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Ángel Parra hijo : ‘Me llega más Marco A. Solís que un jazzista intelectual’

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El nuevo disco de la banda de Ángel Parra podría haber sido dedicado a la Nueva Ola, pero es un tributo a Óscar Arriagada: el creador de la primera compañía de guitarras eléctricas chilenas y autor del clásico »Rock del esqueleto», que en su nueva versión es cantada nada menos que por Jorge González.


Ángel Parra creía que Oscar Arriagada, el creador del clásico Rock del Esqueleto, estaba muerto. Hace dos años, con Titae Lindl y Moncho Pérez le hicieron un tributo al guitarrista de la Nueva Ola y ni la sombra de él. Pero el año pasado, promocionando una nueva tocata en su honor en la radio, el ex Los Tres lanzó un mensaje al aire: "Oscar, si estás por ahí escuchando esto, por favor llámanos, ubícanos porque queremos conocerte".



El llamado resultó y a menos de un año de que Arriagada contactara a Parra, tienen un disco juntos. El lunes pasado se terminó de masterizar el nuevo álbum de Ángel Parra Trío, Playa Solitaria, que tiene como invitado central a Oscar Arriagada y de hecho, el más clásico de sus hit será el nuevo single. Si eso fuera poco o si ya no fuera novedad ver como la banda de Titae Lindl, Moncho Pérez y Ángel Parra hijo refresca hits del pasado, la nueva versión del Rock del Esqueleto la canta Jorge González. ¿Más? El vocalista de Los Prisioneros también hace un remix electrónico de siete minutos de la canción donde apenas hay canto.



Playa Solitaria, grabado en los nuevos estudios de grabación de la Uniacc -donde Parra hace clases- es una suerte de homenaje a Arriagada, un guitarrista clásico de la Nueva Ola, que como muchos de su generación se sumergió en un olvido público desde fines de los ’70. En su historia, además de «El Rock del esqueleto», se cuenta ser el creador de la primera compañía de marca de guitarras eléctricas chilenas, las Dickson -que todavía hace para su uso personal- y en estos últimos años, ser el manager de Adrián y los Dados Negros y Ráfaga, por ejemplo.



Para Angel Parra, Arriagada también es uno de los guitarristas ineludibles de la música chilena. "Tiene una manera de tocar guitarra eléctrica diferente. Desde la uñeta, que no sé que le hace, parece que la muerde. Además el sonido de su guitarra es inimitable porque él las hace. Nunca va a sonar a otro, nunca. La manera que toca las melodías es inconfundible. Lo mismo que pasa con Rabanito, con el Tío Roberto (Parra), o la Violeta Parra", dice.



Además, Playa Solitaria, que sale a mediados de mayo, es uno de los lanzamientos más importante del independiente y renacido sello Bizarro, una marca que durante los ’90, en medio del boom del "nuevo rock chileno", fue la filial alternativa de Warner. Es decir, es la vuelta hacia la independencia de Ángel Parra Trío que en el 2002 fue grito y plata con La Hora Feliz cuando se apoyaba justamete en Warner.



"Warner antes ponía siete u ocho millones para grabar el disco Vamos que se puede (2003), pero tal vez si los hubiera llamado ahora me habrían dicho: "No, sabís que ahora no hay plata, no hagai nada". Pero como a nosotros nos gusta hacer un disco todos los años, hay que hacerlo igual. La independencia es la alternativa para todos los grupos. Hay que asumir que todo el fenómeno de Mekano, el reggaeton y todo eso, a nosotros nos va a dejar a la deriva totalmente. Nunca más vamos a trabajar con la promoción y la plata para el video clip… Toda esa guevá se acabó. Y no sólo para nosotros, se acabó para la mayoría de los grupos chilenos", asegura Parra.



Encontrando a Arriagada



– ¿Cómo nace la relación con Oscar Arriagada?
– La relación con Oscar nace hace muchos años, casi cuando nos estábamos separando con Los Tres, cuando llegó a nuestras manos el disco Guitarras Hits. Ahí escuchamos esas versiones que nos llamaron mucho la atención por el sonido de la grabación. En el disco no dice quien toca, pero ahora supimos que toca Valentín Trujillo, bajo Iván Casabón, batería parece que está Giolito… No es casualidad que suene tan bien ese disco. Y lo grabó un tal Torrejón, que es el que grabó varios discos de la Violeta Parra y toda la Nueva Ola. Ese disco nos gustaba por el sonido, por el repertorio y no sabíamos nada de Oscar Arriagada: si existía, si estaba muerto, nada.



– ¿Cómo lo encontraron?
– Hicimos un tributo hace un par de años a Oscar Arriagada y no supimos nada de él. Yo creí que estaba muerto. Después, como a mitad de año, decidimos hacer unos show a la Batuta y antes de hacerlos, yo fui a la radio Bio Bio y dije al aire algo así como "Oscar, si estás por ahí escuchando esto, por favor llámanos, ubícanos porque queremos conocerte". Cuando salí de la radio, me llamó al tiro al celular.



– ¿Y cómo ha sido grabar un disco con él?
– Bueno, nuestra relación partió primero conociéndolo en la casa del Titae, muy informalmente para esta tocata de la Batuta, que fue en julio del año pasado. No dimos cuenta que es una persona híper fácil de trabajar con él, no es un tipo ni ególatra como puede ser una persona que pertenece a la Nueva Ola. De repente como Buddy Richard, que son grandes músicos y próceres de la composición de la música chilena, entonces igual tienen así el ego y es difícil trabajar con ellos. No es el caso de Oscar que es un tipo más sencillo que la cresta.



– ¿En Playa Solitaria, Oscar Arriagada está tocando con una guitarra hecha por él?
– Desde que está tocando con nosotros está tocando con un guitarra de él. Y como anécdota, que ya no nos causa mucha risa, es que todos los días le hace una modificación. Le saca algo, le cambia el micrófono, le pone un switch para esta guevá, le quiere meter un afinador adentro… Es un tipo como giro sintornillos. Y la última gracia que hizo, es que la guitarra la aserruchó y le puso dos brazos e hizo una de 12 cuerdas y otras de 6 cuerdas. Entonces cuando llegó la semana pasada, ahí si que no entendíamos nada.



El repertorio chileno



– ¿Las canciones de este disco son la mayoría de él?
– No son de él. La mayoría son covers que tocó en los años de la Nueva Ola, en los 50′, 60′, salvo "El rock del Esqueleto", que es el tema más vendido en la historia de la música chilena desde "El Mundial del 62". O sea, es una composición tremenda.



– ¿Este disco es un homenaje a la Nueva Ola?
– Más que a la Nueva Ola, es un homenaje a Oscar Arriagada. Y más que eso, es sacarnos el gusto de poder grabar con esta persona a la que nosotros admiramos. Así como lo hicimos con Rabanito en el disco Tequila. Además, es adaptar el repertorio al sonido del trío y eso es súper tajante: las versiones no se parecen en nada a las originales. El verano antes de grabar el disco estuvimos escuchando mucho soul, mucho Ray Charles, mucho rythm and blues y le dimos un sonido blusero negro a los temas de la Nueva Ola. Está "Café con Leche", "Apache", "Juárez", "Playa Solitaria", "Penas del Corazón". Es un repertorio muy popular y es un gusto tocar esa música, sobre todo teniéndolo a él.



– ¿Muy lejos del jazz?
– Diría que si. Pero no, en el sentido de que nosotros siempre hemos tocado la música que sea con un espacio grande para la improvisación. Y cuando tocamos en vivo es mucho más amplio. Ponte tú, en "Penas del Corazón" en el disco hay dos vueltas solos de guitarras, de contrabajos y batería. Pero en vivo, el solo de guitarra dura 16 minutos, el de bajo es larguísimo, el de batería también… Es como enfrentado con la mentalidad de un jazzista. Pero yo diría que el disco es más rockero que jazz, y más aún, música popular que nada. A pesar de que a mí me encanta tocar jazz -y lo hicimos en nuestros primeros discos hasta el cansancio- siempre he creído que es la música popular la que la lleva en todo sentido. Me llega mucho más lo que escucho en la radio como Marco Antonio Solís o Juan Gabriel, que un jazzista haciendo la música intelectual y súper complicada, que también me llega, pero me para más los pelos esto.



– En ese sentido, ¿se enmarca la idea de rescatar música popular chilena?
– Chilena, totalmente. Acá en Chile también existe un repertorio popular chileno. Así como existe el Real Book para los jazzistas que son puros temas que vienen de Estados Unidos, también hay un repertorio que es más latinoamericano -que no es folklórico- de temas conocidos y que también uno podría hacer un libro con ellos. Son millones de temas: como «Mejillones», «Norma mía», una cantidad enorme. Entonces, el disco refleja bien eso.



González, sin rollos



– ¿Por qué meter a Jorge González en el Rock del Esqueleto? También es una figura histórica en la música chilena a estas alturas.
– A Jorge González no le interesa el jazz, pero ni siquiera un pelo. Le da lo mismo lo que hagan los jazzistas. En el asqueroso libro de Enrique Simss, le preguntaban por el grupo de Ángel Parra y él decía que lo encontraba como el hoyo. Para mí ningún problema, porque él hablaba de lo que nosotros hacíamos en los primeros discos.



"A Jorge González lo empezamos a conocer hace unos tres, cuatro años, en las fondas es que tocaba el Álvaro (Henríquez). Y él es admirador acérrimo de Oscar Arriagada. Por ahí el Titae se encontró en una fiesta con él y le contó lo que estábamos grabando. "Ah y ¿cuando me invitan a cantar?", dijo González. Fue como una coincidencia, porque nuestro cantante Julián Peña andaba de vacaciones y necesitábamos grabar el tema, se nos iba a acabar el tiempo de estudio. Entonces lo llamó el Titae y de todas maneras. Le puso toda la onda que necesitaba el tema. Porque es un tema para una persona que no tiene dudas en la cabeza… Se para, canta y en media hora termina la guevá. No puede cantarlo un gueón más enrollado o que venga del jazz. Era la persona indicada", agrega.



– Además, es bien entretenido juntar en una canción mucha historia de la música chilena
– Entretenidísimo. Después la conversación que tuvo con el Oscar. Se creó una amistad muy bonita. Y el propio Oscar casi llorando con todas las cosas que pasan. Él no se espera todo lo que estamos haciendo. Él cree que poco menos estamos haciendo una Teletón de los músicos, que estamos haciendo algo para ayudarlo… No tiene nada que ver con eso, es sólo ganas de tocar con él, pero se emociona. "En serio va a estar el Jorge", dice. "Estoy eternamente agradecido". No es una ninguna guevá de salvemos al viejito, ni mucho menos. Tiene más energía que la cresta.



– ¿A ti te gusta lo que está haciendo Jorge Gonzáles ahora?
– Me gusta el sonido crudo de Jorge. Me gusta. Me gusta la falta de enrollamiento personal al momento de hacer una canción o de cantar o pararse y tocar la guitarra al chancho. Pese a que no es un instrumentista, admiro eso mucho más que nada. Además, la creatividad. Conversas con él y te calza toda la historia. Yo lo fui a ver con Los Prisioneros cuando tenía 17 años, la primera vez que tocaron en la historia de la música chilena…



– ¿Estuviste la primera vez que tocaron Los Prisioneros?
– Los fui a ver al Teatro Apoquindo en plena época new wave, eran las primeras tocatas. Yo los miraba súper prejuiciosamente porque a mi me gustaba el jazz. Pero tenemos historias súper parecida. Él estuvo con una niña con la que yo también pololeé. Son cosas en la época más o menos parecidas, a pesar de que no tenemos nada que ver en común y ahora sí se pudieron juntar las historias mucho más. Es muy bueno que con una persona que viene de otra formación musical ahora podamos compartir y pasarlo bien juntos.



– ¿Y con Álvaro Henríquez por qué no han grabado algo?
– No se han dado las cosas. Cuando nos vemos con el Álvaro es muy buena la comunicación. Pero también él está en su camino, haciendo sus cosas, con sus músicos. Nosotros tenemos millones de cosas por hacer con Titae. Entonces, no es tan fácil que la cosa se reviva, pero cada vez que nos vemos… La otra vez tocamos juntos en la Católica y no hay rollo. El dijo algo en la radio que me pareció genial. Le preguntaron qué pasa con Los Tres, cuándo se van a juntar y él dijo -así como Los Sopranos, esa onda que le gusta a él-: "Un amigo me dijo que la plata tiene que ir siempre detrás de uno y no uno detrás de la plata". Tiene toda la razón. Eso también hace un poco alusión a la guevá de los Prisioneros. Esa plata está ahí… Va haber un momento que va haber que hacerlo. Pero no hay para qué apurarlo. Él no tiene intenciones y nosotros tampoco.



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