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Papito corazón nunca está solo Yo opino Créditos: El Mostrador.

Papito corazón nunca está solo

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Cuando hablamos de papitos corazón, pensamos en el hombre que no paga la pensión, que desaparece o que aparece solo cuando le conviene. Lo señalamos, con razón. Pero existe otra forma de serlo: la de quien cumple con la transferencia mensual, pero convierte la crianza en una batalla constante y se desentiende de la corresponsabilidad, el respeto y la voluntad de hacer más llevadera la crianza, no más difícil.

Pocas veces nos preguntamos qué pasa con quienes lo rodean. Porque papito corazón no siempre actúa solo: tiene una madre que dice que “la ex está exagerando”, una hermana que asegura que “igual es buen papá” , amigos que celebran su actuar, una pareja que mira hacia otro lado.

Ahí aparecen las tías corazón, los abuelos corazón, las parejas corazón, los amigos corazón. No tienen deuda legal con ese niño, pero contribuyen a construir el ambiente donde la irresponsabilidad se sostiene. Hay conductas que se vuelven normales cuando nadie las cuestiona.

Si le hace daño a la madre de sus hijos, ¿alguien le pone un límite? ¿O preferimos callar porque “es un problema de pareja”? Y lo más incómodo: ¿qué pasa cuando somos nosotros quienes le facilitamos no enfrentar las consecuencias de sus decisiones? Una cosa es acompañar a alguien en dificultades reales, y otra muy distinta es volverse cómplice de su irresponsabilidad.

No se trata de perseguir a los padres separados ni de asumir un solo culpable en cada historia. Pero quizás deberíamos dejar de preguntarnos solo por qué existen tantos papitos corazón, y empezar a preguntarnos cuántas personas alrededor hacen posible que sigan siéndolo.

Porque la irresponsabilidad también se construye socialmente: de silencios, justificaciones, “pobrecito”, “la mamá es complicada”, “algún día va a cambiar” . Y mientras todos protegen al adulto de las consecuencias de sus actos, muchas veces nadie protege al niño de crecer con un padre que decidió ser irresponsable.

Existen los papitos corazón. Pero también existen quienes los encubren, los justifican y les hacen creer que cumplir con sus hijos es opcional. Quizás es hora de dejar de llamarle “lealtad” a eso. Porque apoyar a alguien no siempre significa darle la razón. A veces, quererlo también significa decirle: estás haciendo daño, y tienes que hacerte cargo.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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