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La lactancia no se sostiene sola, necesita una red que la haga posible Yo opino Créditos: El Mostrador.

La lactancia no se sostiene sola, necesita una red que la haga posible

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Bárbara Plaza Valencia
Por : Bárbara Plaza Valencia Matrona, asesora de lactancia y tutora clínica de Obstetricia  de la Universidad del Desarrollo.
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El Mostrador Fuente Preferida

Cada agosto hablamos de los beneficios de la lactancia materna. Y está bien que así sea porque sabemos que protege la salud del recién nacido, favorece su desarrollo y también aporta beneficios para la madre. Sin embargo, hay una pregunta que seguimos evitando: si conocemos sobre sus beneficios, ¿por qué tantas mujeres la siguen viviendo con desinformación, miedo, dolor, soledad y culpa?

La respuesta rara vez está en la falta de voluntad. Con frecuencia comienza mucho antes: en el dolor que se normaliza, en los consejos contradictorios, en el miedo a “no tener suficiente leche”, en la ausencia de apoyo oportuno o en un regreso al trabajo que obliga a muchas mujeres a elegir entre alimentar a su hijo y responder a las exigencias laborales. Detrás de cada destete precoz suele haber una historia mucho más compleja de lo que imaginamos.

Por eso es hora de cambiar el foco. En lugar de seguir cuestionándonos por qué algunas madres abandonan la lactancia, deberíamos preguntarnos qué condiciones encontraron —o no encontraron— para sostenerla.

Por años hemos instalado la idea de que la lactancia depende casi exclusivamente de la voluntad de la madre, pero la realidad demuestra algo distinto. La lactancia ocurre en el cuerpo de una mujer, aunque nunca depende solo de ella. Se fortalece o se debilita según la red que la rodea: la pareja, la familia, los equipos de salud, el trabajo y las políticas públicas. Cuando esa red falla, muchas veces no fracasa una madre; falla el sistema que debía acompañarla.

Chile ha avanzado. La Ley 21.155 reconoce y protege el derecho a la lactancia materna y hoy se discute ampliar el postnatal. Son avances importantes, pero también invitan a una reflexión: ¿basta con extender un permiso si todavía existen brechas en corresponsabilidad, protección laboral, acceso a sala cuna y apoyo efectivo en el trabajo? Un derecho pierde parte de su fuerza cuando ejercerlo implica pagar un costo laboral, económico o emocional.

No basta con recomendar seis meses de lactancia exclusiva si muchas mujeres regresan a trabajos donde no cuentan con tiempo, privacidad o condiciones adecuadas para extraerse leche sin sentirse cuestionadas. Promover la lactancia también significa crear las condiciones para que sea posible.

La corresponsabilidad tampoco puede seguir siendo un concepto reservado para los discursos. La pareja no sostiene la lactancia observando desde fuera ni “ayudando” de vez en cuando. La sostiene compartiendo el cuidado, protegiendo el descanso de la madre, participando en las decisiones y comprendiendo que criar también es su responsabilidad. No ayuda a cuidar a su hijo; ejerce su responsabilidad como cuidador.

Los equipos de salud también somos parte de esta red. Nuestro trabajo no termina con una indicación antes del alta, las familias necesitan información coherente, apoyo práctico para aprender a amamantar y saber dónde consultar cuando aparecen el dolor, las dudas o el miedo. Muchas dificultades tienen solución cuando reciben atención oportuna. El problema es que ese apoyo muchas veces llega tarde o simplemente no llega.

La Semana Mundial de la Lactancia Materna 2026 nos invita a fortalecer lo que funciona. Tal vez el mayor desafío sea dejar de medir el éxito de la lactancia por el sacrificio de una mujer y comenzar a medirlo por la capacidad de nuestra sociedad para sostenerla.

Porque la verdadera pregunta nunca ha sido cuántas mujeres desean amamantar, sino si estamos construyendo un país donde realmente puedan hacerlo.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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