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«Valle de lágrimas», Galería Bech, hasta el 26 de junio

«Valle de lágrimas», Galería Bech, hasta el 26 de junio

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“El mundo es un valle de lágrimas”. Con esta expresión se describe un paisaje tormentoso por el cual la vida humana transita, concebida como una lucha permanente y dolorosa. La amenaza está en todas partes y  toma formas diversas, encarnada en la fuerza devastadora de los fenómenos naturales, la enfermedad, la existencia amenazante de los otros, la pérdida de control e integridad de sí mismo, la muerte…la vida.

A partir de esta idea, el trabajo de Verena Urrutia explora la dimensión estética del dolor, poniendo atención en la gestualidad y formas que adopta esta experiencia humana, considerando sus aspectos culturales y espirituales, para encontrar la mejor manera de ilustrarlos. Como ejercicio, y como una manera de abordar y conjurar esta cuestión mediante códigos visuales, desarrolla ensayos en dibujo, acerca de las preguntas que el dolor plantea al ser humano filosófica, espiritual y culturalmente: en qué medida el dolor es un instrumento de poder y control social y su experiencia está condicionada por una construcción cultural histórica, cómo influye el modelo cultural, en nuestro caso patriarcal, en la identificación de mujeres y hombres con distintas maneras de asumir y enfrentar el dolor, tanto en la vivencia personal, como en la ocupación de roles dentro del grupo social, qué influencia tiene la representación mediática y la transformación del dolor en espectáculo en  la manera en que el sufrimiento se representa y comunica frente a los demás, así como en la forma en que esta escenificación es percibida por los otros, cómo contribuye la relación entre el sufrimiento y su representación a la idea de un destino común de la comunidad humana, cuál es el sentido cultural y existencial del dolor, por ejemplo.

La obra está dividido en dos partes: la primera serie, “Trágame tierra”,  representa una galería de monumentos al revés de la virtud, contando la historia de los perdedores, de la escoria, los monstruos, los cobardes y los pusilánimes, encarnándolos en monumentos y fuentes de piedra, éstas últimas situadas en una naturaleza ornamental. Las imágenes  examinan la actitud corporal de dolor, negación y vergüenza que adoptan criminales e imputados en el momento de su exhibición pública, en contraste con  la pose erguida y orgullosa que exhiben los sujetos inmortalizados en estatuas y monumentos públicos. La segunda parte está invadida por una naturaleza común y silvestre, que modelada por nuestros miedos y fantasías recónditas, configura el panorama voluptuoso, enigmático y tramposo, donde la tragedia humana toma forma y lugar.

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