CULTURA
Crédito: Felipe Ramirez Mock-kow
Autor de biografía de Bolaño: “Quería que se leyese como un relato de aventuras”
“La sombra de los perros románticos” será publicado en agosto por Editorial Catalonia. “El legado de Bolaño se ha visto empañado por muchas controversias y por la pugna entre varios bandos enfrentados. Yo desde el principio quise ser lo más neutro posible ante esas disputas”, dice Jose Serralvo.
Una nueva biografía de Roberto Bolaño (1953-2003) acaba de aparecer en España y será publicada en Chile en agosto por la editorial Catalonia.
Se trata de La sombra de los perros románticos, donde Jose Serralvo, a partir de fuentes conocidas y materiales inéditos, recompone la forja de un mito literario y la vida errante que lo alimentó.
Allí menciona desde la infancia en Valparaíso y Quilpué hasta la fundación del infrarrealismo en el agitado México de los años 70, desde la cárcel en la dictadura del general Augusto Pinochet hasta sus devaneos por diversos rincones de Cataluña, una crónica vibrante sobre el ascenso a la cúspide del canon literario contemporáneo.
“Esta no es solo la historia de un escritor: es el retrato de una época convulsa, de una generación marcada por las utopías y las derrotas, y de un hombre que convirtió toda su vida –tanto las luces como los abismos– en materia prima con que urdir sus ficciones. Un libro imprescindible para comprender a uno de los grandes escritores de nuestro tiempo”, agrega la reseña editorial.
Serralvo (Jerez de la Frontera, 1984) es escritor y jurista especializado en derecho internacional. Combina su trayectoria creativa con una sólida formación profesional y ha publicado varias novelas, como Los elegidos (2013) y El niño que se desnudó delante de una webcam (2015), en las que explora cuestiones contemporáneas con una mirada crítica y narrativa potente. Además de su obra en ficción, colabora regularmente en medios culturales y literarios como el blog Un libro al día y las revistas Jot Down y Vísperas.
– ¿Qué te motivó a escribir una biografía sobre Bolaño?
– Por un lado, quería colmar un vacío. Puede parecer extraño, pero más de dos décadas después de la muerte de Roberto Bolaño aún no existía ninguna biografía suya. Pero mi principal motivación fue la posibilidad de contar una historia extraordinaria, que es lo que todos los novelistas intentamos. Yo siempre digo que Bolaño murió a los cincuenta, pero vivió más que cualquier nonagenario.
Por ejemplo, sus peripecias en el Chile de Pinochet, incluida su estancia en prisión, parecen sacadas de una novela de Dostoievski o Solzhenitsin. Los quehaceres como poeta vanguardista en el México de la década de 1970 recuerdan a los letraheridos bohemios que pululan por los relatos de Leonardo Padura, Julio Cortázar o Cabrera Infante. Y su malvivir como migrante precario en la España de la transición hace pensar en un buen libro de John Steinbeck. En fin, que su biografía ofrecía un material narrativo de una riqueza y una variedad excepcionales. Resultaba difícil no querer zambullirse de lleno en ella.
– ¿Cuál era tu vínculo con él?
– Mi principal vínculo con Bolaño había sido el de un lector atento. Basta echar un vistazo a cualquiera de sus novelas para comprender que no tuvo la típica trayectoria de periodista convertido en escritor, o de estudiante de un máster de escritura creativa convertido en escritor, o de profesor universitario convertido en escritor.
La imaginación desbordante de su producción y la hondura de sus personajes solo se entienden a la luz de sus propias experiencias vitales. Poco a poco, leer a Bolaño me hizo interesarme por los detalles de su biografía. Y cuánto más aprendía, más me repetía a mí mismo que algún día acabaría por contar su historia.

Roberto Bolaño durante su vida en México. Crédito: Archivo
– ¿Cuándo conociste su obra y por qué te interesó?
– La primera vez que leí a Bolaño fue hace exactamente quince años. Vivía en Estados Unidos y alguien me recomendó Los detectives salvajes. En aquella época la mayor parte de mis amigos eran latinoamericanos, sobre todo colombianos, chilenos, argentinos y mexicanos. Eso hizo que el libro me interpelase aún más, porque Bolaño había logrado capturar la polifonía del español en toda su amplitud geográfica y social, pasando por registros muy dispares, desde lo culto hasta lo popular, y desde lo urbano hasta lo rural.
Me pareció un libro alucinante. Sin duda una de las mejores novelas de las últimas décadas en cualquier idioma. Y es, además, una historia que esconde mucho de autoficción. De modo que obsesionarme con Los detectives salvajes me llevó, a la postre, a obsesionarme con las peripecias del autor. Enseguida empecé a recopilar datos biográficos que se convirtieron en la semilla de la que luego brotó este libro.
– A tu juicio, ¿cuáles fueron los principales hitos en su vida?
– En una vida tan rica como la de Bolaño es difícil hablar de hitos. Hay demasiados. Desde luego, uno de ellos fue viajar de México a Chile en 1973. La familia de Bolaño se había mudado a Ciudad de México cuando él era aún adolescente y Bolaño decidió regresar solo a Chile a los veinte años, pocas semanas antes del golpe de Estado de (el general Augusto) Pinochet. Vivió el alzamiento militar y también la represión. Como llevaba el pelo largo y tenía pintas de izquierdoso, lo capturaron en un retén militar y acabaron metiéndolo en prisión.
Apenas estuvo detenido ocho días, pero el miedo a la tortura, y a lo que él llamó luego “muertes despersonalizadas”, le marcó profundamente. Eso se ve claramente en su literatura. No solo en las novelas de temática más chilena, como Estrella distante o Nocturno de Chile, sino también en cómo aborda la violencia en sus otros libros, incluido en La literatura nazi en América o 2666.

Bolaño y Pedro Lemebel.
– ¿Y qué me dices de sus hitos personales?
– Creo que uno de sus hitos personales fue enamorarse de Lisa Johnson en México. Fue un amor de juventud, pero le marcó para toda la vida. Bolaño era un romántico empedernido y a veces no hay acto más romántico que el de seguir amando a quien ya no nos ama. Aquella ruptura le llevó a intentar suicidarse. Se tomó un tarro de pastillas y por poco no lo cuenta. Por suerte, su madrastra lo encontró echando espuma por la boca y lo llevó a las urgencias, donde le hicieron un lavado de estómago.
Con el tiempo logró hacer el duelo, pero nunca fue capaz de desprenderse del fantasma de Lisa, o no del todo. Lo acompañó hasta el final. Otro gran hito personal es, por supuesto, el nacimiento de sus hijos. Bolaño había sido un desarraigado. Siempre se reivindicó como chileno, pero durante mucho tiempo su verdadera patria fue la literatura. Convertirse en padre trastocó el orden de prioridades. Él mismo dijo varias veces que sus hijos se habían convertido en su única patria.
– ¿Cuáles de sus libros destacarías?
– Para quien no se arredre con los libros extensos, recomendaría fervientemente Los detectives salvajes. La polifonía de sus distintos narradores es maravillosa. Bolaño parece a veces un escritor sencillo, porque es muy legible. Siempre rehuyó de las prosas inaccesibles y emperifolladas que son tan comunes en la literatura hispanohablante. Pero, pese a esa aparente sencillez, era un orfebre de la lengua.
Además, en Los detectives salvajes despliega un espíritu de aventura y un sentido del humor muy poco comunes en su generación. Como libros más cortos, pero también originalísimos, destacaría Estrella distante y La literatura nazi en América, este último muy borgiano, por cierto.
– ¿Cuáles fueron los principales desafíos para escribir esta biografía?
– Lo interesante de Bolaño es que su vida ha sido hiperestudiada, pero siempre de forma fragmentaria. A mí me gusta recordar que hay cuentos autobiográficos que narran su infancia en Valparaíso, podcasts sobre su adolescencia en Los Ángeles, reportajes sobre su vida como vigilante de camping o sobre su paso por las cárceles de Pinochet, una miríada de libros sobre la vanguardia infrarrealista que fundó en México junto a su amigo Mario Santiago, documentales que abordan su etapa catalana, artículos académicos analizando los vasos comunicantes entre la obra de Javier Cercas y la de Bolaño, estudios sobre los ecos de David Lynch en 2666, y un largo etcétera.
Lo único que faltaba era precisamente un relato biográfico de Bolaño desde que nace en Santiago hasta que muere en Barcelona. Pero lo más difícil para lograrlo no fue encontrar información, sino cribar la información existente. O sea, entender qué cosas debían dejarse por fuera para que el libro fuese ameno y legible. La vida de Bolaño fue una gran aventura, de modo que yo quería que la biografía se leyese como un relato de aventuras. Lograrlo fue un desafío, porque era muy fácil caer en hechos o encuentros secundarios, sin tanta importancia para el conjunto de la historia.

Crédito: Archivo
– ¿Cómo lidiaste con su viuda?
– Confieso que en este contexto no me gusta mucho la palabra «lidiar». El legado de Bolaño se ha visto empañado por muchas controversias y por la pugna entre varios bandos enfrentados. Yo desde el principio quise ser lo más neutro posible ante esas disputas. Mientras escribía el libro entrevisté a muchas personas. Una de ellas fue Valerie Miles, que es editora y escritora, pero también la mayor estudiosa del archivo de Bolaño.
Además de escribir un maravilloso epílogo a la biografía, Valerie me dio un consejo valiosísimo: me dijo que era importante tratar a todos los personajes con dignidad. Y esa fue mi brújula. Creo que Bolaño hubiese querido que sus biógrafos narrasen su vida no solo desde la admiración por su obra, sino también desde el respeto a todas las personas que un día fueron importantes para él. Y Carolina López, su viuda, es sin duda una de esas personas. Igual que lo fue Carmen Pérez, con quien Bolaño compartió una buena parte de sus últimos seis o siete años.
Yo traté de acercarme a cuantos más testigos mejor. Muchos aceptaron ser entrevistados. Otros prefirieron mantenerse al margen, ya fuese porque siempre lo estuvieron, o bien porque ya habían dicho todo lo que querían decir. En el caso de Carolina, contacté al agente literario de Bolaño para entrevistarla, pero recibí una respuesta negativa.
– ¿Qué fuentes utilizaste para escribir la biografía?
– Además de las fuentes públicas que acabo de mencionar, navegué por algunos archivos casi inexplorados, como la correspondencia entre Roberto Bolaño y el poeta gaditano Carlos Edmundo Ory, o las cartas que envió a Bruno Montané a lo largo de dos décadas y que ahora se encuentran en la Biblioteca Nacional de España. Además, como te adelantaba, entrevisté a testigos de su vida, por ejemplo, el poeta Jaime Quezada.
Además, me beneficié de la generosidad infinita de ciertas personas que habían investigado durante años la figura de Bolaño y que tenían materiales inéditos fruto de su trabajo, en especial el periodista Juvenal Rivera, el documentalista Ricardo House y el escritor Felipe Ossandón.
He de mencionar muy especialmente a Juvenal Rivera, porque es quien más y mejor ha investigado lo que le ocurrió a Bolaño en 1973. Había muchos relatos contradictorios sobre ese año clave y fue Juvenal quien logró desenmarañar los hechos de forma irrefutable, publicando, además, excelentes reportajes sobre este y otros temas, incluido en El Mostrador. Le estoy muy agradecido.
– ¿A qué atribuyes la trascendencia de Bolaño? ¿Cuál es su legado?
– La obra de Bolaño sigue suscitando un inmenso interés, no solo entre los lectores y la crítica, sino también en el mundo académico. Hace un par de años Shane Sherman, un informático norteamericano, creó un compendio de trescientas listas de los mejores libros de todos los tiempos, un ranking de rankings. El único autor hispanohablante de las últimas décadas que figuraba en ese grupo privilegiado por partida doble era Roberto Bolaño.
Creo que la razón es que supo adaptar la historia de la literatura a las sensibilidades contemporáneas, entre ellas el hecho de vivir en un mundo globalizado. Muchas de las novelas de Bolaño son globales, transcurren en varios países y tienen personajes de distintas nacionalidades. Eso las vuelve atractivas a los lectores de nuestra época. Además, poseía un sentido del humor extraordinario, a ratos muy cervantino.
El propio Bolaño no se hacía ilusiones en cuanto a la inmortalidad. Le gustaba repetir que, pasado el suficiente tiempo, Shakespeare y Menganito serían lo mismo. Pero, inmortalidades al margen, creo que el legado de Bolaño pervivirá durante mucho tiempo. No solo tuvo una vida extraordinaria, sino que fue un lector igual de extraordinario, y combinó esa experiencia y ese bagaje con una vocación inquebrantable y con una disciplina feroz. Los ingredientes perfectos para producir obras destinadas a convertirse en clásicos.
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