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Autocuidado materno: sostener nuestro bienestar también es cuidarnos Yo opino Créditos: El Mostrador.

Autocuidado materno: sostener nuestro bienestar también es cuidarnos

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Marcela Barraza Carvajal
Por : Marcela Barraza Carvajal Docente. Formación en Gestión Pública e Innovación Social. Mentora en Fundación Red de Mamás Mentoras.
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Hoy se habla mucho más de autocuidado materno que hace algunos años. Descansar, pedir ayuda, tener espacios propios y no dejarnos siempre para después forman parte de una conversación necesaria. Aun así, llevarlo a la vida cotidiana sigue siendo difícil para muchas madres. Una cosa es reconocer su importancia y otra muy distinta encontrarle un lugar real entre hijos, trabajo y responsabilidades que no dan descanso, porque incluso cuando logramos abrir ese espacio, mantenerlo en el tiempo se vuelve desafiante si termina convirtiéndose en una exigencia más.

Vale la pena mirar lo que entendemos por autocuidado. Las pequeñas pausas cotidianas importan, pero nuestro bienestar no puede depender únicamente de esos momentos que nos permiten tomar aire y seguir respondiendo a las exigencias diarias. La maternidad ocupa un lugar enorme en nuestras vidas, pero no elimina a la mujer que mantiene intereses, proyectos, afectos y necesidades propias.

Llevar esto a la práctica evidencia realidades muy distintas. Hay madres con redes sólidas y otras que cuidan prácticamente solas. Para muchas, trabajar fuera de casa responde a una necesidad económica, pero también sostiene su autonomía. La maternidad no borra esa dimensión, aunque obligue a reorganizar buena parte de la vida. La socióloga chilena Martina Yopo ha planteado que las decisiones de las madres ocurren dentro de condiciones sociales, familiares y laborales concretas. Por eso, pedirles que se “prioricen” resulta ilusorio si antes no nos preguntamos si tienen el tiempo, el apoyo y las condiciones para hacerlo.

El contexto, sin embargo, no lo explica todo. A veces aparece la oportunidad de tener un espacio propio y aun así cuesta sostenerlo. Ante un imprevisto, ese tiempo suele ser lo primero que cedemos. El hábito de postergarnos puede estar tan arraigado que incluso sentimos la necesidad de justificar una salida o un momento personal, como si nuestro bienestar necesitara un permiso o una excusa. Muchas crecimos viendo mujeres siempre disponibles para otros y acostumbradas a dejar lo propio para después. Desaprender esa inercia y transformar esos aprendizajes toma tiempo.

Las pequeñas pausas siguen siendo valiosas. Tomar un té con calma, respirar unos minutos o ducharse sin apuro puede significar mucho cuando no hay margen para algo más. El problema aparece cuando el autocuidado termina reducido únicamente a esos momentos. También necesitamos pensar en un bienestar sostenible, sin convertirlo en otra tarea pendiente de la lista.

Cuidarnos tampoco exige hacerlo todo bien. Habrá etapas en que sea posible recuperar espacios propios y otras en que la vida obligue a pausarlos momentáneamente. Lo importante es poder retomarlos sin sentir que hemos fallado.

Estamos abriendo una conversación distinta para quienes vienen después. Mostrar que acompañar a nuestros hijos puede convivir con cuidar de nosotras mismas ya es un avance. Es cierto que una madre con bienestar tendrá más herramientas para sostener la crianza, pero incluso ese argumento resulta insuficiente. Nuestro bienestar no debería necesitar una justificación ni depender del beneficio que pueda traer a otros.

El bienestar de una madre importa, sencillamente, por ella misma.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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