La cinta se estrena en salas comerciales el próximo 23 de abril
El bloqueo de la curia chilena a la filmación de la película «El Bosque de Karadima»
Durante más de dos años, el director del filme Matías Lira debió dar «luchas» para alcanzar la materialización del proyecto. Fuera de lo emocionalmente complejo que significó estudiar los expedientes eclesiásticos que lo llevó a concluir que en El Bosque existía una red que permitía los abusos de Karadima, porque a la curia le resultaba satisfactorio que tuviera tanta influencia en la clases económicas acomodadas, tambien tuvo que lidiar con la orden de la jerarquía religiosa de cerrarle todas las puertas de Iglesias de Chile, y de enfrentar la misma estrategia usada con las víctimas, la «dilación» impenitente.
Para Matías Lira, director de la película El Bosque de Karadima, el proceso de llevar a cabo un filme donde el ejercicio del poder de quienes están en la cúspide de la jerarquía eclesial es tan invisible como la creencia misma, fue una tarea difícil. A diferencia del credo, el poder no es una cuestión de fe y los que están arriba tampoco son santos.
A lo largo de los dos años en que Lira y su equipo han dedicado a este proyecto, muchos fueron los eventos, algunos curiosos y otros indignantes, que los llevaron a cuestionarse si la película vería finalmente la luz. Tuvieron que enfrentarse a bloqueos y estrategias de dilación tan desgastantes y decepcionantes, como el mismo hecho de estudiar los expedientes eclesiásticos y concluir que en estos casos no solo existió abuso sexual, sino también abuso de poder de parte de una red que facilitó la comisión de los delitos y permitió que la parroquia de El Bosque dejara de ser iglesia para convertirse en secta.
La punta del iceberg
Como a gran parte de la sociedad chilena, la exhibición del Informe Especial, que reveló el caso del párroco Fernando Karadima, causó una profunda conmoción en Lira. Además de la asaltarle la convicción de que se trataba de un material fílmico, para llevar a cabo el proyecto debía ingresar a un mundo que suponía conocer bien. Fue criado dentro de la fe católica y tenía amigos que pertenecían a la comunidad de El Bosque.
«Lo que más me afectó fue cuando comenzamos a investigar en torno a los expedientes, en un proceso de investigación que se hizo con Álvaro Díaz», comienza a relatar Lira. «Ahí uno empieza a darse cuenta que en este caso hay muchas más víctimas, y por ende, muchos más culpables y cómplices».
La profundidad de lo desconocido en estos hechos llevaron a Lira a comparan los abusos con el iceberg. «Entre más abajo, mayor es la cantidad de víctimas y mayor mayor también la cantidad de victimarios», analiza.
Mientras avanzaba en la investigación, el realizador se conectó emocionalmente con las personas que padecieron los hechos y comprendió cuál era la molestia de las víctimas. «¿Por qué la gente de enoja con la designación de Juan Barros como obispo de Osorno? ¿Con el nombramiento de Errázuriz como asesor del Papa en el Vaticano? ¿Con Ezzati que dice que no tenía ni idea?, se pregunta.
«Toda esta gente sabía. Entonces muchos casos podrían haberse evitado, muchos abusos, si hubieran actuado en ese momento. Esa es la rabia», responde sin ocultar la indignación.
Para esta nota, el cineasta explica que entiende que debían haber procesos de investigación, de análisis, «pero cuando la reiteración es demasiado obvia y las víctimas apelan a los mismos hechos y se observan los mismos cánones de comportamiento, entonces uno comprende que esto no lo consigue solo una persona, que existió un red».
La red -aclara el director- no era de protección, sino que de permisión, de parte de un grupo de personas que permitieron que el poder se «sublimara» de esa manera en El Bosque. ¿Pero cómo se logra algo así? Para Lira resulta clave la inobservancia de los protocolos eclesiásticos que impiden que los párrocos se enquisten en el poder por más de 5 años. «Nada de eso sucedió en El Bosque. Karadima comenzó a empoderarse porque la sociedad político económica lo tenía muy beneficiado, y eso -repara el director- eso eran muy atractivo para la curia».
Para entender el poder que logró acumular Karadima y que hoy, pese a la condena eclesiástica, goza de plenas libertades, Lira recurre al ejemplo de las vocaciones. Un buen cura no genera vocaciones, dice Lira. «Un extraordinario cura genera tres, cuatro. Un maravilloso cura tiene 15. Pero Karadima tenía 50 gallos, operando en el Vaticano, en el Seminario Mayor, en el número 1 de la Universidad Católica. Estaba enquistado en todas partes. Ese era su verdadero poder».
El bloqueo
La forma de operar de esta red, que por años funcionó en El Bosque, para Lira es obra de la Curia católica de Chile, «porque no se trata de la Iglesia sino de un grupo de no más de 25 curas que toman las decisiones», enfatiza.
Esta curia, que fue la que permitió que Karadima diera rienda suelta a sus abusos, fue también la que mostró desde los primeros días -asegura el realizador- su intención de bloquear la filmación de la película, usando la misma estrategia de dilación que usaron con las víctimas para asegurarse que los delitos prescribieran en la justicia civil.
«Para mi lo más terrible es cuando una persona tiene conciencia de algo que ha sucedido y no quiere enfrentarlo, entonces comienza una complicidad, esto era un poco lo que pasaba acá, ellos sabían que este proyecto había ganado fondos, que estaba en el tapete, que se estaba desarrollando, pero ni siquiera querían enfrentarlo. Me bloquearon todas las iglesias de Chile, no permitieron que esta película se grabara en ninguna de ellas, había una orden para impedirlo», desclasifica Lira.
Una de las primeras parroquias a la que acudió la producción del filme, fue precisamente la de El Bosque. Allí -explica Lira- se negaron de inmediato con la excusa que podría se dañino para la comunidad. «Pero si la comunidad quiere saber, de eso precisamente se trata todo esto», cuestiona Lira de manera vehemente el argumento.
«Yo siempre intente ser lo más honesto posible al enfrentar este proyecto. Yo podría haber grabado a la mala en una iglesia y decir que estaba haciendo otra cosa, pero siempre quise ir derecho y fui al Arzobispado y me entrevisté con gente de ahí, le comente que esto debía ser con el apoyo de la curia y el arzobispado, pero se demoraban y me pedían cartas y adoptaron una estrategia de dilatación impresionante. Estuve así un año entero, hablando, y me imagino cómo fue con las víctimas, en la ingenuidad y el temor de ellos no sabían que estas cosas podían prescribir. Si en el 2005 esto se hubiera destapado es posible que Karadima hubiera tenido que responder ante la justicia civil y penal, y no solo ante la eclesiástica», afirma Lira, quien califica esta última, de adoración y penitencia, como «ridícula».
Afortunadamente para la realización, el conflicto se destrabó, pero no gracias a la curia, sino a las congregaciones católicas.
«Para mi fortuna, hay ciertas congregaciones que se oponen a la curia, que no se siente parte de la curia, se reportan ante ella en el fondo, pero tienen más libertades, sus sacerdotes no se educan en los seminarios, sino en los noviciados. Estas pequeñas congregaciones que se oponen a muchas imposiciones de la curia fueron las que me entregaron gran ayuda para llevar a cabo la película, fueron un gran apoyo, me hicieron recuperar la fe en este proyecto», resume el director, para quien este apoyo fue fundamental, de modo que, por lealtad y agradecimiento, prefiere mantener en reserva el nombre de la congregación y también el de la iglesia, en la que finalmente se grabó toda la película. «No quiero facilitar una pugna entre ellos».
La secta
Para explicar la estructura de la película, Lira especifica que está dividida en tres. En la primera parte, los argumentos transitan por las características del abusador, sobre cómo funciona un seductor, tal y como era Karadima. En la tercera parte se aprecia todo el proceso de manipulación de la curia local. Pero es la segunda parte de la película, donde el realizador se pregunta ¿cómo una persona adulta puede seguir en este lugar, hacer su vida con manipulación permanente? Y allí es en donde habita la tesis del filme: Que en rigor, El Bosque no era una iglesia, «era una secta».
«Cuando uno le toma el peso a las contradicciones de algunas de las víctimas, uno entiende que lo que había allí era una secta, un lugar donde la voluntad propia se encuentra inhibida, en estos espacios uno no ve la marginalidad del Chacal de Nahueltoro, aquí había gente que tenía capacidad de discernimiento, pero ese es el poder de la secta, anularlo», sostiene.
Eso era El Bosque, sostiene Lira. Los protocolos que se vivían allí -explica- el lugar físico, «donde hay un espacio de dos hectáreas, donde habita todo un reino, desde el teatro que es la iglesia, hasta los protocolos para pasar al comedor, a la biblioteca». Todo eso era el atractivo de esa comunidad, «de ser parte de una subsociedad, donde esa gente tenía muchas falencias, y que logró superarlas pero en base a un amor mal constituido».
Uno de los casos que más impacto le causó fue cuando la víctima, Juan Carlos Cruz le dijo “este caballero me quitó el derecho a creer en algo, vivo en una soledad absoluta, fue tal el nivel de mi rabia que me fui en la obscuridad”. Eso es pavoroso, sostiene Lira, «ese nivel de crueldad en una persona ingenua, joven, incrustado en una secta, es lo que le hace perder el discernimiento».
Una cuestión de obligación
El director de El bosque de Karadima agrega finalmente que la cinta no es tan ambiciosa como las lecturas que de ellas emana. En la cinta lo que verá el público es una historia entre una persona que es un abusador y una víctima. Sus implicancias de poder, religiosas, filosóficas y penales, es una cuestión -reflexiona el director- que tiene que venir de la sociedad empoderada, que ya dijo basta. «El cine es una de esa formas», precisa.
«No veo al cine como una entretención, el cine tiene una obligación. Un realizador está en un tema porque siente los ecos de la sociedad aún dando vueltas, no es por egocentrismo, es porque hay ecos y el cine tiene que cumplir con esa ayuda memoria», remata.
La cinta se estrena en salas comerciales el próximo 23 de abril.


