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Créditos: El Mostrador.
Parto humanizado: cuando nacer también es cuestión de dignidad
Hablar de parto humanizado no es hablar de una tendencia, de una moda, ni de una forma “ideal” de parir. Es, ante todo, hablar de dignidad.
En mayo, mes en que se visibiliza mundialmente el parto respetado, resulta necesario recordar que el nacimiento no debe ser entendido solo como un evento clínico o de urgencia, sino también como una experiencia profundamente primitiva, humana, emocional y familiar.
Durante años, muchas mujeres han asociado el parto con miedo, soledad o pérdida de control sobre sus propios cuerpos. Sin embargo, una atención de calidad no se mide únicamente por los resultados médicos, sino también por la forma en que la mujer es escuchada, contenida, informada y acompañada durante el proceso.
Un parto seguro no debería estar separado de uno respetuoso.
El parto respetado no es solo una aspiración ética, sino también una orientación sanitaria y legal. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda una atención basada en el respeto, la comunicación efectiva y el acompañamiento durante el trabajo de parto. En Chile, la Ley Mila refuerza esta mirada al reconocer el derecho de mujeres y personas gestantes a estar acompañadas, recordando que la seguridad clínica debe ir siempre de la mano con la dignidad y la autonomía.
Desde esta mirada, humanizar el parto no significa rechazar la tecnología, las intervenciones médicas ni la cesárea, cuando son necesarias. Implica que cada decisión debe estar clínicamente justificada, explicada con claridad y tomada considerando la voz de la mujer que está viviendo el proceso a su ritmo. La seguridad materna y neonatal sigue siendo prioritaria, pero no puede construirse sobre la base del silencio, la imposición, la limitación de alternativas o la indiferencia.
El acompañamiento, la comunicación efectiva, el consentimiento informado, el respeto por los tiempos fisiológicos y el trato digno, no son detalles secundarios. Son parte esencial del cuidado. Una mujer que comprende lo que ocurre, que puede expresar sus dudas y que se siente contenida por el equipo de salud, vive el nacimiento con mayor confianza y menor temor.
También es importante derribar una falsa idea: el parto humanizado no pertenece solo a quienes tienen gestaciones de bajo riesgo o a quienes desean un parto vaginal sin intervenciones. Una inducción, analgesia, cesárea o tención de urgencia también pueden ser humanizadas si se realizan con entrega de información pertinente, respeto, escucha activa y validación de emociones.
El desafío para los equipos de salud no es elegir entre ciencia y humanidad, sino integrar ambas. Cada nacimiento deja una huella imborrable en el corazón de una madre, de su familia y de la persona que acompaña. Por eso, avanzar hacia partos respetados no es solo mejorar índices o prestaciones sanitarias: es reconocer que la manera en que se nace y se acompaña a nacer, también forma parte del derecho a una atención digna.
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