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Cáncer de mama: la secuela que puede aparecer años después del tratamiento y qué señales reconocer BRAGA Crédito: Cedida

Cáncer de mama: la secuela que puede aparecer años después del tratamiento y qué señales reconocer

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El linfedema puede aparecer meses o años después del tratamiento contra el cáncer de mama. Especialistas advierten sobre síntomas como hinchazón, pesadez y tensión en el brazo, la mano o el tórax, y destacan la importancia de consultar oportunamente.


Resumen
Síntesis generada con OpenAI
El linfedema es una posible secuela del tratamiento contra el cáncer de mama que puede aparecer meses o años después de una cirugía o radioterapia. Se produce por una alteración del drenaje linfático y puede provocar hinchazón, pesadez, tensión y cambios en el brazo, la mano o el tórax. Aunque no todas las pacientes lo desarrollan, el riesgo aumenta según el tratamiento recibido. Especialistas recomiendan reconocer las señales tempranas y consultar para evaluar el diagnóstico y las opciones de manejo disponibles.
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Durante octubre, gran parte de la conversación sobre cáncer de mama se concentra, con razón, en la prevención, la detección precoz y el tratamiento. Sin embargo, existe otro desafío que puede acompañar a algunas mujeres una vez terminado el proceso oncológico: el linfedema secundario asociado al cáncer de mama.

Cabe señalar que el cáncer de mama es la primera causa de muerte oncológica en mujeres en Chile, con un promedio de 5.640 diagnósticos nuevos al año y cerca de 6 muertes diarias.

En el caso del linfedema, esta condición se produce cuando existe una alteración en el drenaje de la linfa que provoca acumulación de líquido en los tejidos. En pacientes tratadas por cáncer de mama puede presentarse principalmente en el brazo, la mano o el tórax del lado intervenido, especialmente cuando durante el tratamiento se han retirado o dañado ganglios linfáticos o se ha recibido radioterapia.

Una revisión sistemática citada por el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos estimó una prevalencia de linfedema del 21,4% entre pacientes con cáncer de mama, aunque el riesgo varía considerablemente según el tratamiento recibido y otros factores individuales. En esa revisión, la incidencia fue mayor después de una disección de ganglios axilares que tras una biopsia de ganglio centinela.

“Muchas mujeres sienten que cuando termina el tratamiento del cáncer comienza simplemente una etapa de recuperación, pero también es importante seguir observando el cuerpo. Una sensación de pesadez, aumento de volumen, tensión o cambios persistentes en un brazo no deberían normalizarse. Una evaluación temprana permite determinar qué está ocurriendo y comenzar el manejo adecuado”, explica Ledda Pérez, kinesióloga y directora de Clínica Lipedema WAL Chile.

Puede aparecer meses o incluso años después

Una de las particularidades del linfedema es que no necesariamente se manifiesta inmediatamente después de una cirugía. Puede desarrollarse poco después del tratamiento o aparecer meses e incluso años más tarde. Una vez establecido, se considera una condición crónica, pero existen tratamientos destinados a controlar la hinchazón y favorecer la funcionalidad y calidad de vida.

“El mensaje no es generar temor en las pacientes que han pasado por un cáncer de mama, sino entregarles información. No todas van a desarrollar un linfedema, pero quienes tienen factores de riesgo deberían conocer las señales y saber que existen profesionales especializados que pueden acompañarlas”, agrega Pérez.

Entre los factores asociados a un mayor riesgo se encuentran la extensión de la cirugía, la disección de ganglios axilares y la radioterapia dirigida a los ganglios, entre otros antecedentes clínicos.

¿Qué señales deberían llamar la atención?

Algunos de los cambios que pueden motivar una consulta son hinchazón persistente, sensación de pesadez o tensión, cambios en la piel y molestias o limitaciones funcionales en la zona afectada. El diagnóstico es especialmente relevante porque no toda hinchazón corresponde a un linfedema y existen otras causas de edema que requieren una evaluación diferente.

“Mientras antes identificamos los cambios, mayores herramientas tenemos para acompañar a la paciente. Desde la kinesiología podemos trabajar distintas estrategias de manejo según cada caso, pero lo fundamental es que la mujer no espere a que el aumento de volumen sea muy evidente para consultar”, sostiene Ledda Pérez.

El manejo puede contemplar distintas intervenciones según las características y severidad de cada paciente. Entre ellas se encuentran las prendas de compresión, ejercicio y estrategias especializadas como la terapia descongestiva; la indicación debe ser individualizada por profesionales capacitados y los pacientes deben ser derivados por sus médicos tratantes.

“Después de enfrentar un cáncer de mama, recuperar calidad de vida también debe ser parte del tratamiento. Nuestro objetivo es que las pacientes conozcan su cuerpo, recuperen movilidad y funcionalidad y cuenten con herramientas para manejar una condición que puede acompañarlas a largo plazo”, concluye la directora de Clínica Lipedema WAL Chile.

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