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Encuentro de payadores canta a lo humano y lo divino en Casablanca

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Con invitados de Cuba, México, Argentina, Uruguay y España el 9 de febrero se inicia una de las citas más importantes de payadores en Chile. Las presentaciones, talleres de improvisación y coloquios revelan que crece el interés por los poetas populares, y que hay mujeres que se suman sus filas.


Durante la Colonia los ‘puetas’ recorrían los campos de Chile con sus guitarras hechas con cuerdas de tripas, viviendo de la generosidad de los campesinos y llevando cuentos y diversión con métrica, según cuenta el payador Pedro Yáñez. Cada sociedad ha tenido un poeta que narre lo cotidiano, que transmita las noticias de una localidad a otra, que saque de la raíz de la tierra su arte. Los bardos, los aedos, los trovadores y los amautas son parte de esta tradición, que llegó a Chile gracias a los misioneros jesuitas, en la época de la Conquista, cuando ellos, ayudados por sus guitarras, enseñaban el evangelio.



Hoy, cinco siglos más tarde, el poeta popular subsiste en los paisajes rurales y en las urbes, y cada vez son más los jóvenes cantando a lo humano y a lo divino con guitarra, guitarra traspuesta y guitarrón. En décimas y cuartetas se crean duelos entre payadores que mezclan el humor con la filosofía popular y la métrica. Los eventos de este tipo se multiplican a lo largo del país, y uno de los más importantes, el Encuentro Internacional de Payadores de Casablanca, que se inicia el jueves 9 de febrero, tendrá, en total, más de 30 cultores de este género.



Este festival, iniciado hace 12 años, nació como iniciativa de ‘los Arnoldos’ Madariaga, padre e hijo, quienes convocaron en 1994 a un grupo de ‘puetas’ y, ante no más de 300 personas, iniciaron esta cita de la que hoy están alejados, pero que continúan con carácter internacional, y que esta vez comprende a creadores de México, Argentina, Uruguay, Cuba y España durante cuatro días.



Además de las presentaciones en vivo, el encuentro comprende talleres de improvisación, feria de productos típicos, comida y artesanía; una cata de vinos; un coloquio internacional de la décima y el verso improvisado; una muestra de la improvisación y una misa con canto a lo divino, entre otras actividades. El programa completo se puede consultar aquí.




La paya actual



La paya es el verso improvisado, con una métrica determinada. En rigor, las décimas que se escriben y luego se cantan no son payas, sino cantos a lo divino y a lo humano. Originalmente, los payadores se reunían a la sombra de un parrón para hacer un ‘duelo’ o contrapunto, en torno a un tema, o basado en preguntas y respuestas.



Actualmente, son muchos los jóvenes que están aprendiendo este arte, y el verso improvisado, históricamente un oficio masculino, ha comenzado también a acoger entre sus filas a mujeres, como Cecilia Astorga. Ellos han aprendido a manejar la guitarra traspuesta y el guitarrón, un instrumento único, más grande que una guitarra y de 25 cuerdas. "La guitarra tiene una afinación universal -detalla el payador Antonio Contreras. Nosotros, los poetas populares vamos cambiando esa afinación; hay muchas afinaciones traspuestas, alrededor de 60 u 80."



El "canto a lo divino", en el campo, convoca a una rueda 8 a 12 ‘puetas’, que trasnochan cantando décimas, con motivo alguna fecha religiosa o el velatorio de un «angelito», cuenta Pedro Yáñez. "Cuando termina la vigilia se toma desayuno y comienzan algunos desafíos a cantar "a lo humano", que son décimas compuestas con anterioridad. La competencia está en lucir un repertorio de alta calidad y en saber una gran cantidad de fundamentos. Simultáneamente al canto a lo humano, puede aparecer un par de payadores que realicen un contrapunto improvisado en cuartetas por pregunta y respuesta o bien, en décimas", completa el estudioso.



El canto y la paya como subversión



"Me han preguntádico varias persónicas
si peligrósicas para las másicas
son las canciónicas agitadóricas.
¡Ay, qué pregúntica tan infantílica
sólo un piñúflico la formulárica."




Violeta Parra, "Mazúrquica modérnica".



Según cuenta Pedro Yáñez, uno de los más importantes expositores de este oficio, en el siglo XIX los poetas del pueblo escribían sus décimas en una hoja suelta, llamada "La lira popular", que vendían en los pueblos, y de la que se conservan algunas copias en la biblioteca nacional. Esa publicación artesanal fue prohibida con el tiempo por las autoridades, y sus creadores fueron perseguidos, porque sus versos eran considerados peligrosos.



A mediados del siglo XX eran pocos los que aún conservaban este arte, y estaban dispersos en el campo. Una de las figuras centrales, en términos de recopilación y creación de poesía popular fue Violeta Parra, que ofició como verdadera arqueóloga del canto campesino y del folclor en general. "Violeta Parra sintió que la riqueza cultural del «canto a lo poeta» era muy grande y para recopilarla pidió ayuda a la Universidad de Chile, allí había un «Instituto de Investigaciones Musicales» cuyos funcionarios, que no vale la pena nombrar, le dieron la espalda, lo mismo las autoridades universitarias", recuerda Yáñez.



"El año 72 salimos con Santos Rubio a realizar presentaciones artísticas en las primeras ‘peñas’ folclóricas que conocieron de la vuelta de los payadores a la gran ciudad", dice el payador, y relata que en 1973, nuevamente los cantores populares fueron marginados y tenidos por subversivos.




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