis años después vuelve a repetirse: la evaluación pública de una mujer conocida a partir de cuánto ha envejecido.

La propia Salosny ha relacionado esta presión estética con el funcionamiento de la televisión. En junio de 2026, durante su participación en La Divina Comida, reflexionó sobre su alejamiento de la pantalla y sostuvo que las mujeres cargan con una suerte de límite profesional asociado al envejecimiento. “Las mujeres llevamos en nuestro inconsciente una fecha de caducidad”, afirmó, aludiendo a las canas, las arrugas y los cambios de peso como características que son evaluadas de manera distinta cuando aparecen en un rostro femenino.

Su observación no se limita al mundo del espectáculo.

Crédito: Instagram.

Edadismo de género: cuando envejecer no significa lo mismo para hombres y mujeres

La Organización Mundial de la Salud define el edadismo como los estereotipos, prejuicios y formas de discriminación dirigidos hacia una persona en función de su edad. También advierte que este fenómeno puede entrecruzarse con otras desigualdades, entre ellas las relacionadas con el sexo.

Cuando edad y género se cruzan aparece lo que distintos organismos internacionales denominan “edadismo de género” o gendered ageism.

El Informe Mundial sobre el Edadismo elaborado por la OMS y Naciones Unidas aborda precisamente esta diferencia: mientras las canas y las arrugas de los hombres pueden asociarse culturalmente con experiencia, madurez o prestigio, esos mismos signos suelen ser interpretados negativamente cuando aparecen en las mujeres. El informe también identifica una mayor presión sobre ellas para ocultar las señales visibles del envejecimiento.

Un documento conjunto de Naciones Unidas y ONU Mujeres sobre mujeres mayores advierte, además, que los estereotipos de género no desaparecen con los años. Por el contrario, pueden combinarse con ideas relacionadas con la edad y producir una forma específica de desigualdad.

Esa diferencia ayuda a explicar por qué expresiones aparentemente triviales como “se ve vieja” tienen una dimensión que trasciende a Kathy Salosny.

El cuerpo e imagen de las mujeres como un examen permanente

Las figuras públicas están expuestas al escrutinio sobre su imagen, independientemente de su género. Sin embargo, el punto está en qué se evalúa y qué consecuencias sociales tiene esa evaluación.

En el caso de las mujeres, juventud y atractivo físico han formado históricamente parte de los atributos mediante los cuales se mide su valor público. En televisión, publicidad y entretenimiento esto adquiere una dimensión particularmente visible: adelgazar, engordar, tener canas, arrugas, utilizar maquillaje, dejar de usarlo o someterse a intervenciones estéticas pueden convertirse rápidamente en noticia.

El resultado puede parecer contradictorio. Una mujer que muestra signos naturales de envejecimiento es cuestionada por “descuidarse”. Si intenta reducirlos mediante tratamientos o procedimientos estéticos, puede ser cuestionada por “no aceptar la edad”. Si posa maquillada, puede ser acusada de ocultarse. Si aparece al natural, su rostro se transforma en materia de evaluación.

Es una vara difícil de satisfacer porque el problema no necesariamente está en cómo envejece la mujer, sino en la expectativa de que no debería parecer que envejece.

La OMS ha advertido que el edadismo no es una cuestión meramente lingüística. Los estereotipos relacionados con la edad pueden afectar el bienestar, las oportunidades y la participación social de las personas. A escala mundial, el organismo calcula que una de cada dos personas mantiene actitudes edadistas hacia las personas mayores.

Mujeres mayores en televisión: entre la experiencia y la invisibilidad

El caso de Kathy Salosny también permite ampliar la discusión a la presencia de mujeres mayores en los medios.

Salosny desarrolló buena parte de su trayectoria en televisión desde que se convirtió en uno de los rostros emblemáticos de Extra Jóvenes y posteriormente encabezó programas como Buenos Días a Todos y Mucho Gusto. Hoy mantiene proyectos fuera de los grandes canales de televisión abierta.

Su generación permite observar cómo ha cambiado —y cuánto permanece— la manera en que la televisión representa a las mujeres. Un marco de trabajo de la OMS sobre mujeres y envejecimiento ya advertía sobre una asimetría cultural: mientras a los hombres se les puede asociar con sabiduría a medida que envejecen, las mujeres tienen mayores probabilidades de hacerse “invisibles” en la mediana edad. El organismo vincula esta desventaja con la histórica asociación entre el valor femenino, la belleza y la juventud.

No significa que todo alejamiento de una conductora de televisión responda a discriminación por edad ni que los hombres estén libres de edadismo. Significa que existe un contexto cultural que hace que el envejecimiento pueda tener consecuencias diferentes dependiendo del género.

La respuesta de Salosny resulta significativa precisamente porque evita justificar cómo luce. No explicó si usa o no cremas. No prometió adelgazar. No argumentó que “se conserva bien para su edad”. Tampoco negó estar envejeciendo.

Reconoció algo obvio y claro: tiene 62 años y el tiempo ha pasado. Al hacerlo, desplaza la pregunta. En vez de preguntarse qué le ocurrió al rostro de Kathy Salosny, invita a preguntarse por qué un rostro femenino que muestra el paso del tiempo continúa generando tanta incomodidad.

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