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“Partir es morir un poco”: el amargo y filoso portazo de Pacheco a Codelco y al negocio del litio MERCADOS Foto: AgenciaUNO

“Partir es morir un poco”: el amargo y filoso portazo de Pacheco a Codelco y al negocio del litio

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Entre poemas franceses, recados a la “miopía partidista” y la presión de Bernardo Fontaine, el histórico “Zar” de la estatal minera cerró su ciclo disparando contra todos.


El último día de Máximo Pacheco al mando de Codelco no fue un trámite burocrático de entrega de llaves. Fiel a su estilo protagónico y de alto voltaje político, el exministro del segundo gobierno de Michelle Bachelet selló su salida combinando un balance institucional cruzado por citas a la poesía francesa, con un directo ajuste de cuentas hacia sus detractores.

Justo el día en que cerraba oficialmente sus cuatro años liderando la principal empresa del país, Pacheco tiró una bomba que nadie vio venir en el Salar de Atacama. Tal como adelantó El Mostrador Semanal, presentó su renuncia indeclinable al directorio de NovaAndino, la ambiciosa sociedad creada junto a SQM para explotar el litio. El proyecto era, ni más ni menos, la joya de la corona de su gestión.

La salida quedó sellada en una carta —con copia y dedicatoria— enviada a quien asumirá la presidencia de la estatal, el economista de derecha Bernardo Fontaine. Y ahí, Pacheco no se guardó nada.

“Miopía” y “bandería política”: el ventilador de Pacheco

En la misiva, el ahora exmandamás de Codelco acusó una “ofensiva” en su contra y sacó el ventilador contra sus críticos.

“Me asombra profundamente que lo que debería ser una actividad profesional imaginada en beneficio de la nación se transforme, por cuestiones puramente partidistas, en un campo de disputa miope y pequeño”, disparó Pacheco sin anestesia, rematando con que “para algunos la reducida bandería política vale más que el interés nacional”.

Para evitar lo que calificó como una “odiosa controversia”, decidió dar el paso al costado de NovaAndino. Sin embargo, en los pasillos de la estatal todos saben que el portazo no fue tan espontáneo.

Fuentes que conocen la trastienda del poder confirman que fue el propio Bernardo Fontaine quien, en la reunión de la semana pasada, le pidió derechamente a Pacheco que armara sus maletas y dejara el puesto en la filial del litio. ¿El objetivo? Cortarle el cordón umbilical y evitar que el exministro siguiera proyectando su poderosa sombra sobre el nuevo ciclo corporativo del Gobierno.

Un retiro golpeado por las cifras

El ambiente ya venía espeso. Las últimas semanas de Pacheco en el piso 11 de Huérfanos fueron un verdadero dolor de cabeza, marcadas a fuego por la polémica sobrestimación de la producción de cobre para 2025. El condimento perfecto para que el oficialismo y parte de la oposición —que ya miraban con recelo su excesivo protagonismo y el polémico acuerdo con SQM— salieran a pedir su cabeza, debilitando el activo más sagrado de Codelco: la confianza en sus números.

Pacheco, que de ingenuo no tiene un pelo, olió la sangre y decidió blindar su relato histórico antes de que la contingencia se lo devorara. En su carta a Fontaine defendió con uñas y dientes su legado: “Tomamos a Codelco en una situación difícil y hoy lo dejamos más fuerte, más robusto”. De paso, aprovechó de pasarle la cuenta a los directores que titubearon y le mandó un guiño de agradecimiento al expresidente Gabriel Boric por la confianza depositada en su gestión.

“Partir es morir un poco”

Pero el broche de oro de este melodrama corporativo no fue la carta, sino un video de casi cinco minutos que comenzó a circular con fuerza este lunes. En un registro cargado de simbolismo, se ve a un Pacheco emocionado recorriendo faenas mineras, abrazando a trabajadores y recordando sus inicios en la estatal allá por 1990.

Mirando fijamente a la cámara, el economista se puso nostálgico y recurrió al poeta y dramaturgo francés Edmond Haraucourt para lanzar su frase de bronce: “Partir es morir un poco”.

“Cada despedida implica dejar una parte de uno mismo en aquello que se ama”, aseguró compungido, intentando instalar una narrativa de salida heroica en lugar de un retiro forzado por las circunstancias.

Máximo Pacheco deja Codelco en medio del desgaste político provocado por los cuestionamientos a las proyecciones de producción de cobre y bajo la presión directa de la administración entrante. Sin embargo, su sorpresiva salida de NovaAndino —acompañada de un fuerte descargo epistolar— evidencia un último intento por fijar los términos de su propio balance y advertir sobre los costos de la postergación del interés nacional frente a las disputas partidistas.

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