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10,5%: las mujeres salen a buscar trabajo y el Estado les cierra la puerta Yo opino Crédito: El Mostrador.

10,5%: las mujeres salen a buscar trabajo y el Estado les cierra la puerta

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Natalia Flores González
Por : Natalia Flores González Coordinadora de Feminismo del Instituto Igualdad.
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Mientras el INE confirma el peor desempleo en más de cinco años, el Gobierno anuncia con una mano subsidios y ampliaciones para el empleo femenino y con la otra los recorta en el Presupuesto 2027. Y para financiar la sala cuna insiste en echar mano al seguro de cesantía.


El INE publicó las cifras del trimestre julio-septiembre y no hay forma amable de leerlas. La desocupación nacional llegó a 9,8%, la más alta en más de cinco años, y por primera vez desde 2020 hay más de un millón de personas sin trabajo. Entre las mujeres la tasa subió a 10,5%, 1,4 puntos más que hace un año. Entre las jóvenes de 15 a 24 años, a 26,8%.

Pero lo más elocuente está debajo de la tasa. La fuerza de trabajo femenina creció 1,4%, las desocupadas aumentaron 16,7% y las que buscan empleo por primera vez, casi 20%. En el mismo período los hombres ocupados cayeron 1,9%. Quien haya mirado alguna vez una crisis desde abajo conoce esta película: cuando el ingreso del hogar se cae, las mujeres salen a buscar trabajo. Salen y no lo encuentran o lo encuentran en la informalidad, que entre ellas siguió subiendo mientras entre los hombres bajaba. El problema no es la falta de ganas de trabajar. Es un mercado que no las absorbe y un Estado que no les despeja el camino.

El Gobierno tiene una respuesta, incluso con nombre de campaña. En julio lanzó “Modo Empleo”, con la promesa de 50 mil puestos de trabajo en cuatro meses, y la ministra de la Mujer, Judith Marín, puso el empleo femenino en el centro: un subsidio de $330 mil por cada mujer contratada a través del SENCE y la ampliación del Programa 4 a 7 a 60 nuevos establecimientos, para unas 1.200 mujeres más. A fines de julio el subsidio llevaba cerca de 4 mil postulaciones de una meta de 25 mil. Tres meses después, el empleo no creció en 50 mil: cayó 1,1% en doce meses.

La ministra dijo algo cierto al presentar el plan: para aumentar el empleo femenino no basta con abrir vacantes, porque la barrera de fondo es el cuidado. Tiene razón. El problema es que el presupuesto que ella misma defiende dice exactamente lo contrario.

El Programa 4 a 7, la vitrina de su anuncio, cae 4,8% real en el proyecto de Presupuesto 2027. Mujeres Jefas de Hogar, el principal programa de empleabilidad del SernamEG, cae casi 10%. Mujer Emprende desaparece. El Bono al Trabajo de la Mujer se reduce 86% para ser absorbido por el nuevo Subsidio Unificado al Empleo, pero a ese subsidio el propio informe financiero de su ley le calculó un costo de $210 mil millones para 2027 y el proyecto le asigna menos de $90 mil millones. Faltan más de $121 mil millones que ningún documento oficial explica. Y como el nuevo instrumento ya no distingue cuánto llega a mujeres, nadie podrá saber cuánto de ese
recorte lo pagan ellas.

En formación para el trabajo el cuadro es peor. Después de un ajuste que en mayo le quitó al SENCE cerca del 45% de su presupuesto, el programa de Capacitación en Oficios llega a 2027 con la mitad de lo que tenía en la ley de este año. Reconversión laboral cae 30% y PRODEMU, que durante 36 años formó y acompañó a miles de mujeres populares y rurales para que generaran ingresos propios, tiene orden de cerrar el 31 de marzo. En cuidados, el programa de atención domiciliaria a personas con dependencia severa, el que alivia en algo la jornada interminable de las cuidadoras, no aparece en el texto del proyecto de Presupuesto.

La lógica es transparente: se subsidia la contratación mientras se desmantela lo que permite que una mujer llegue a ser contratada. De poco sirve un bono al empleador o empleadora si la mujer no tiene con quién dejar a sus hijos o hijas después de la escuela o liceo, si no pudo capacitarse o si cuida sola a personas postradas. El cuidado y la formación no son un complemento del empleo femenino. Son su condición.

Ahí entra la sala cuna, la medida más estructural de todas y la que mejor retrata la contradicción. El 8 de septiembre el Senado rechazó la fórmula del Ejecutivo: una cotización de 0,35% compensada con una rebaja equivalente al seguro de cesantía. El proyecto está hoy en la Cámara, la Comisión de Trabajo aprobó por unanimidad la idea de legislar. Ha trascendido en los medios que existiría una nueva propuesta del Gobierno que cambia los números, no el fondo su modo de financiamiento: 0,3% de cotización y una rebaja de 0,15 puntos tanto en la cuenta individual como en el Fondo de Cesantía Solidario. La ministra la llama un mecanismo “responsable” que no encarece la contratación.

Detengámonos en lo que significa. Con más de un millón de personas desempleadas y el desempleo femenino al alza, el Gobierno propone financiar el derecho a sala cuna debilitando el seguro que protege a quienes pierden su trabajo. Las mujeres pagarían el cuidado de sus hijos o hijas con su propia protección frente al despido, justo cuando el despido es más probable. La Central Unitaria de Trabajadores/as -CUT lo llamó un impuesto a las mujeres por trabajar. No hay mejor nombre.

Quienes hacemos política desde el progresismo queremos sala cuna universal. La queremos desde que la ley amarró el costo del cuidado a la contratación de mujeres, y por eso apoyamos derogar el artículo 203. Pero una sala cuna financiada con el seguro de cesantía de las trabajadoras no corrige esa injusticia: la traslada de bolsillo. El cuidado beneficia a toda la sociedad y debe financiarse como tal, con aporte fiscal y de las y los empleadores, sin copago para las familias y sin tocar la protección de quienes trabajan.

El Congreso tiene en sus manos las dos decisiones. La partida del Ministerio de la Mujer sigue pendiente en la subcomisión mixta, y la sala cuna está abierta a indicaciones. Las y los parlamentarios no pueden aumentar el gasto, pero sí pueden rechazar, condicionar y negociar.

Pueden rechazar la glosa que ordena el cierre de PRODEMU, exigir que el 4 a 7 y Jefas de Hogar recuperen al menos su nivel de 2026, pedir que el Subsidio Unificado se financie completo y reporte cuánto llega a mujeres, defender la capacitación en oficios y negarse a aprobar una sala cuna pagada con el seguro de cesantía. ¿Qué puede hacer las mujeres de la sociedad civil organizada? Exigir el cumplimiento de los compromisos de campaña del Gobierno del Presidente Kast y movilizarse.

El empleo de las mujeres no se activa apretando un botón ni poniéndole “modo” a un plan. Se construye con cuidados, con formación y con derechos financiados. Todo lo demás son anuncios vacíos, y las mujeres que hoy buscan trabajo sin encontrarlo no viven de la frialdad y falta de empatía de este Gobierno.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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