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Créditos: El Mostrador.
Divorcio discreto: cuando una relación termina mucho antes de la separación
No siempre una relación se rompe entre peleas, infidelidades o una conversación definitiva. A veces el vínculo se va apagando mientras la convivencia continúa aparentemente intacta. Especialistas llaman “divorcio discreto” a ese retiro emocional en que una o ambas personas abandonan la relación.
Comparten la casa, organizan las cuentas, coordinan quién busca a los hijos o qué comprar en el supermercado. Desde afuera, incluso, la relación puede parecer estable. Sin embargo, algo ha cambiado: dejaron de contarse cómo fue el día, desaparecieron los gestos espontáneos de cariño y las conversaciones importantes fueron reemplazadas por asuntos prácticos.
Es lo que especialistas han denominado quiet divorce o “divorcio discreto”: un proceso de desconexión emocional que puede comenzar mucho antes de que una pareja decida separarse legalmente.
El concepto volvió a instalarse en la conversación luego de que The Washington Post abordara el caso de Amanda Thomas, una mujer estadounidense que se divorció en 2025 después de 20 años de matrimonio. Para ella, sin embargo, la relación había terminado dos años antes. Durante años manifestó sus problemas, intentó conversar sobre lo que no funcionaba e incluso propuso acudir a terapia. Cuando comprobó que nada cambiaba, dejó de intentarlo.
No hubo una gran pelea final. Lo que apareció fue algo menos visible: la resignación.
Cuando discutir deja de importar
Galena Rhoades, profesora de investigación y directora del Institute for Relationship Science de la Universidad de Denver, explica el divorcio discreto como una situación en que una o ambas personas se retiran emocionalmente del matrimonio sin haber iniciado necesariamente una separación.
La diferencia respecto de una crisis pasajera no estaría simplemente en la frecuencia de las discusiones o en atravesar una etapa de menor intimidad, sino en algo más profundo: dejar de hacer esfuerzos para recuperar el vínculo.
Paradójicamente, una relación que entra en esta etapa incluso puede parecer más tranquila. Las discusiones disminuyen porque uno de sus integrantes ya no espera que hablar produzca algún cambio.
La psicóloga clínica Molly Burrets, profesora adjunta de Terapia Matrimonial y Familiar de la Universidad del Sur de California, señala que la indiferencia puede aparecer después de numerosos intentos frustrados por modificar una dinámica de pareja. Ya no se discute porque tampoco se espera demasiado del otro.
La pareja puede así continuar funcionando como una pequeña organización doméstica: se pagan las cuentas, se cumple con las responsabilidades familiares y se toman decisiones logísticas. Lo que comienza a faltar es el interés por las preocupaciones, deseos o experiencias de quien está al lado.
También pueden desaparecer progresivamente pequeños gestos: un beso antes de salir, tomarse de la mano, buscar el contacto físico o contar espontáneamente algo ocurrido durante el día.
Ninguna de estas conductas, por separado, significa que una relación esté terminada. La señal estaría en su persistencia y, especialmente, en la desaparición del deseo de recuperar esa cercanía.
El trabajo emocional dentro de la pareja
El fenómeno también permite mirar una dimensión especialmente relevante desde una perspectiva de género: quién detecta los problemas de la relación, quién intenta resolverlos y quién asume la tarea de mantener vivo el vínculo.
Una investigación publicada en 2024 en Journal of Family & Reproductive Health estudió la relación entre el llamado “divorcio emocional”, la satisfacción matrimonial y los roles de género en 539 mujeres de entre 18 y 65 años. El estudio encontró una asociación entre una mayor desconexión emocional y una menor satisfacción matrimonial. Sus autores plantean, además, que los roles de género rígidos pueden influir en estas dinámicas.
El trabajo debe interpretarse con cautela: se realizó sobre una muestra específica de mujeres en Irán y es un estudio transversal, por lo que no permite establecer que una variable provoque la otra ni extrapolar sus resultados a todas las parejas.
Sí pone sobre la mesa una pregunta más amplia: cuánto pesan las expectativas culturales sobre hombres y mujeres en la manera de cuidar una relación.
Los propios investigadores advierten que los roles tradicionales pueden determinar cómo las personas expresan sus emociones y responden a las necesidades afectivas dentro del matrimonio.
En el caso relatado por Amanda Thomas, la desconexión tampoco surgió repentinamente. Antes hubo años de conversaciones, peticiones y propuestas para buscar ayuda. Solo después apareció el retiro.
Una relación que sigue existiendo, pero de otra manera
Otra señal puede aparecer cuando las necesidades emocionales comienzan a satisfacerse casi exclusivamente fuera de la pareja. Tener amistades, espacios propios y redes de apoyo no constituye un problema —y es parte de una vida afectiva saludable—, pero la situación cambia cuando la pareja deja completamente de ser una fuente de compañía, escucha o intimidad y esa pérdida ya no genera preocupación.
Es allí donde puede producirse una situación paradójica: mientras una persona ha avanzado internamente hacia el final de la relación, la otra puede seguir pensando que el vínculo continúa básicamente igual.
Por eso, algunas separaciones que son vividas como repentinas por uno de sus integrantes pueden haber comenzado mucho antes para el otro.
El divorcio discreto, además, no es una categoría clínica ni jurídica y tampoco significa que toda pareja que atraviese un período de distancia esté destinada a separarse. Los problemas económicos, la crianza, el estrés laboral, enfermedades o momentos vitales complejos también pueden afectar temporalmente la intimidad.
La diferencia está en la voluntad de reconstruir.
Cuando todavía existe interés por saber qué ocurre con el otro, conversar sobre los problemas y modificar las dinámicas que generan malestar, existe un vínculo sobre el cual trabajar. Cuando aparece la indiferencia sostenida, la pregunta comienza a ser distinta.
Especialistas recomiendan abordar esa distancia antes de que se vuelva la nueva normalidad. Una conversación sin acusaciones y, cuando sea necesario, terapia individual o de pareja pueden ayudar a determinar si se trata de una crisis que ambos quieren superar o de una relación de la cual alguno de sus integrantes ya comenzó emocionalmente a salir.
Porque algunas relaciones no terminan el día en que alguien hace una maleta o firma un divorcio. A veces se terminan silenciosamente, mientras dos personas siguen compartiendo la misma mesa.