Yo opino
Créditos: El Mostrador.
Sala Cuna Universal: una oportunidad para impulsar el empleo femenino en Chile
Llegan las vacaciones de invierno y, con ellas, una idea que muchas veces parece instalada: que este periodo debe parecerse a una postal de descanso, viajes y tiempo ilimitado en familia. Pero en el mejor de los casos existe la posibilidad de estar más tiempo en casa, e incluso, compartir días de vacaciones. Sin embargo, para una gran cantidad de hogares, la realidad es otra. Muchos padres y madres continúan trabajando, organizan turnos, recurren a redes de apoyo o compatibilizan el cuidado con el teletrabajo.
Quizás el desafío no está en hacer grandes planes o frustrarse por no poder realizarlos, sino más bien en permitir que el ritmo cambie un poco, dentro de las posibilidades que tiene cada familia. Si bien se pueden organizar panoramas especiales, existen experiencias simples que también construyen buenos recuerdos y fortalecen vínculos.
Compartir tareas cotidianas puede transformarse en una oportunidad. Cocinar juntos, lavar parte de la loza, poner y decorar la mesa, reorganizar los espacios proponiendo ideas en conjunto, doblar ropa después del lavado o preparar una colación para el día siguiente, son acciones sencillas que favorecen la autonomía, el desarrollo de rutinas, la creatividad y la sensación de colaboración. No se trata de asignar obligaciones adicionales, sino de convertir la vida diaria en un espacio compartido.
También hay gestos pequeños que adquieren un enorme valor: salir a caminar cuando termina la jornada, recorrer el barrio sin apuro, detenerse a mirar algo que normalmente pasa desapercibido, conversar mientras se toma una once o cena tranquila preparada entre todos, o simplemente permitirse estar juntos sin un objetivo específico.
Y está aquello que muchas veces parece obvio, pero que en medio de la ajetreada vida se vuelve escaso: el afecto cotidiano. Crear espacios de regaloneo, abrazos, besos, conversaciones divertidas, recordar anécdotas, reírse juntos y decirse cuánto se quieren.
Con los adolescentes, el desafío suele ser distinto. A veces el encuentro no ocurre en torno a juegos o actividades dirigidas, sino al entrar-con genuino interés- a sus propios mundos. Ver una película elegida propuesta por ellos, preguntar por el video juego que están disfrutando, interesarse por el creador de contenido que siguen, cocinar algo juntos que les encante o abrir la casa para que un amigo o amiga pueda quedarse una noche, pueden convertirse en formas concretas de decir: “me importas”.
Las vacaciones de invierno no tienen que ser extraordinarias para ser significativas. En muchos hogares, bastará con que el tiempo parezca menos urgente y que niños, niñas y jóvenes sientan algo esencial: aquí hay un espacio de confianza, cuidado y afecto para mí.
- El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.