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Maternar en Chile: El costo oculto de un deseo y la urgencia de nivelar la cancha Yo opino Créditos: El Mostrador.

Maternar en Chile: El costo oculto de un deseo y la urgencia de nivelar la cancha

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Natalia Flores González
Por : Natalia Flores González Coordinadora de Feminismo del Instituto Igualdad.
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La decisión de ser madre en el Chile de 2026 ha dejado de ser un “paso natural” dictado por la vocación para convertirse, en demasiados casos, en un acto de resistencia o un cálculo matemático de alto riesgo. Mientras las cifras de natalidad siguen en mínimos históricos, la conversación pública suele centrarse en el “invierno demográfico” como si fuera un fenómeno meteorológico ajeno a la voluntad política. Sin embargo, la realidad es mucho más terrenal: maternar en Chile sigue siendo una tarea privada que requiere soluciones públicas urgentes.

Para entender por qué las chilenas están postergando o desistiendo de la maternidad, no basta con mirar los deseos personales; hay que mirar las planillas de sueldos y las estadísticas de empleo. Hoy, la maternidad opera como un “impuesto” silencioso. Según datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), la brecha salarial de género persiste en torno al 25,5%, y se agudiza precisamente en la etapa de mayor fertilidad (25 a 45 años). Un estudio de la Universidad de Chile lo confirma: tras el primer hijo, los ingresos de las mujeres caen drásticamente y rara vez recuperan la trayectoria de sus pares hombres.

A esto se suma una de las tasas de participación laboral femenina más bajas de la OCDE, bordeando el 52%, frente al 71% de los hombres. El motivo es claro: los cuidados. El 97% de las personas que declaran no buscar trabajo por razones de cuidado en nuestro país son mujeres. Muchas madres optan por la informalidad no por emprendimiento, sino porque el sistema formal no ofrece la flexibilidad necesaria para criar.

En este escenario, el fortalecimiento del Sistema Nacional de Cuidados (Chile Cuida) se vuelve una columna vertebral de sobrevivencia. No es solo un programa social; es la infraestructura básica que permite que una mujer trabaje mientras el Estado garantiza el cuidado de sus hijos y dependientes. No obstante, este pilar hoy se encuentra bajo amenaza. Las propuestas de recorte presupuestario y la “optimización” del gasto público impulsadas por el gobierno de José Antonio Kast ponen en riesgo la expansión de las salas cuna públicas y los centros de cuidado diurno. Recortar en cuidados bajo la premisa de la austeridad es, en la práctica, un recorte a la libertad de las mujeres y un empujón directo hacia la precarización económica.

Frente a este diagnóstico, el Estado no puede retroceder. Necesitamos políticas robustas que ataquen el nexo entre trabajo y cuidados:

  • El fin del Artículo 203 y la Sala Cuna Universal: El actual Código del Trabajo, que exige sala cuna solo si hay 20 o más trabajadoras, es un incentivo perverso a la no contratación femenina. Necesitamos un financiamiento solidario que desvincule el beneficio del género y lo convierta en un derecho del niño, no en un costo de la madre.
  • Corresponsabilidad real y obligatoria: La maternidad no es un “problema de mujeres”. Necesitamos un postnatal masculino irrenunciable y de mayor duración. Solo cuando el hombre se ausente del trabajo tanto como la mujer, el mercado laboral dejará de ver a la trabajadora como un “colaborador de riesgo”.
  • Defensa del Sistema de Cuidados: Cualquier intento de desmantelar la red de apoyo estatal debe ser visto como un ataque a la participación laboral femenina. Sin una red pública, el cuidado vuelve a recaer sobre los hombros de la mujer, profundizando la brecha de pensiones por “lagunas de cuidado”.
  • Justicia Previsional: El sistema debe reconocer el trabajo de cuidados no remunerado. Cada año dedicado a la crianza debe ser compensado por el Estado para evitar que la maternidad sea una condena a la pobreza en la vejez.

El Chile de hoy exige un cambio de paradigma. La maternidad no necesita flores ni discursos románticos; necesita infraestructura de cuidado, justicia salarial y un mercado laboral que entienda que los hijos son el futuro del país, no un inconveniente privado. Sin estas garantías, ser madre seguirá siendo el privilegio de quienes pueden pagarlo, en lugar de un derecho ejercido en verdadera libertad.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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