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Cáncer de mama: cómo influyen la alimentación y la actividad física en el riesgo BRAGA Crédito: El Mostrador.

Cáncer de mama: cómo influyen la alimentación y la actividad física en el riesgo

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La alimentación y la actividad física pueden influir en el riesgo de desarrollar cáncer de mama. En Chile, el 57,6% de las mujeres declara ser físicamente inactiva, mientras especialistas destacan la importancia de los hábitos saludables y la mamografía para la detección temprana.


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La prevención del cáncer de mama no se limita a los controles médicos. La alimentación y el movimiento también forman parte de los factores que pueden influir en el riesgo de desarrollar la enfermedad. En Chile, donde en 2024 se registraron 1.836 fallecimientos por esta causa, especialistas llaman a prestar atención a los hábitos cotidianos sin dejar de lado la mamografía, fundamental para detectar tumores en etapas tempranas.

Cáncer de mama en Chile

El cáncer de mama es la patología oncológica más frecuente en las mujeres. Durante 2023 un total de 7.503 mujeres beneficiarias de Fonasa fueron confirmadas con la enfermedad en el sistema público, y el 77% tenía más de 50 años, De acuerdo con los datos oficiales del Ministerio de Salud (Minsal).

La mortalidad también muestra una tendencia preocupante. En 2024 se registraron 1.836 fallecimientos, un 2,6% más que el año anterior y la cifra más alta desde que existen registros. Esto equivale a cinco muertes diarias.

Frente a este escenario, la detección temprana sigue siendo una de las principales herramientas para reducir la mortalidad. Sin embargo, las cifras de acceso a los controles muestran desafíos pendientes: en 2024, solo el 40,9% de las mujeres de entre 50 y 69 años del sistema público tenía una mamografía vigente, lejos del 70% que el Ministerio de Salud estableció como meta para 2030.

La doctora Valentina Ovalle, oncóloga radioterapeuta de Clínica IRAM, señala que “en Chile, solo el 40,9% de las mujeres de 50 a 69 años del sistema público tenía una mamografía vigente en 2024, lejos del 70% que el propio Ministerio de Salud se fijó como meta al 2030. Por eso insistimos en que la mamografía es fundamental, ya que permite detectar enfermedad no palpable, en etapas más tempranas mientras que el autoexamen podría permitir reconocer cambios ya más evidentes”.

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Cómo influyen los hábitos cotidianos en el riesgo de cáncer de mama

La prevención también involucra factores relacionados con el estilo de vida. La alimentación, la actividad física, el consumo de alcohol y el tabaquismo forman parte de los aspectos modificables que se consideran en las estrategias de prevención del cáncer.

De acuerdo con los antecedentes proporcionados, se estima que entre un 30% y un 40% de los casos de cáncer en general podrían prevenirse mediante cambios en factores como el consumo de tabaco y alcohol, la dieta y la actividad física regular. Esta estimación corresponde al cáncer en general y no exclusivamente al cáncer de mama.

En el caso específico de esta enfermedad, el exceso de peso también se relaciona con el riesgo, particularmente en mujeres después de la menopausia. Según la información entregada, las mujeres posmenopáusicas con un índice de masa corporal igual o superior a 30 presentan un riesgo entre un 30% y un 40% mayor.

“Ese aumento del riesgo tiene una explicación concreta: el tejido adiposo produce estrógenos por aromatización, y esa exposición hormonal sostenida es la que incide. No se trata de dietas restrictivas ni de perseguir un peso ideal, sino de sostener en el tiempo un patrón alimentario que el cuerpo pueda mantener”, explica Loreto Vásquez, nutricionista de Clínica IRAM.

La especialista pone el foco en la sostenibilidad de los hábitos alimentarios, en lugar de las restricciones extremas. La idea es mantener una alimentación que pueda incorporarse a la vida cotidiana, sin convertir el cuidado de la salud en una búsqueda de un peso ideal.

Actividad física y cáncer de mama: cuánto movimiento se recomienda

La actividad física regular es otro de los factores que pueden contribuir a reducir el riesgo de desarrollar cáncer de mama. Además, en personas que ya recibieron un diagnóstico, el ejercicio puede mejorar la capacidad física y la calidad de vida, y contribuir a disminuir el riesgo de recurrencia.

La recomendación entregada por la especialista es acumular entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física moderada, o entre 75 y 150 minutos de actividad vigorosa. A esto se suma la práctica de ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos días por semana.

Sin embargo, el tiempo dedicado al ejercicio no es el único aspecto que importa. También es relevante cuánto tiempo se permanece sentada durante el resto del día.

“La recomendación actual es acumular entre 150 y 300 minutos semanales de actividad moderada, o entre 75 y 150 de actividad vigorosa, además de realizar ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos días por semana. Sin embargo, hay un aspecto que suele pasarse por alto: una persona puede hacer ejercicio físico media hora y aun así acumular diez horas sentada. Por eso, además de hacer ejercicio, necesitamos interrumpir los períodos prolongados que pasamos sentadas y movernos más durante el día. Ambas acciones contribuyen al cuidado de nuestra salud”, señala Karol Ramírez, kinesióloga, especialista en oncología, de Clínica IRAM.

La importancia de estas recomendaciones también se relaciona con los niveles de inactividad física en el país. La Encuesta Nacional de Calidad de Vida y Salud (ENCAVI) 2023-2024 indica que el 51,2% de la población chilena es físicamente inactiva. Entre las mujeres, el porcentaje alcanza el 57,6%, frente al 44,5% de los hombres.

Estos antecedentes muestran que incorporar movimiento a la rutina constituye un desafío relevante, especialmente entre las mujeres. Interrumpir los períodos prolongados de sedentarismo y mantener actividad física de manera regular son medidas que pueden complementar otras acciones de cuidado.

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La mamografía sigue siendo fundamental para la detección temprana

Aunque los hábitos cotidianos pueden influir en el riesgo de desarrollar cáncer de mama, no reemplazan los exámenes de detección ni la evaluación médica. En Chile, el Programa de Imágenes Diagnósticas en Atención Primaria de Salud permite a las mujeres de entre 50 y 69 años acceder a una mamografía cada dos años. Además, desde 2023 la Ley 21.551 permite solicitar este examen sin orden médica a quienes cumplen el rango etario establecido en el decreto GES.

La detección temprana es especialmente importante porque una mamografía puede identificar alteraciones antes de que sean palpables. El autoexamen, en cambio, puede ayudar a reconocer cambios evidentes, pero no sustituye el examen de tamizaje.

También es importante consultar a un equipo de salud ante la aparición de señales como un nódulo o un nuevo aumento de volumen en la mama o la axila, cambios en el tamaño o la forma de la mama, irritación o enrojecimiento de la piel, hundimiento del pezón o secreción no láctea, además de enrojecimiento o descamación en la zona del pezón.

“Es importante consultar ante un nódulo o nuevo aumento de volumen en la mama o la axila, cambios en el tamaño o la forma de la mama, irritación o enrojecimiento en la piel, hundimiento del pezón o secreción no láctea, y enrojecimiento o descamación en la zona del pezón. Ante cualquiera de esas señales hay que acudir al equipo de salud, quienes determinarán qué examen hay que realizar. Para evitar ese diagnóstico con algo palpable o muy evidente hay que hacerse la mamografía de tamizaje y así detectar en etapas más iniciales. Y algo que muchas mujeres no saben: una vez que existe sospecha, el GES garantiza la confirmación diagnóstica en un máximo de 45 días y cubre el tratamiento desde los 15 años, sin copago para los tramos A, B, C y D de Fonasa”, concluye la doctora Valentina Ovalle, oncóloga radioterapeuta de Clínica IRAM.

La prevención del cáncer de mama requiere, por tanto, una mirada integral. Mantener hábitos saludables puede contribuir a reducir ciertos factores de riesgo, pero no garantiza que la enfermedad no aparezca. La actividad física, una alimentación sostenible y los controles médicos cumplen funciones complementarias, con la mamografía y la consulta oportuna como elementos centrales para detectar la enfermedad en etapas iniciales.

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