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Cultura - El Mostrador

"Paseo de oficina": el chileno pedestre

por 10 octubre, 2012

“Paseo de oficina”: el chileno pedestre
La nueva película del “Rumpy”, que cuenta la historia de unos empleados que participan en un paseo de la empresa, intenta hacer reír y, de paso, formular una crítica a la deshumanización del trabajo en el marco de la globalización. Sin embargo, su resultado es pobre, pues configura un retrato unidimensional, donde las personas parecen responder sólo a instintos y motivaciones muy básicas, mostrándose prácticamente como estúpidas. Una comedia burda, predecible y que finalmente evade la acidez y el descontento que quiso sugerir.
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La comedia picaresca, terreno en el que en buena medida se mueve “Paseo de oficina”, la última película de Roberto Artiagoitía, el “Rumpy”, brinda la posibilidad de extremar situaciones y personajes. Esto no significa, eso sí, que pueda descuidarse la coherencia y el sentido de las acciones y de los diálogos, así como la densidad de las personalidades que se dibujan en el relato.

Lamentablemente, en el tercer largometraje dirigido por el conocido locutor radial, tan centrales elementos son muy descuidados. Porque, en su intento por retratar cierta idiosincrasia del chileno y la deshumanización de las organizaciones y del trabajo, de la mano de la aplastante y cruel globalización económica, Artiagoitía ofrece una descripción de brocha gorda, unidimensional, en definitiva estereotipada de los empleados de Almacenes Océano, quienes participan de un paseo (o “jornada de integración”, como le denominan los organizadores) en el que conocerán al nuevo mandamás, el argentino Blas Benedetto (Gastón Pauls), quien llega producto de la compra de la empresa por parte de la multinacional Dexter. Y, al mismo tiempo, ensambla discursos y situaciones de diversa índole sin lograr configurar un relato redondo, bien articulado, congruente.

No se puede afirmar otra cosa si al principio del filme se nos hace escuchar los sonidos propios de quien está en un baño, como ocurre con el personaje de Sofía (Manuela Oyarzún), la psicóloga de la empresa. Momento innecesario, sobre todo si en ninguna escena posterior se la muestra como una mujer chabacana y menos grotesca. Similar cosa sucede un rato antes, cuando Leonardo Rebolledo (Luis Gnecco), el jefe de personal, unta la mantequilla en el pan con un dedo: esta pedestre representación no se condice con el carácter que luego se ofrecerá del personaje, más bien el único con cierta integridad moral y sentido de grupo.
Los demás personajes son caricaturas: el sexualmente ansioso joven reggaetonero (Alexis, interpretado por Fernando Godoy), el servil y cínico gerente (Esteban Achondo, actuado por Daniel Alcaíno), el crítico y combativo dirigente gremial, el sediento empleado que sólo piensa en comer, beber y jugar fútbol… Todos ellos parecen responder a una única y básica motivación: salvarse el pellejo, satisfacer sus necesidades más instintivas, en fin, son chilenos ramplones, frustrados, incluso estúpidos.

Hasta el insensible ejecutivo argentino, quien parece estar algo más avanzado en su desarrollo intelectual, se muestra torpe en lo que dice y, a pesar de que es el villano del relato, finalmente se torna comprensivo de que la empresa la conforman personas y no números, en un cambio de posición bastante brusco y poco coherente con su desenvolvimiento anterior.

La idea no está nada mal: “Paseo de oficina” busca hacer reír y, a la vez, retratar a los chilenos en su comportamiento y enfrentados a los avatares de los negocios y la globalización. El problema es que la crítica social, aquello que debía aflorar tras lo picaresco y lo cotidiano, se hace obvia y, además, se disuelve fácilmente en medio de tanta situación vulgar y apenas divertida. Y acá reside el otro gran pecado de esta película: jamás arranca carcajadas, de esas incontrolables, sólo algunas risas, y esto no lo decimos sólo por experiencia propia.

Asimismo, los personajes que ofrecían más posibilidades dramáticas, como el del jefe de personal o el de la psicóloga, no alcanzan a desarrollarse adecuadamente, desperdiciándose la oportunidad de dotar de densidad narrativa y matices al relato.

De manera que “Paseo de oficina” se queda a medio camino en su intento por hacer crítica social, así como en su carácter grotesco. Una película tibia, débil, tímida en su incorrección. En algo, sí, la coherencia es absoluta: su estética es tan pobre como su guión.
Los paseantes bien pudieron quedarse en la oficina.

Película: “Paseo de oficina”.
Año: 2012.
Duración: 90 minutos.
Dirección: Roberto Artiagoitía, “Rumpy”.
Reparto: Luis Gnecco, Gastón Pauls, Manuela Oyarzún, Daniel Alcaíno, Fernando Godoy, María José Bello y Paloma Moreno.
Mayores de 14 años.

Trailer subtitulado:

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