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Caída del cabello después de los 50: señales que las mujeres no deberían ignorar BRAGA Crédito: Cedida

Caída del cabello después de los 50: señales que las mujeres no deberían ignorar

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Aunque la menopausia puede reducir naturalmente la densidad y grosor del cabello, una caída marcada o repentina puede tener otras causas. Especialistas explican qué señales deberían motivar una evaluación y cómo prevenir un daño mayor.


Resumen
Síntesis generada con OpenAI
La pérdida de cabello después de los 50 años no siempre se explica por el envejecimiento o la menopausia. Cambios hormonales, alopecia androgenética, déficits de hierro, vitamina D, B12 o zinc y enfermedades del cuero cabelludo también pueden provocar caída. Especialistas recomiendan consultar ante pérdida rápida, zonas despobladas, ensanchamiento de la línea central o síntomas como picazón, dolor y descamación.
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Con el envejecimiento, el cabello puede crecer más lentamente, perder pigmentación y densidad, además de volverse más seco y frágil. En las mujeres, estos cambios pueden acentuarse durante la perimenopausia y la menopausia por la disminución de los estrógenos. La OMS sitúa habitualmente la menopausia entre los 45 y 55 años.

Sin embargo, una caída rápida o muy marcada, zonas menos densas, el ensanchamiento de la línea central, áreas sin cabello o síntomas como picazón, dolor, ardor o descamación persistente son señales que requieren evaluación, advierte Nicolás Herrera, especialista en implante capilar de Clínica Témpora. En mujeres sobre los 50, una pérdida progresiva puede corresponder a alopecia androgenética de patrón femenino, alteraciones hormonales, déficits nutricionales, enfermedades del cuero cabelludo o alopecias inflamatorias.

Menopausia y déficits nutricionales

Durante la menopausia cambia el equilibrio entre estrógenos y andrógenos, lo que puede aumentar la susceptibilidad de algunos folículos a la acción androgénica y favorecer su miniaturización, especialmente en las zonas frontal y superior. Esto puede traducirse en menor densidad, cabello más fino y ensanchamiento de la línea central. “No significa que toda caída durante la menopausia sea inevitable ni que deba aceptarse simplemente como parte del envejecimiento”, enfatiza el especialista.

También pueden influir déficits de hierro, vitamina D, vitamina B12 y zinc, además de una ingesta insuficiente de proteínas. El déficit de hierro puede favorecer un efluvio telógeno incluso antes de que exista anemia, por lo que en determinados casos puede ser necesario evaluar ferritina y otros parámetros del metabolismo del hierro.

Herrera destaca que el tratamiento depende de la causa y del tiempo que el folículo haya estado afectado. Corregir una deficiencia nutricional puede permitir recuperar densidad, mientras que en las alopecias asociadas a la menopausia el objetivo puede ser detener o ralentizar la miniaturización.

“Un folículo miniaturizado puede responder al tratamiento; un folículo que lleva mucho tiempo destruido y ha sido reemplazado por fibrosis no tiene la misma capacidad de recuperación”, explica. Por eso, el diagnóstico precoz resulta clave.

Entre las medidas preventivas, el especialista recomienda mantener una alimentación equilibrada y suficiente en proteínas, evitar dietas excesivamente restrictivas, dormir adecuadamente, controlar enfermedades crónicas y evitar el tabaquismo. También aconseja reducir el calor excesivo, las decoloraciones, los tratamientos químicos agresivos y los peinados con tracción constante.

La caída del cabello no siempre es parte del envejecimiento

La disminución de la densidad capilar puede formar parte de los cambios asociados al envejecimiento y la menopausia, pero una pérdida rápida, progresiva o acompañada de síntomas en el cuero cabelludo no debería ignorarse ni atribuirse automáticamente a la edad.

Identificar la causa permite determinar si existe una condición que puede tratarse y aumentar las posibilidades de conservar o recuperar la densidad capilar. Por eso, ante cambios importantes, la recomendación es consultar a un especialista antes de recurrir a suplementos, productos anticaída o tratamientos por cuenta propia.

Uno de los principales errores que advierte Herrera es “normalizar una caída progresiva simplemente por la edad y consultar cuando la pérdida de densidad ya es importante”. Detectar el problema en sus primeras etapas puede marcar una diferencia, especialmente cuando el folículo aún conserva capacidad de respuesta.

Asimismo, el especialista llama a evitar la automedicación con suplementos o productos anticaída sin conocer previamente el origen del problema. No todas las caídas requieren el mismo tratamiento, y consumir vitaminas o utilizar productos específicos sin una evaluación previa podría retrasar la identificación de la causa real.

Por ello, observar cambios sostenidos en la cantidad, grosor o distribución del cabello, así como prestar atención a molestias en el cuero cabelludo, puede ser el primer paso para buscar orientación profesional y actuar oportunamente.

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