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Créditos: El Mostrador.
Amor líquido, love bombing y gaslighting: La estafa afectiva en la era del algoritmo
Camilo tiene veintiocho años y trabaja en el área de soporte técnico de una empresa de servicios financieros, una ocupación monótona que le resulta ajena y alienante. Pasa ocho horas diarias resolviendo incidencias mecánicas mientras mantiene varias pestañas del navegador abiertas, donde construye interacciones virtuales con mujeres que conoce en redes sociales. En ese universo digital, Camilo despliega un carisma calculado que no logra reproducir de manera presencial. Las conversaciones fluidas y los mensajes constantes le ofrecen un escape inmediato al tedio laboral, transformando la conquista remota en su principal fuente de entretenimiento diario.
Sin embargo, sus vínculos poseen un límite estructural infranqueable: Camilo es incapaz de concretar un encuentro físico. Cuando la interacción demanda dar el paso hacia la realidad analógica, experimenta una ansiedad paralizante que interrumpe el proceso. Para evitar la vulnerabilidad del contacto presencial, desarrolla una estrategia de repliegue deliberada. En lugar de transparentar sus temores, opta por intensificar las dinámicas digitales para luego distanciarse de forma imprevista, perpetuando un ciclo relacional marcado por el entusiasmo inicial y la posterior evaporación del vínculo sin mediar explicación formal alguna.
Bombardeo afectivo (love bombing) y la conquista como entretenimiento
El comportamiento de Camilo se inicia habitualmente con la práctica del denominado love bombing o bombardeo afectivo. Durante las primeras semanas de contacto, invierte una cantidad desmedida de atención, mensajes de afirmación y promesas de futuro en la interlocutora. Esta sobreestimulación digital busca generar una rápida dependencia emocional y una falsa sensación de intimidad profunda. La estrategia cumple una doble función: por un lado, valida el ego de Camilo frente al descontento de su rutina cotidiana y, por el otro, posiciona la relación en un plano puramente idealizado dentro del entorno virtual.
La intensidad inicial no responde a una búsqueda genuina de reciprocidad, sino a una dinámica de consumo del interés ajeno. La atención continua actúa como un anestésico frente a la insatisfacción laboral y personal. No obstante, al constituirse sobre un terreno puramente imaginario, la intensidad resulta insostenible en el tiempo. Tan pronto como la contraparte solicita una presencia real o cuestiona el estancamiento del contacto, el entusiasmo inicial se convierte en una carga operacional que el emisor prefiere no gestionar, dando paso al enfriamiento paulatino del canal comunicativo.
La arquitectura del amor líquido y el desecho emocional
La incapacidad de consolidar un compromiso tangible encuentra su trasfondo en lo que la teoría sociológica contemporánea define como la precarización de los lazos afectivos. Las plataformas digitales convierten la interacción humana en una serie de transacciones modificables según las necesidades del momento. En este contexto, las personas son evaluadas mediante indicadores de satisfacción inmediata similares a los del mercado de bienes de consumo, donde la persistencia o el esfuerzo por mantener un lazo pierden sentido frente a la posibilidad de un reemplazo rápido.
La fragilidad estructural de estas uniones es caracterizada por la volatilidad propia de las redes modernas. Bauman (2005) aborda esta transformación al señalar que “en una red, los vínculos son conectados y desconectados a voluntad, sin las complicaciones que exige la mantención de una relación duradera” (p. 24). La facilidad técnica para cancelar una conversación reduce la responsabilidad ética del sujeto, naturalizando el abandono unilateral y convirtiendo la interrupción repentina del contacto en una herramienta habitual de gestión relacional dentro del espacio digital.
Distorsión de la realidad (gaslighting) y manipulación comunicativa
Cuando las interlocutoras de Camilo explicitan la contradicción entre las intensas declaraciones iniciales y su posterior negativa a reunirse, él recurre al gaslighting o manipulación de la percepción. En lugar de asumir sus limitaciones para socializar cara a cara, responde sugiriendo que la otra persona está malinterpretando las señales, exagerando la importancia de las conversaciones o mostrando una intensidad desmedida. Esta alteración del sentido del discurso busca trasladar la responsabilidad del conflicto hacia la víctima de la desconexión.
La invalidación del malestar ajeno le permite a Camilo mantener una imagen personal de neutralidad e inocencia. Al distorsionar el relato de lo sucedido, la contraparte es inducida a dudar de sus propios juicios y emociones. Esta violencia simbólica silenciosa busca neutralizar cualquier reclamo formal, protegiendo al manipulador de la confrontación directa. La manipulación de la narrativa actúa así como un escudo defensivo que justifica el distanciamiento y evita el coste emocional que implicaría reconocer la propia incapacidad para vincularse en el plano real.
Idealización del romance y evasión de la alteridad
La mediación tecnológica favorece la proyección de un ideal romántico desconectado de la realidad cotidiana. En la pantalla, las imperfecciones de los sujetos quedan ocultas tras perfiles seleccionados minuciosamente. Camilo se enamora de la idea del romance y de la imagen proyectada de sí mismo como un conquistador exitoso, pero rechaza la alteridad real de las mujeres con las que se relaciona. La presencia física impone imprevistos, discrepancias y demandas corporales que rompen la fantasía elaborada durante sus horas de trabajo en la oficina.
El amor romántico en la cultura digital opera como una narrativa de consumo individualista donde se busca la satisfacción de necesidades personales sin asumir los costes del cuidado mutuo. Al rehusarse a cruzar la barrera de lo presencial, el sujeto preserva la ilusión de un vínculo perfecto e inalterable. Sin embargo, esta inmunización contra el riesgo del rechazo presencial termina por condenar al individuo a una soledad recurrente, donde los intercambios se reducen a un flujo incesante de estímulos superficiales incapaces de estructurar afectos duraderos.
El imperativo del cuidado en la responsabilidad relacional
Frente a la consolidación de prácticas evasivas como el ghosting y la manipulación afectiva, diversos marcos conceptuales recalcan la urgencia de reincorporar la ética del cuidado en los intercambios personales. El cuidado implica reconocer la vulnerabilidad del interlocutor y asumir las consecuencias de las expectativas generadas durante la interacción. La madurez afectiva exige desmontar la lógica del uso instrumental del otro como mero entretenimiento transitorio para dar paso a un compromiso ético con la comunicación honesta.
La posibilidad de edificar lazos significativos requiere trascender el afán de control y la búsqueda constante de gratificación egoísta. Fromm (1959) argumenta en torno a esta exigencia ética indicando que “el amor no es primariamente una relación con una persona específica; es una actitud, una orientación del carácter que determina el tipo de relación de una persona con el mundo como totalidad” (p. 52). Asumir esta orientación implica renunciar a la manipulación defensiva y aceptar que la construcción de relaciones sanas demanda honestidad, presencia y disposición para afrontar las tensiones inevitables de la alteridad.
Conclusiones sobre la precarización afectiva contemporánea
El itinerario relacional de Camilo evidencia cómo la precarización del trabajo y la proliferación de interfaces digitales se articulan para configurar modos de vinculación caracterizados por el repliegue defensivo. La búsqueda de entretenimiento para sobrellevar la alienación laboral encuentra en las redes un terreno fértil para el despliegue de conductas manipuladoras que protegen al sujeto del miedo al fracaso social. No obstante, este modelo de protección individual genera una profunda desprotección colectiva en el ámbito de las relaciones afectivas.
El análisis de estos fenómenos demuestra que la digitalización del cortejo no solo ha modificado los canales de comunicación, sino la sustancia misma de la responsabilidad ética. La prevalencia del love bombing, el gaslighting y el ghosting refleja la asimilación de patrones de consumo en la esfera íntima. Frente a este panorama, resulta indispensable tensionar las dinámicas de evasión y recuperar la importancia del respeto, la claridad y el cuidado consciente como pilares fundamentales de toda interacción humana.
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